Capítulo 6 La partida
La charla de Carlos y Merlia se había vuelto un poco intensa, y se extendió más de lo que él había planificado, aunque todavía su padre no lo había llamado para que partieran, él estaba muy atento a ello. Merlia lo invito a entrar, porque habían pasado más de 20 minutos y ellos todavía permanecían parados, expuestos a la vista de la gente, y el diálogo entre ambos, se estaba intensificando, a ella le gustaba ser discreta, y sobre todo, en sus asuntos personales. Le resultaba incómodo el ver pasar a algunos vecinos que le clavaban la mirada intentando saber el tema de conversación. Carlos entonces accedió a entrar, pero no adentro de la casa, se quedaron en el patio delantero, que estaba cercado con unas rejas de hierro color rojo y con una puerta arqueada, que daba acceso a la entrada de la vivienda, y ellos se habían quedado en la puerta.
–Entonces, si te enoja tanto que lo nuestro se haya descubierto, terminemos esto acá, le dijo él sorpresivamente.
Ella lo miro desconcertada
–¿te estás escuchando? Agregó Merlia.
–sí, terminemos esto acá, prosiguió él, porque yo también tuve que darle explicaciones a mi papá, cuando se enteró de lo nuestro, y me cuestiono el por qué no le había contado antes.
–Bueno, si lo que quieres es que terminemos, será tu decisión, le sugirió ella.
–por supuesto que será mi decisión, porque tú solo persistes en tu postura, en tu enojo, le contesto Carlos, y no te pones ni por un momento en mi posición.
Para ese instante, él ya había cambiado bastante la expresión de su rostro, se notaba un poco molesto, nervioso y apresurado, cuando se incomodaba por algo, enseguida se le percibía al igual que Merlia, aunque no se enojaba con frecuencia. Frunció el ceño con exageración achicando sus ojos, y arrugo su entrecejo, que lucia un poco marcado.
Merlia no sabía que más agregar a esas alturas de la conversación, esa era la primera discusión de gravedad que tenían, desde que se habían convertido en novios. En una mezcla de confusión, orgullo y enojo, Merlia continuó diciendo lo mismo.
–Está bien, aceptaré lo que decidas.
–ahora, ¿te estás escuchando tú? Le refutó Carlos –no se trata de lo que yo decida, es que al parecer, todo esto te tiene muy enojada, tanto así, que no estás pensando en nosotros, en lo que sentimos, en lo mucho que hemos avanzado con nuestra relación, o crees que para mí ha sido fácil tener que ocultarlo por tanto tiempo, tu bien sabes que mi padre es un hombre que le gusta que le anden por la línea, acaso no crees que me vino con el discurso de que debo terminar mis estudios antes de pensar en algo serio, y yo le dije que te amo, que para mí lo nuestro es muy serio, y por eso él decidió venir a hablar con tu padre.
Las palabras de Carlos fueron muy precisas, eso hizo que Merlia bajara un poco su actitud, pero cuando ella se dispuso a hablar, escuchó que su madre le gritaba dentro de la casa, –hija, puedes venir un momento, –si, ahí voy le grito
–me dejas ir a ver que precisa mi mamá, le preguntó, ya sabes que si no voy ahora, me volverá a llamar, ¿me esperas?
–sí, puedes ir, pero yo ya me voy, no te puedo esperar más le contesto Carlos.
–En cualquier momento me llamará mi padre también
en ese mismo instante se apareció su padre
–Carlos, estás listo para irnos, le grito su padre desde la camioneta,
–pregúntale a Merlia si Domingo esta por ahí, agrego
–si, si él esta, deja que te lo llamo, contesto de inmediato
–papá, te busca Tomás, le grito ella desde la puerta
–Bueno Merli, será mejor que esta charla, la sigamos otro día, digo, si es que quieres, le manifestó Carlos
–hasta luego, Merli, se despidió dándole la espalda
Merlia se había quedado parada en la puerta de su casa, mientras veía al amor de su vida, alejarse, y permaneció un poco descolocada por unos segundos, con miedo, y mucha más dudas que antes, no sabía como iban a terminar las cosas entre ellos dos, y no dejaba de reprocharse en su mente, el porqué ella había actuado así. Pensativa como estaba, se despabiló, porque su madre la volvió a llamar
–Merlia
–ma, ya voy
Se dio la vuelta, y se chocó con su padre que le salió de frente a encontrarse con Tomás.
Las cosas no habían quedado muy bien entre Carlos y Merlia, pero ella no podía hacer más nada que esperar hasta que él regresara de la ciudad.
Y esa tarde, cuando Merlia vio partir a Carlos, no supo que hacer, sentía que quería correr detrás de él para decirle que todo estaba bien, que él tenía la razón, que realmente ella estaba feliz, porque en el fondo si lo estaba, porque sus padres ya se habían enterado, y fue menos rollo del que ella se había imaginado, aunque no fuera como ella lo esperaba, pero le costó admitirlo, a veces, ella era muy orgullosa, y su condenado orgullo, le había cohibido muchas veces, de su felicidad.
