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1221 Palabras
Celeste: —¿Cómo no sintieron el olor? Esto se percibe desde la casa —comenté, cruzándome de brazos mientras miraba el lugar con desagrado. —Camuflaje —intervino Mayra, colocándose frente a nosotros con una expresión tensa. —¿Pero tantas horas? Se podría decir que estuvieron aquí un buen rato, o quizás lo dejaron hace poco —añadí, tratando de entender lo que veía. —No podemos saber con certeza, pero sí, camuflaje —replicó Axel, sus ojos recorriendo cada rincón del lugar. —Estuvieron cazando a nuestro grupo... y esto lo demuestra —señalé los cuerpos esparcidos. —Nunca imaginé volver a ver algo así —murmuró Isabella, su voz apenas audible. —Ninguno lo imaginamos —confirmó Axel, aunque su tono no dejaba lugar a dudas sobre lo habitual de esta situación para él. —Aunque quisiera ayudar con magia, no puedo hacer mucho más. Sólo detecto lo evidente: lo que ya sabemos —explicó Mayra, encogiéndose de hombros. —Ya sabemos quién fue. Él sabía de nuestro grupo antes de que se uniera a nosotros —afirmó Axel, y asentí en respuesta. —Necesitamos reforzar la vigilancia. —Ya la hay. Cada guardia está en su límite y nadie detectó ninguna presencia extraña —informó Irina con firmeza. —Usaron un portal —intervino Luis, cruzándose de brazos. —Exacto. Y deseo encontrar a esa bruja cuanto antes —comentó Mayra, con una mirada intensa que hizo que todos giráramos hacia ella. Un escalofrío recorrió mi espalda. Algo no estaba bien. —Debo regresar a la casa. Algo no está en orden —anuncié, y el silencio fue inmediato. —Y tienes razón. Hubo una caja en la entrada de la mansión. Mi padre y Key están revisándola ahora mismo —confirmó Luz, sus ojos brillando con preocupación. ....................................................................................................................................................................................... Tal como Luz había dicho, una caja estaba en el despacho. Lo que no esperaba era encontrarme con una vieja conocida: Astrid Cooper. Y, para añadir más dramatismo, un mensaje estaba pegado en la frente de mi compañera: "Entréguenme a mis sucesores." —Parece que no descansará hasta que consiga a los chicos —opinó Axel, cruzándose de brazos. —No los tendrá nunca —repliqué con firmeza. —Nadie vio nada. Ni en el portal ni en la entrada —comentó Irina, su tono cargado de frustración. —Perfecto. Nadie vio nada. Otro elemento para nuestra lista negra —murmuré con sarcasmo. —Ni siquiera el demonio detectó algo, y eso que estaba cerca de la zona —añadió Sami. —Otra prueba de que los fantasmas existen —bromeé, medio en serio, medio en broma. —Celeste, el sarcasmo no ayudará ahora. Mira esto —pidió Alexa, mostrándome un video en su tablet. En las grabaciones de las cámaras de seguridad, un hombre aparecía brevemente antes de desaparecer. —Fue un vampiro —susurró Axel. —Eso no sería tan extraño. Muchas brujas crean pociones que les permiten ocultarse temporalmente —expliqué. —Entonces, fueron vampiros los que dejaron los "regalos" en nuestro territorio —dedujo Luz. —No necesariamente. Podría ser cualquier tipo de ser sobrenatural. Esas pociones funcionan para todos —puntualizó Irina. —Pero el que estuvo en la entrada era un vampiro, eso es seguro —insistió Alexa. —Menos mal que repararon las cámaras esta semana; de lo contrario, no tendríamos estas grabaciones —bromeó Irina con sarcasmo. —Siempre hay espacio para un poco de diversión, ¿no? —comentó Keyla, cargando la caja. —¿Dónde los quieres sepultar, Celeste? —preguntó con una sonrisa. —Dáselos a la reina vampiro. Ella sabrá qué hacer con ellos —respondí sin dudar. —Como ordenes, jefa —replicó antes de marcharse. —¿No te encargarás de ellos? —preguntó mi hermana, confusa. —Isa sabrá dónde será mejor enterrarlos. No soy buena para eso —respondí con calma, pero ella pareció querer seguir preguntando. Antes de que pudiera hacerlo, alguien ingresó corriendo a la habitación. —Me enteré de lo sucedido —anunció Noan, su rostro mostrando preocupación. —Qué tarde llegas. Siempre desapareces en los momentos importantes —soltó Alexa con ironía. —Si crees que tuve algo que ver con esto, estás equivocada. Tengo a alguien que puede demostrarlo —protestó Noan, visiblemente molesto. —Tranquilo, era una broma. Sabes cómo es el humor de Alexa —intervino Axel, tratando de calmar los ánimos. —Por eso dicen que ustedes dos son almas gemelas —murmuró Irina con una sonrisa, haciéndome reír. —Acertaste, querida —respondí con una sonrisa cómplice. —Las mujeres Miller tienen un sentido del humor... —gruñó el vampiro. —Dime algo que no sepamos, chupasangre —respondió un lobo recién llegado a la atmósfera del lugar. —Pero a ti te tocó la que peor humor tenía, ¿no es así? —Por eso le ahorré correr por su vida, ¿no es cierto, Luis? —sonreí, y él gruñó. —¿Y quién dice que no me gusta el humor de una de las Miller? —Parece que los lobos también sufrimos de Alzheimer —respondí. —Y los vampiros también —concordó Axel, mientras salía del cuarto. —Creo que debería reunirme con Gabriel —avisé mientras comenzaba a caminar. —Ya fue Mayra. Ella quería hablar con el demonio de algo —informó Luis. —Bueno, parece que iré por allí —dije, saliendo del cuarto. —¡NO TE OLVIDES QUE HOY COMBATE CUERPO A CUERPO EN LA NOCHE! —gritó Irina, a lo que solo me quedé callada con una sonrisa. El mejor entrenamiento es enfrentar a nuevos 'inocentes' con quienes pelear, aunque aún no sepa sus estilos o reglas en este tipo de combates Al llegar a mi cuarto, encontré a Sami jugando con mi niño. Su sonrisa iluminó el espacio. —Este pequeño no dejó de preguntar por ti, tía Celeste —dijo Sami con ternura. —Con la madre tan encantadora que tiene, soy como un imán para las personas —respondí, riendo. —Vaya ego, ¿eh? —¿Tú crees? Yo diría que estoy siendo modesta. La interacción se interrumpió cuando Luis entró sin anunciarse. —¿Es costumbre tuya aparecer de la nada? —preguntó Sami, alzando una ceja. —Tocaron la puerta, pero no me escucharon —respondió, encogiéndose de hombros. —¿Qué necesitas, Luis? —le pregunté, colocando al pequeño en la cama. —Nada importante. Sólo quería saber si entrenarás esta noche. —Claro, combate cuerpo a cuerpo siempre es lo mejor. Luis me observó un momento antes de sonreír. Había algo en su mirada que me incomodaba, pero no podía descifrarlo. —Nos vemos entonces —murmuró, saliendo del cuarto. Sami me miró con curiosidad. —¿Y qué fue eso? —Nada... probablemente un problema más en la lista interminable. —Pero bueno... ¿quieres ir a ver el entrenamiento? —la miré de reojo, esperando su reacción. No suelo decirle qué hacer, pero realmente deseaba que comenzara con el entrenamiento. —Claro, pero ¿dónde se quedará el pequeño? —La pareja de mi primo Leo estará cerca del entrenamiento. Le pediré que lo cuide por un rato. —¿Crees que me dejen entrenar con ustedes también? —preguntó, y asentí.
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