—¿Por qué piensan que una bruja le está prestando asistencia? —cuestionó Luis.
—En uno de los conflictos que hemos tenido con él y sus cazadores, se ocultó con un polvo o un encantamiento que, seguramente, una bruja realizó —respondió Celeste con firmeza.
—Aunque no estamos completamente seguros, podría ser que ese imbécil le haya sustraído eso a una de las brujas que hemos atacado por usar sus poderes de manera negativa —añadió, entrecerrando los ojos.
—Lo crucial es que están observando de todas las maneras posibles para prescindir de aquello —intervino la Alfa con voz autoritaria.
—También instruyó a sus sombras para verificar si es cierto lo que afirman, que tienen aliados. Si es verdad, lograremos que cada grupo se extinga... así mismo el aquelarre de...
—Mis vigilantes están convocando a los cazadores ausentes del equipo de Celeste —declaró una pelirroja, interrumpiendo a Celeste.
La terca de mi amiga la fulminó con la mirada, pero no replicó.
—"Madrina" —murmuró Irina, observándola con interés.
Alexa respondió sin reparos:
—Isabella —como si nada. Estaba claro que ya le habrían contado todo lo que había sucedido.
—Por lo tanto, el clan de nuestros monarcas vampiritos también está contribuyendo —expresó Ian, a lo que asentí, aprobando sus palabras.
—¿Algo que deseen expresar antes de que nos enteremos por interrupciones? —se burló Lian. Su compañera no tardó en golpearlo ligeramente en el brazo.
—Lobita —se quejó él, provocando una sonrisa en ella, que negó con la cabeza mientras lo miraba, rechazándolo.
—Por ahora, existen aspectos que no deben ser conocidos dado que no estamos completamente seguros —dijo Celeste, y la Alfa la respaldó asintiendo.
—Bueno, en ese caso, me llevo a la lobita —expresó Isa, haciendo gestos para que Celeste la acompañara.
—Nos vemos, familia. Me daré una vuelta por el cuarto de los chicos antes de partir. Después puedes verlo de nuevo, ¿vale? —me dijo. Asentí.
—Tranquila, no te preocupes. Cuando esto finalice, iré con ellos. Recuerda que el ciervo está con ellos —le respondí, pero ella negó con la cabeza.
—Bueno, nos vemos, familia —repitió antes de abandonar el despacho.
—¿Desde cuándo están juntos? —susurró Noan, el vampiro de mirada curiosa.
—Irina, como ya dijo tu madrina, creo que eso sería todo. Iré a hacer unas cosas en el inframundo —le dije. Ella asintió en silencio.
—Nos vemos después, familia —añadí, saliendo del cuarto.
Caminé por los pasillos hasta llegar a la sala de estar. Sin fijarme, choqué con una mujer que cayó al suelo abruptamente.
—¡Disculpa! No me fijé —dije rápidamente, ayudándola a levantarse.
—La que debió fijarse era yo —respondió, aunque su tono parecía molesto.
—Igual, disculpa. Fue un error de ambos.
Ella asintió, suavizando su expresión.
—Me llamo Axel.
—Renata.
—¿En qué te puedo ayudar, Renata?
—Estuve buscando a la pareja de la Alfa Irina —contestó.
—¿Alejandro? —pregunté, y ella asintió.
—Está en el despacho con los demás. Te...
—No te preocupes, Ax —interrumpió Alejandro al aparecer repentinamente—. Me habían avisado que ya había llegado una de las muchachas que me ayudaría en el orfanato.
—Bueno, entonces no tengo nada que hacer aquí. Nos vemos después —le dije, despidiéndome.
—Nos vemos, Renata —agrego a lo que ella sonrió antes de seguir su camino.
Mientras continuaba el mío, noté a lo lejos un grupo de chicas rodeadas por guardias. Decidí meterme al bosque para evitar que alguien me siguiera o viera.
Estar en un ambiente tenso es incómodo; intentar que se relajen, peor. Cuando no cooperan y solo quieren pelear, todo resulta irritante.
No es que las chicas tengan un temperamento de mierda en estas situaciones, pero no me agrada que el grupo de cazadores que antes liderábamos esté completo. Lo único que obtuvimos de eso fueron dolores de cabeza por los distintos planes que tenían Celeste y una cazadora.
—Qué dolor de cabeza se acerca... —susurré mientras seguía un sendero.
—¿Por qué lo tendrías?
Me detuve al escuchar aquella voz.
—Por los problemas que habrá —contesté sin voltear.
—¿Por mí o por ella?
Me giré lentamente para encararlo.
—No sé a qué se refiere, pero mis problemas no tienen nada que ver con lo que imagine en su mente —respondí con frialdad.
—Desapareciste. Te fuiste —dijo Noan, con un tono cargado de emociones.
—Te lo advertí desde el primer momento en que nos reencontramos. Pero cuando me fui, realmente tomaste en serio lo que dije.
—Sí, y me arrepiento de aquello, porque te perdí.
—No me perdiste. Solo demostraste tus verdaderos sentimientos, y yo me alejé para no estorbar en tu vida. No tengo nada que perdonarte, porque en realidad nunca fuimos nada. Solo nos unía un lazo que nos impuso el destino.
—Axel...
—¿Cuál es la verdadera razón para acercarte a mí?
—Quería verte antes de regresar a la aldea para arreglar unas cosas.
—Ya me viste y hablaste conmigo. Así que, si me disculpas, me retiro —dije, girándome para irme.
Antes de que diera un paso, su susurro me detuvo:
—Volverás a ser mío.
Me giré rápidamente, pero él ya no estaba.
—Otro problema para agregar a mi lista... —murmuré.
Mientras caminaba, un olor desagradable captó mi atención.
Ese olor viene del portal.
Me apresuré a llegar al escondite. Lo que vi me dejó helado: tres cuerpos... o lo que quedaba de ellos, esparcidos en partes irreconocibles.
—Tenemos un problema en el escondite —dije, comunicándome rápidamente por el dispositivo.
—Estamos yendo para allá —respondió Celeste antes de cortar la llamada.