Ese día se quedó allí, un poco absorta por la manifestación de los hechos, se involucró de inmediato junto a su mamá, en el despojo de la casa para los invitados que se aproximaban, pero aun así, percibía que su corazón latía tan fuerte, que creía que se le iba a salir por la boca.
Para ella, fueron demasiados sustos para un solo día, primero, le había sorprendido su papá, con el reclamo de su relación con Carlos, y luego, el ver la partida de Carlos, fue muy abrupto todo.
Ella nunca había visto a Carlos tan molesto y además, percibió que él estaba muy decidido en seguir adelante con la propuesta de separación. Ella se culpaba por su obstinación, sabía que tuvo mucho que ver en todo eso.
Después de que Merlia fue protagonista de aquel episodio, su cabeza volada, ella intentaba ponerse al tanto con las nuevas tareas que surgieron en la casa en torno a la remodelación, pero le era imposible, su rostro la delataba, era evidente, que su encuentro con Carlos no la había dejado bien y sus padres lo percibieron.
–Merli, me puedes sostener esta caja, le pidió su madre
–Merli, le volvió a pedir, al ver que ella no le había prestado atención a su pedido.
Merlia se había quedado sentada en un banco que estaba cerca de la puerta de la entrada de la habitación, su mirada se había esfumado hacia fuera de la ventana que daba al patio de su casa, estaba un poco perdida de la escena, su madre se le acercó, para asegurarse que todo estuviera bien.
–Merli, te pedí dos veces que me sostuvieras esta caja, y no lo hiciste, ¿qué te pasa, estás bien?
–si mamá, te escuche, estoy bien, aseguró ella de inmediato, intentando despistar a su madre para que no se diera cuenta de nada.
–Dame la caja que ya te ayudo
–Mira, sostenme esta caja, la vamos a llevar al cuarto de afuera, su madre le había entregado una caja de cartón, repleta con una mezcla de cosas, botones, pedazos de tela, álbumes de fotos, sobres de papel y papeles, Merlia la sostuvo con ambas manos, se dio la vuelta y cuando se decidió a salir afuera, su madre la detuvo
– ah, espera, esta caja es tuya, no sé en donde la vas a poner, pero hay que sacarla de aquí también, y se la coloco sobre la otra.
–ay mami, tú sabes cuanto busque esta caja, son cosas viejas de la escuela que hace mucho estaba necesitando dijo Merlia.
–te había dicho que buscaras acá
–pero si vine, y la busque, pero no la encontré
–hija, estaba fondeada atrás de las otras cajas
–ah, mira mi diario, dijo Merlia, sonriendo de nostalgia mientras rebuscaba en su caja de recuerdos, había recostado la caja más grande en su costado izquierdo entretanto que la sostenía con su mano izquierda.
–uyuyui, hay demasiadas cosas en esta habitación, dijo su padre al entrar, –¿llegaremos a terminar para el 24?, añadió él con dudas.
–ah, me estás embromando hombre, le respondió Josefina, –y de quien fue la idea de hacer todo esto, le reclamó, –quien fue que me dijo que si, cuando pregunte lo mismo, viste que no era tan fácil, ahora te estás arrepintiendo, le pregunto,
–porque no mejor nos vienes ayudar, le sugirió –6 manos pueden más que 4
–si, a eso vine, estaba afuera hablando con Tomás, porque me tiene que traer la pintura para pintar no solo la habitación, sino, toda la casa.
–ay Domingo, si me hubieras hecho caso, tú sabes todo el trabajo que nos estuviéramos ahorrando, podrías haberle preguntado a Felipe o a Carmencita, si tienen lugar en el hotel, para que se queden David y Vanesa, con eso, nos estuviéramos ahorrando tiempo y dinero, y esta remodelación, que sé que es necesaria, la hacemos despacio, con tiempo.
–pero Josefina, ahora vas a insistir con lo mismo, la posada en este tiempo siempre está arrebatada de gente, no creo que consiga lugar.
–pero es que no perdemos nada con preguntar
–y para que Josefina, este embrollo de cosas, la terminamos hoy.
–bueno, como quieras, le dijo Josefina y se fue al patio.
Domingo noto que Merlia estaba de espalda, muy entretenida leyendo algo, y él se le acercó despacio, queriendo sorprenderla, –que es lo que lees, le dijo en el oído.
Merlia del susto, soltó todo, dejo rodar las cajas al piso, desparramando lo que había dentro en cada rincon
–pero papa, me asustaste, le reclamo, solo estoy leyendo mi diario
–mm, con que acá lo escondías, algo guarda ese diario que te puso tan nerviosa
–no estoy nerviosa, me has asustado, además, en este diario no escribo nada desde que cumplí los 16, todo lo que vas a encontrar acá, son cosas de niña.
–y hablando de cosas de niñas, nuestra pequeña ya tiene novio, confeso su papá en voz alta.
