Varios minutos después recuperaron todas las flechas, o bueno, eso creían haber hecho. Unas cuantas le habían caído a algunas personas. Al ver esto Mia se tiró al sillón del bar. Si para tirarle una flecha a una sola persona había sido todo un rollo, no quería ni imaginar lo que le esperaría lo restante de la noche, pero Daria los calmó, resulta que esas no hacían efecto.
—Una flecha lanzada por un humano no hace nada, un humano no es un ángel, no sirve que lance algo, no tiene ese poder.
Stephan tampoco sabía eso, le sorprendía como su compañera sabía más de cupidos que él mismo. La verdad que si tendría que estudiar, al menos un poco. No es que no supiera nada tampoco, no vayan a creer que Stephan era un completo vago, solo que olvidaba mucho las cosas aprendidas para los exámenes, las aprendía para el momento, más no le quedaban como enseñanza. Pero bueno, todo lo que iba aprendiendo de su hermano y su amiga, no se le borraría de la memoria jamás.
—Bueno, ya recuperaste tu flecha, ahora la de Rodrigo, de una vez, antes de que se te vaya…
—Sí, sí, enseguida —dijo Stephan buscando la flecha indicada en su morral, nada, no la encontraba.
Daria la vio a lo lejos, había una flecha atorada en una de las copas del bar. Tendría que ir por ella. Visualizó a Rodrigo, seguía bailando con Camila, demasiado pegados realmente. Dejó a Andrew en el sillón, estaba con la mirada perdida, muy cansado en realidad.
—Yo voy por la flecha, no pierdan de vista a Rodrigo —les dijo Daria antes de irse hacia la barra.
—Gracias Mia.
—¿De que?
—Por todo, por traerme aquí, ayudarme a encontrar a Camila, a Rodrigo, ayudarme con las flechas, eres una buena amiga.
—De nada Stephan, yo también la pasé bien, tú y tus amigos son muy divertidos y ocurrentes, en serio quiero visitarlos algún día.
—Sobre… sobre eso de que soy un ángel… ¿prometes guardar el secreto?
—¿Es un secreto a caso?
—¿Le haz dicho a alguien? —preguntó Stephan abriendo los ojos de par en par.
—No tonto —rio ella. —No le diré a nadie tu ´´secreto´´ aunque me gustaría que en algún momento me cuenten de que va todo eso, ¿es una serie con cámara oculta?, ¿un experimento que tienen? No entiendo nada, evidentemente no son ángeles…
—¿Por qué no me crees?
—Porque los ángeles no existen… o bueno tal vez sí, pero no están en La Tierra…
—No necesariamente un ángel tiene que tener alas y ser como lo pintan en los cuentos… un ángel puede ser el señor de la tienda, alguien que barre, un chico apuesto en el bar… —Mia sonrió y le dio un empujón en el hombro.
—Tu speach iba bien hasta que metiste al chico apuesto en el bar…
—¿Por qué? ¿A caso no te parezco angelical? —bateo sus pestañas haciéndola reír aún más. El efecto del brownie ya había bajado casi por completo. Pero el alcohol permanecía en su sangre.
—Más que un ángel un payasito eh.
—Eso dolió ¿sabes? —le respondió Stephan mirándola fijamente. Parecía una competencia de miradas, ninguno apartaba los ojos de los del otro.
—¡Chicos! —vino Daria furiosa del bar interrumpiéndolos —Los estoy llamando hace rato, ¿quieren dejar su conversación para después?
—¿Qué pasó?
—Ya tengo la flecha, ¿Dónde está Rodrigo?
—Pues —Mia señala un lugar de la pista pero ellos ya no estaban donde lo habían visto por última vez… —Ay no.
—Sí, ay no. Los dejo 5 segundos y los pierden de vista, ¡Stephan pon de tu parte!
—Lo siento, es que Mia me distrajo.
—Claro, ahora es mi culpa, el que debe lanzar la flecha eres tú no yo…
—Pero…
—Me tienen harta los dos, parecen perro y gato, voy a buscarlo yo misma. Ten la flecha. —le dio la flecha de desamor a Stephan y se fue en busca del chico deportista.
—Pues creo que se molestó…
—Es que tiene razón, hemos venido a encontrar a Rodrigo y estamos perdiendo el tiempo…
—¿Me consideras una perdida de tiempo?
—¡Mia!
—Es broma tonto —rio ella —Mmm… tal vez está en el baño, búscalo allí, me pararé en una mesa a ver donde lo encuentro.
—Bien, no demoro.
Dicho y hecho Mia se acercó a una mesa y se puso de pie, un grupo de adolescentes la rodeo y comenzó a gritar para que ella bailara. Estarían locos. Ella los ignoró y siguió con la búsqueda. Tampoco veía a Camila por ningún lado. ¿Se habría ido ya?
Visualizó a Daria, ella también estaba en la búsqueda. Y de pronto lo vio, había estado besuqueándose con Camila en un sillón, por eso no lo reconocían.
—¡Daria! —le gritó desde encima de la mesa, ella no lo escuchaba —Chicos, ¿quieren que baile? —le preguntó a los adolescentes, todos aclamaron un rotundo sí. —Bien, necesito que todos griten Daria a la de tres…1…2… y ¡3!
Le hicieron caso, su amiga volteo extrañada al escuchar su nombre y vio a Mia parada allí arriba. ¿Pero que hacía? No era momento de bailar. Ella señalaba algo tras de ella, Daria volteo y los vio, Rodrigo y Camila. ¡Los habían encontrado! Solo que faltaba un pequeño gran detalle ¡La flecha! Mierda, no se la debió haber dado a Stephan.
Stephan salió del baño decepcionado, no habían rastros de Rodrigo. Pero que imbécil, lo había tenido tan cerca, era el fin, ¿ahora donde y cuando lo encontraría? Levantó la vista y vio a Mia encima de la barra, buscándolo con la mirada. Al verlo comenzó a alzar los brazos, se veía tan graciosa.
—¡La flecha! ¡La flecha! —gritaba, ¿Qué pasaba con la flecha? —¡Lánzamela!
Stephan vio derecha izquierda, ¿para que la quería? Rodrigo no estaba por ningún lugar. Es que claro, desde donde estaba no lo podría ver debido a la multitud. Tanta era la insistencia de Mia que le hizo caso, le lanzó la flecha por los aires, claro con temor de que no la atrapara y le cayera a alguien más, pero ella la atrapó, seguido se la pasó a Daria y ella justo antes de que Rodrigo, quién ya se había puesto de pie junto a Camila, se fuera del lugar. Se la lanzó dándole exactamente en la nuca. ¡Lo habían logrado! ¡Habían lanzado bien la flecha! Daria saltó de la emoción. Stephan desde su punto no sabía si lo había logrado o no, pero al ver a Mia festejar, comprendió que sí, al fin había resuelto su mayor error. Corrió hacia ella, justo ella mientras brincaba de la felicidad mirando a Daria tropezó y cayó, sí, cuál película. Stephan alcanzó a sostenerla recibiendo alaridos por parte de los adolescentes. Mia lo miro sonriente, literalmente la había salvado de romperse el coxis.
—Será mejor que ya nos vayamos, andas un poco pasada de copas —le dijo con una gran sonrisa. Ella solo asintió. Y realmente esa noche se había olvidado por completo de la plantada de Mathias, había sido una noche espectacular. Demasiado impredecible. Una grandísima noche en Nueva York.