Capítulo 18

1092 Palabras
Los dos jóvenes salen del salón de clases con una gran sonrisa plantada en sus rostros, les han puesto la nota más alta del salón. Y eso que Stephan ni está en la lista, ya verían que excusa pondrían después al respecto, tal vez que regreso a su ciudad por un problema familiar, una crisis, ya lo conversarían bien en el almuerzo. Mia saltaba de felicidad, prácticamente había asegurado el curso y todo por el genial speach de su nuevo amigo. —Debería meterme a tu carrera ¿no? Soy muy bueno. —Pues contando historias lo eres, pareciera que vienes del mismo cielo, después de tanto detalle. ¿Cómo sabes tanto? —Emm… leo… —¿Qué cosa? ¿La Biblia? No creo que ahí haya tanto detalle… —Lo demás lo intuyo, me encanta la vida de allá arriba… —Ere bien creyente eh… yo no sé… si creo, pero jamás me he cuestionado. Solo creo porque así me lo han enseñado desde pequeña, asistí a un colegio católico, mi abuela por poco es monja… ya sabes, mi familia es muy creyente, pero yo… yo no lo sé… Stephan quería mostrarle que él era la prueba palpable de que debía creer, pero no tenía por qué hacerlo, no sabría como reaccionaría y cómo dijo ella, no estaba interesada en saber si todo era cierto o qué. —¿Y Camila? ¿Ya nos toca con ella no? —Pues si… ya debería entrar a esta clase… —Mia mira la hora en su celular —Sí, parece que llegará tarde… Espero no la dejen fuera… Dicho y hecho, el profesor de la asignatura llegó, cerro la puerta y dejó a los tardones afuera. Stephan se tendría que tragar una clase completa más, sin sentido alguno. —Voy a salir, le daré el encargo… —Pero ni sabes si es que está afuera o que. —Pues si me quedo aquí dentro tampoco lo sabré. —¿Bueno, entonces este es nuestro adiós? —Pues creo que si… Stephan se puso a pensar, cómo haría para lanzarle la flecha a Camila, sabe que ella podría estar afuera, ¿pero el entrenador? ¿Cómo sabría en que momento estarían juntos? Que mas daba, mejor era que intentara algo a que se quedara en ese salón haciendo una clase que no le correspondía. Sale del salón, el profesor lo mira levantando una ceja pero no le dice nada, no lo reconoce, quizá es un novato que se ha confundido de clase piensa. Stephan le regala una sonrisa y un saludo con la mano antes de irse. Ve a quienes están fuera, dos chicas y un chico, pero ninguno de ellos es Camila. Resopla. —¿Qué pasó rubio? ¿Te botaron del salón? —No realmente, creí que aquí afuera estaba alguien… —¿A quién buscabas? —A Camila… ¿la conocen? —¿Camila Brokes? —Ajam… —¿Qué le han dado a esa chica en estos días? Se ha vuelto un imán de galanes… —se quejó la chica de afuera con su amiga —Primero Rodrigo y ahora tú… Aunque bueno te ves más bueno —rieron ambas. —¿Saben donde está? —No vendrá, se quedó con su entrenador… pareciera que no quiere jugar con ella… ¿por qué la pregunta? ¿Tú de donde la conoces? —Es una larga historia… —Pues estamos fuera del salón rubio, hay tiempo… —No la conozco realmente, tengo que dejarle un encargo… —Dámelo a mí, yo se lo puedo dar… —Es personal… —¿Drogas? Ay por favor rubio, ni que yo se las fuera a quitar, es mi amiga, créeme. —No, no, nada de eso… es otra cosa… un asunto familiar… —Oh ya veo, ¿eres su primo entonces? —Mmm… pues sí. —Genial, no eres su pretendiente entonces… —Raquel, ya déjalo en paz —interrumpió el chico, se veía mayo que todos, tal vez había repetido el curso o había tomado la carrera ya mayor, quién sabe. —Paul, no te metas, el asunto no va contigo —el chico rodó los ojos y se sentó de cuclillas en el piso, con la esperanza de que en algún momento el profesor abriera la puerta. —Es evidente que el profesor no abrirá, ¿vamos por un latte? —¿Un latte? —Sí, café…. Puaj, ¿por qué todos los humanos consumían esa asquerosidad? —No, no, no tomo café. —Entonces vamos por un postre, no sé, rubio no te hagas de rogar, ¿tienes algo mejor que hacer? Un postre, sonaba tentador. Pero Stephan ya no podía perder más el tiempo, tenía que ir donde Camila de una vez. —Mmm quizá para más tarde, de verdad tengo que encontrar a Camila… —¿Tan urgente es? —Stephan asintió —Bien, te daré su dirección, apunta. Calle Roswood 3525, paralelo a la entrada principal del Central Park… —Genial, gracias… Raquel —le dijo recordando como la había llamado su compañero. —¿Y tú nombre guapo? ¿Cuál es? —Stephan… —Bien Stephan, nos vemos —le sonrió batiendo las pestañas antes de que este se vaya apresurado del instituto, al fin iba a arreglar su desastre. Calle Roswood, seguía preguntándose cuál era el afán con no usar coordenadas, pero que ganas de complicarse la vida. Tomó asiento en una banqueta, aún dentro del instituto, tendría que sacar su mapa y ubicar aquél lugar. Veía Calle Melwood, Calle Place, Calle Merida, ¿Cómo encontraría la Calle que él buscaba entre tantas? —Boo —casi lo hacen saltar hasta el techo. Era Mia sonriente. Soltó una carcajada al verlo estremecer. —¿Qué haces aquí? —¿Qué hago aquí en mi instituto? —Sí, ¿no estabas en clase? —Salí por una coca cola, te vi tan metido en eso… así que decidí darte un pequeño susto… ¿Qué tienes ahí? —Es un mapa, ya sé la dirección de Camila —responde Stephan sonriente —Pero no tengo las coordenadas, así que aquí me tienes. —Usa waze… —¿Mia quieres dejar de usar tus términos raros? No sé que es waze… —Olvidé que venías de la prehistoria, mmm… te ayudaría pero debo regresar a mi clase… ¿No quieres esperar a que termine? Después de esa tengo un break… —Gracias Mia, pero ya no puedo perder más tiempo… —Bien, bien, vamos, ¿cuál es la dirección?
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