De inmediato, se escuchó fuerte ¡que! Proveniente del patio trasero de la casa, su mamá quien había salido, al escuchar la noticia, reacciono de esa manera y apresuradamente entro a la casa.
Merlia se hallaba en el piso, levantando las cosas que se le habían caído, y vio a su madre, parada en la puerta de la habitación, quien inmediatamente les pregunto a ella y a Domingo.
–a ver, alguien que me explique, que cosas son esas de que Merlía tiene novio
–sí, sí, tiene novio
–uy papá, contesto Merlia, mirándolo desde el piso, sosteniendo una bolsa con botones de diversos colores
–no es momento para hablar de eso, sugirió
–no señor, le reclamo su mamá –es decir, que ustedes tienen secretos conmigo, les pregunto
–yo necesito saber si es cierto y de quien se trata, me lo merezco.
–mami por favor, no te pongas en modo detective
–Ja, detective yo, a ti te parece, tu padre ya sabe que tienes novio, y yo recién me entero, a ver, me van a decir por favor, prosiguió insistentemente.
–Es Carlos mujer, dijo Domingo
–Quien, Carlitos el de Tomás
–si, ese mismo
–ah, pero yo me lo sospechaba, yo sabía que ustedes dos, tarde o temprano, iban a terminar siendo novios, agrego Josefina emocionada.
Merlia los observaba a los dos en su charla, y no estaba entendiendo nada, se empeñó tanto en guardar ese secreto por miedo a la reacción de sus padres, pero la respuesta de estos, fue todo lo contrario a lo que ella se había imaginado.
–ven para acá mi mucha chita, la levanto su madre para darle un abrazo.
–ay no mama, no te pongas ahora de empalagosa con este asunto.
–vaya, vaya, la nena está enojona, añadió su padre, quien también se acercó para abrazarla, Merlia quien tenía en sus manos un sobre color café, lo dejo caer al piso, y salieron de él, varias fotos viejas.
–Mira lo que son estas fotos, dijo sorprendida su mamá, levantándolas del piso.
–fíjate, son las fotos de la fiesta de tu 4.º año de la primaria, que linda que eres mi morenita.
Merlia tenía un color de piel tostado, resultado de la mezcla de colores de sus padres, Domingo, era bien blanco, tanto, que cuando tomaba el sol, se enrojecía como el tomate, su pelo era lacio, de color castaño tirando a rubio, de nariz chiquita y perfilada, era un hombre alto, de un metro 80 de estatura.
Josefina, era mulata, de tamaño medio, no sobrepasaba el metro 60, delgada, su cabello era n***o largo y ondulado, su nariz era chica y ancha, y sus ojos, eran de un color verde tirando a azul, a veces domingo le decía, ojos de gato.
–ay, pero mira lo que era yo, añadió fascinada Josefina, mientras continuaban observando las fotos antiguas de la familia.
–con ese vestido, me encantaba ponérmelo porque todos me decían que combinaba con mis ojos, hasta ese día que se me ensucio con la salsa, te acuerdas Merli, Ja, no salió más la mancha.
–y esta foto, ya la viste, le dijo su padre, acercándole a Merli un retrato de ella.
–pero si es Carlos que esta al lado tuyo Merli, siempre han sido tan unidos ustedes dos, esta foto, es una señal.
–ay no mami, ahora vas a empezar con tu misticismo
–jajajá. Estallaron de la risa todos
–pero mística, es verdad, observa esta otra foto, esto fue en la celebración de tus 10 años, y quien esta a tu lado, Carlos, increíble, te acuerdas Domingo de esa fiesta.
–no por favor, no me hagas acordar, que esa vez tuve que salir a comprar un bizcocho de emergencia para el cumple.
–mm, yo no me acuerdo
–sí, resulta que jorgito, pobre, se tropezó, con la mesa y tiro todo el pastel al piso.
–es que ese episodio es difícil de olvidar, añadió Josefina, pobre muchachito, se asustó tanto, fíjate Merli, ese vestido rosa que tienes puesto en la foto, te lo hice yo
–de eso si me acuerdo mamá, y eso, me dijiste que me lo habías comprado en una tienda, si recién a los 12 años me pude deshacer de él.
–que dices, pero si te quedaba tan lindo
–lindo, lo usé porque no tuve opción, tenía algo raro ese vestido, sin forma ancho, ahora que lo veo bien.
–hija, es que tu madre, en ese tiempo, estaba aprendiendo a coser.
–aha, de eso no me queda la menor duda
–que ingratos que son los dos, tanto que les gusta que les remiende la ropa.
–ahora eres una experta viejita, no es lo mismo, le dijo Merlía con una sonrisa, y le dio un beso en la mejilla derecha.
La familia Terminó la tarde de limpieza, rememorando anécdotas y ojeando recuerdos, que habían permanecido guardados en aquella caja por un buen tiempo, y algunas de estas cosas, llevaban el sello de Carlos.