Rumbo a las fiestas Navideñas

2031 Palabras
Capítulo 5  Rumbo a las fiestas Navideñas   Josefina y Merlía se fueron hasta la mesa del comedor nuevamente, para analizar y poner en marcha, el plan de trabajo que tendrían que llevar a cabo en los siguientes días antes de la cena del 24 de diciembre. Los vecinos en la comunidad, se preparaban para celebrar ese festivo juntos, como tenían por costumbres por más de 5 años.   La idea se originó desde la junta vecinal, con la finalidad, de que nadie en el barrio por cuestiones económicas, se privara de festejar esa fecha que se consideraba tan importante, pero previo a la cena, también se organizaban otras actividades, para la recolección de alguna ayuda monetaria, que siempre se utilizaba para cubrir determinada necesidad en la comunidad   –hija, le dijo su mamá, en la lista que te di de los que aportaron para la fiesta, anota a doña Esther la abuela de Zoraida, ya hizo su contribución esta mañana, van a estar ella, Zoraida y juan.   –ah, en serio, a mí me extraña que quieran asistir porque según ella, nos había dicho a mí y a Ema, que se iría a la ciudad a pasar las fiestas con su madre, que supuestamente llegaría el 20 de diciembre de los Estados Unidos.   –no, eso es lo que ella quiere, pero Esther nos contó esta mañana cuando vino, que su hija hace unos meses no se comunica con ellos, y que intentaron localizarla pero no pudieron.   –pero mama, y desde cuando usted tiene tanto acercamiento con esa familia   –no para nada mija, ella fue la que  soltó la boca y me relató todo, todo, pobre señora, se ve que está tan solita, la nieta que casi nunca está en la casa y ella no la puede controlar y el viejo juan que trabaja todo el día en la construcción, y los fines de semana se la pasa bebiendo ron en el colmadon.   –ya basta mamá, y concentrémoslo en esto, le contesto un poco apenada.    La conversación tomo otro color cuando de momento vieron a Domingo entrar por la puerta trasera, se le notaba, sorprendido, confundido, sonriente una mezcla de emociones que no podía expresar, ambas se miraron intentando descifrar aquella escena.   De inmediato Domingo les dijo  –A que no se imaginan la noticia, –no papa, habla ya.   –Es que no lo puedo creer, Vanesa y David vendrán a pasar las fiestas    –a donde, acá, a esta casa, pregunto Josefina sorprendida con la noticia   –Si, aquí, a esta casa y en el pueblo por supuesto,  yo todavía no puedo salir del asombro, la idea fue de David,  pero Vanessa estuvo de acuerdo, así que hay mucho por organizar de acá al 24 de diciembre.   –Y cuando es que vienen, el mismo 24 contesto Josefina desesperada.   –si, ese mismo día a la mañana, pero, se quedaran hasta año nuevo.   –pero hombre, y en esta casa hay mucho para arreglar, hay que pintar, no tenemos las condiciones para recibir a nadie, además, esa habitación que tenemos desocupada, necesita arreglos y no tenemos el tiempo para hacerlo, hoy es 4 de diciembre, 20 días no nos alcanza para nada.   –Relájate mujer, cálmate, todo se va a solucionar, lo más importante es que por fin, podre tener a mis tres hijos juntos como siempre he querido, aunque sea por poco tiempo, es que ha pasado tanto  desde la última vez que los vi.   Después de esa noticia,  a Domingo se le notaba diferente, y sentía por dentro una gran mezcla de emociones y la empezó a exteriorizar, ese mismo día, comenzó la tarea de la remodelación de la casa, y empezaron por la habitación vacía en donde se quedarían David y Vanessa, o uno de los dos.   –Merli, le dijo Domingo, nuestra  charla la continuaremos esta noche, – bueno, dijo ella sin refutar   –ahora ven, la llamo y   se dirigieron justo a la mitad de la casa en donde estaba ubicada la habitación que tenían que arreglar.   –necesito que evaluemos todo lo que sirve y lo que no, en esta habitación, le ordeno, –lo que ya no se usa, lo tiraremos a la basura, y lo que sirve, lo guardaremos en caja.   –papa y a donde vamos a meter esas cajas   –en la caseta esa del patio mija, que esta a medio término, pero nos va a servir para liberar esta habitación que mañana mismo me voy a encargar la pintura.   De momento escuchan que tocan la puerta de la entrada de la casa, que casi siempre permanecía cerrada, se habían quedado con esa costumbre, porque antes, la calle del barrio no estaba  pavimentada, y el polvo que se colaba dentro de las casas, era insoportable y de esa forma lo podían controlar, y aunque esos asuntos habían mejorado bastante, ese hábito, fue difícil de erradicar.   Continuaron tocando la puerta   –yo voy, dijo Josefina, se asomó a la puerta y era Carlos –oh Carlos mijo pasa –no doña no, le contesto, –solo vine a decirle algo rápido a Merlia y me voy de una vez que papa me está esperando, vamos a Santo Domingo por una mercancía que nos encargaron, y dentro de eso, algunas luces  para la decoración del árbol y  la plaza.   –válgame Dios, eso es lo que más me gusta de estas fechas, el pueblo se ve tan colorido, y concurrido, suspiro ella, –pero en serio que no vas a pasar hijo, insistió, mira que estoy por colar un cafecito como te gusta.   –Ay mi doña, si pudiera me quedaría con mucho gusto, pero bueno, si no esta Merli, cuando regrese de comprar la mercadería, paso.   –Espérate, si, claro que esta, ya te la llamo, Merlia, le grito desde la entrada de la casa, –acá está Carlos y te busca.   Merlia se puso pálida, miro a su padre y él le dijo,    –ve hija.  Merlia soltando rápidamente lo que tenía en la mano y se asomó a la puerta, y Domingo en su reemplazo solicito la ayuda de Josefina   –vieja, ven dame una mano acá –ahí voy Domingo,  se alejó, dejándolos solos.   –Carlos que haces acá, se apresuró a preguntarle   –solo vine a contarte algo urgente que papá me espera,  nos vamos a santo Domingo en la camioneta. –¿a estas horas?, le pregunto enojada   Eran más de las 5 de la tarde, por lo regular, Carlos y su padre, cuando tenían que salir a comprar mercancías para surtir su negocio, lo hacían de mañana para aprovechar la jornada, pero al día siguiente, tenían que estar a primera hora  en uno de los almacenes que ellos solían frecuentar, y decidieron amanecer en la ciudad, habían arreglado todo con el hermano de Tomás, quien los esperaba en su casa.   –sí, es que nos quedaremos en la ciudad esta noche, pero solo vine a decirte que   –Si, ya lo sé todo, lo interrumpió ella sin dejarlo terminar la frase. – Tu  padre le contó de lo nuestro al mío, culmino. Carlos se quedó por unos segundos en silencio mientras ella lo miraba con su cara enojada, y le cuestiono   –Dime por qué lo hiciste, si habíamos acordado guardar silencio, y dijimos que íbamos a esperar el tiempo oportuno para contarles a nuestros padres.   Él, todavía la miraba, asombrado, intentando no enojarse, suspiro, aguardo pacientemente hasta que ella sacara la última palabra que tenía para decir en ese momento, mientras observaba que Merlía movía sus manos de un lado para el otro al hablar, entonces se sonrió     –ah, de que te ríes, te parece un chiste lo que te acabo de decir, le reclamó   –no para nada, no me rio de lo que dices, sino que cuando estás nerviosa, mueves tus manos con tal ligereza, como lo estás haciendo ahora.   –ba, le contesto ella, batiendo las manos, –no te distraigas que lo que te digo es muy serio, me hiciste quedar como una mentirosa, sentí tanta vergüenza delante de papa.   ¡–bueno, ya esta Merlía,! Yo que te hice parecer como una mentirosa! Le refutó Carlos seriamente –sabes que, yo intente mantener lo nuestro en secreto como habíamos acordado, pero no pude, y sabes por qué, porque la última vez que fuiste a casa, cuando  nos despedimos con un beso, mi papá nos observó, y no porque nos estuviera asechando, por casualidad cruzo por la puerta y nos vio, y me pregunto, que desde cuando éramos novios    El diálogo entre esta joven pareja estaba tomando otro tono, aunque Carlos, era un chico muy calmo, a sus 18 casi 19 años, se le percibía  una madurez, que en muy pocos chicos de su edad se veía.   En cambio, Merlia era un poco arrebatada, con carácter firme, muy jetona, cuando se enojaba,  lo dejaba bien claro, y en señal de ello, de sus labios, no dejaba escapar ni una sonrisa. Carlos y Merlia tenían muchas cosas en común,  pero en cuanto al carácter eran diferentes, pero se amaban, eso era evidente.    Esa tarde, Carlos continuó explicándole lo que había pasado, mientras miraba su reloj y atento al llamado de su padre, él no había ido a verla con la intención de extender por tanto tiempo su conversación, pero no tuvo de otra, porque no quería irse esa tarde dejando que Merlia creyera que él la había traicionado.   ¡–Dime tú que se supone que le tenía que decir,  cuando él me interrogó, ! Mentirle, decirle, no papi viste mal, somos solo amigos! Eso le tenía que decir, crees que mi papá es algún tonto, si tú y yo nos conocemos desde pequeños y cuando éramos amigos nunca nos saludábamos con un beso en la boca, y menos como el de esa noche.   Merlia estaba callada, y lo observaba, mientras se mordisqueaba la uña del dedo indice de su mano derecha, otra señal de su nerviosismo, aunque por primera vez, no tenía mucho para decir, pero, casi siempre que se enojaba como lo estaba esa vez, le fluían un montón de las palabras.   –además es tu culpa, le dijo él, en forma de chiste y  con una sonrisa en el rostro,  intentando sacarle a ella una.  –es tu culpa porque te pregunte que si te ibas a arriesgar a besarme mientras papá merodeaba por ahí, y me dijiste que si, que se entere de una buena vez, fue lo que me contestaste, y todavía tengo el sabor de ese beso en mis labios, con gusto a canela, y picante. Carlos se volvió a sonreír,  mientras recordaba aquel episodio, porque esa noche antes de ese beso, Merli había terminado de degustar, uno de sus caramelos preferidos, con sabor a canela, su lengua estaba roja, agria y picante, efectos del dulce, pero le encantaba.   –bueno baby,  no pasa nada, le dijo Carlos intentando minimizar la situación, no te alegra que ya lo saben nuestros padres y no tenemos que ocultarnos.   –no, no me alegra, se supo antes de tiempo, y no era lo que esperaba.   Él, la miró  por un momento contemplando sus facciones, pues cada vez que ella se enojaba, empalmaba sus  labios, haciéndolos  parecer más grande, y eso, a él le encantaba.   –tu tan enojada, y yo muero por darte un beso, si no fuera porque estamos aquí, a fuera, te besuquearía esos labios que le hacen tan bien a los míos.   –Basta Carlos, interrumpió ella, –no es un juego, no es tiempo de poesía, esto es serio, después de esto, no sé que pueda pasar, papi quiere que hablemos de lo nuestro, no me adelantó mucho, pero estoy nerviosa.   –tranquila Merli, va a estar todo bien, hablas como si hubiéramos hecho algo malo, si me hubieras dejado hablar cuando te lo pedí,  hace mucho que este asunto se hubiera resuelto, le dijo él, tomándola de la mano intentando calmarla.   –No, no me quiero calmar, sabes la sorpresa que fue para mi todo esto, y me conoces bien, hasta que todo esto se aclare, estaré muy nerviosa.
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