Mia salió del cambiador en minutos. Se sentía súper avergonzada, no es que el traje fuera el más diminuto, nada de eso, pero esto era su instituto, no una discoteca. Además saldría al medio del salón y ganaría todas las miradas. Stephan la observo de pies a cabeza y le regalo una gran sonrisa. Realmente parecía un ángel, el color blanco le acentuaba tan bien. Resaltaba su piel ya bronceada. Su cabello caía desordenado sobre sus hombros y esa mirada tímida que tenía, era perfecta. Parecía una cupido en su primer día.
—¿Y bien? ¿Qué tal me queda? —le preguntó Mia.
—Sí pareces un ángel con ese traje… excelente, yo expongo entonces, déjamelo a mí.
—¿Qué dirás?
—Soy el más indicado para hablar sobre ángeles, créeme.
—Stephan…
—Hablaré sobre como la industria de la moda a cambiado a lo largo de los años… como ha afectado a cada lugar, cultura… menos al cielo. Y diré que esta pieza es el pequeño cambio que se dará allá en el cielo y más, ya verás.
—Pero cuidado con lo que dices, no quiero que tomen nuestro proyecto como un disfraz de Halloween…
—¿Disfraz de Halloween? ¡Por supuesto que no!
—Hoy en día uno se disfraza de lo que sea, créeme que de lo que sea.
—Pues no, esto no es un disfraz de Halloween, tendrá funcionalidad. Puede ser usado no sé, para una fiesta en la playa, una boda, un bautizo, cosas de paz, cosas buenas, que no conduzcan al pecado…
—Me encanta esa idea —le sonrió Mia, le gustaba como hablaba. Ya tenía asegurada una buena nota con él.
Por otro lado, realmente al otro lado del planeta. Se encontraba Daria junto a Andrew, ambos caminando por la hermosa playa de Bali, al lado de Danielle y su hija. Andrew le había presentado a Daria como la indicada para ser la niñera de la pequeña, le dijo que tendría disponibilidad un corto tiempo, pero que ya después ella le conseguía un reemplazo, claro esto sería presentarle al verdadero ángel de la guarda de Sofi.
La propuesta era perfecta, si ya de por sí Daria cuidaba a Sofi gratis, ahora con el dinerito extra que le daría Danielle, podría comprar comida, juguetes o lo que sea para Sofi. Lo mejor que se le había ocurrido realmente.
Daria estaba muy agradecida con Andrew, aunque el que haya lanzado la flecha no le convencía del todo. Pero después de hablar profundamente con Danielle, una vez ella contó todos sus sentimientos, se dio cuenta que fue lo mejor. Uno puede amar, amar mucho, pero se tiene que amar más a sí mismo. No se deben tolerar traiciones, malos tratos, griteríos, ese no hubiera sido un buen ambiente para que creciera Sofi.
—Casi te hago fregarla, lo siento Andrew —le dijo Daria mientras caminaban. Danielle y Sofi iban más atrás, estaban jugando juntas.
—No te preocupes, a mi también me ha pasado millones de veces el no quieres lanzar una flecha… pero a fin de cuentas, comprendes que todo pasa por algo. Todo tiene sentido, tal vez no se note al momento, pero finalmente todo encaja…
—Pues sí, parece que sí… que lindo es el amor, ¿no? El verdadero… —le dijo Daria mirando fijamente a Sofi junto a su madre. El amor más bonito realmente, el de una madre con sus hijos. Daria amaba eso, le apenaba un poco el no poder ser mamá jamás.
—Así como el de papá con nosotros…
—Sí… aunque el enamoramiento también me gusta… a veces me frustra que nosotros no podamos sentir eso…
—Créeme que no quisieras que te rompan el corazón.
—Me gustaría experimentarlo, sentirlo…
—Cuidado con lo que deseas Daria, créeme que es de lo más feo en la vida. Un corazón roto…
—Olvídate de lo malo, imagina un amor verdadero, un amor para siempre… conversar con alguien que te comprenda… debe ser mágico.
—No lo sé… —le dijo nervioso. A él le gustaba ella y mucho, pero prefería admirarla a lo lejos. No podía tener una relación con nadie, ¿Qué diría su padre? —¿Te gusta alguien a caso?
—Ya no importa Andrew, olvídalo… —le dijo algo ¿decepcionada?
Se alejó y se fue a jugar junto a Sofi y Danielle. Andrew se quedó observándolas, ¿a caso había dicho algo malo?