La Revelación

1629 Palabras
Capítulo 4 La revelación Domingo se acercó a su taller y asomó la cabeza afuera de la puerta, y colocando el dedo indice y mayor de su mano derecha, produjo un fuerte silbido como tenía por costumbre, sisssss(silbido) –hija, te espero le gritó, ella se encontraba en la cocina fingiendo estar ocupada, tratando de dilatar el tiempo, pero como el taller, estaba ubicado en la parte trasera de la casa, casi pegado a la cocina, no tuvo otra opción que decidirse a entrar. –pa, aquí estoy, que es lo que necesitas, se adelantó a preguntar, un poco ansiosa, pero lo llevaba muy bien controlado. –hija le contesto él, quiero que busques en el libro donde tengo anotado las cuentas, fíjate que a pedro le he arreglado el televisor, la licuadora y el abanico fiao, me puedes sacar la cuenta de cuanto me debe, le ordenó Domingo, porque me pidió que le llevara la cuenta esta noche que ya le pagaron en el trabajo. Merlia, era quien le ayudaba con las cuentas a su papá, era muy buena y hábil para los números, aunque en literatura le costaba un poco, por eso necesitaba la ayuda de Carlos para redactar sus ensayos, él era muy rápido para formar oraciones y frases encantadoras, por eso hacían muy buen equipo. En ese momento ella, de inmediato y muy cuidadosamente, comenzó a ojear el cuaderno, mientras miraba cada tanto a su padre quien estaba concentrado arreglando la radio de doña Esther, ella era la abuela de Zoraida, la coquetona, otro de los tantos nombres vulgares que se había ganado la joven, por su proceder con los hombres. –Después que termines con esa cuenta, continúo indicándole, quiero que busques el nombre de Esther –Cuál Esther, —ella le preguntó –la abuela de Zoraida, se contestó de inmediato. –si, la misma le respondió, anótale a su nombre 800 pesos que es lo que va a restar por el arreglo de este armatrote, que está más viejo que ella, pero ella insiste que no lo puede tirar porque se lo mandaron de los países. –uf, pero a mí me extraña, que esta señora quiera un arreglo fiao, tú sabes que se creen ricachonas ella y la nieta, —refúnfuño Merlia, – y siempre están regateando con estos arreglos. –no hija, pero no hables así, le corrigió su padre –ya sé que tú y la nieta de Esther han tenido algunos roces, y que por eso no se llevan muy bien, pero, la señora Esther es muy buena gente, y uno jamás, puede negarse a hacerle un favor a alguien. –no, claro papá, en eso tienes razón, un favor no se le niega a nadie, solo digo, que si se la dan en personas pudientes, que paguen lo que vale un arreglo, y que lo hagan a tiempo, no cuando quieran, porque además, desde que llegaron al barrio, Zoraida no ha dejado de presumir de su mamá que vive en Estados Unidos, que se la va a llevar, que ella conoce a muchas personas importantes, es más, nos dijo el otro día en la plaza, que su papá es amigo del presidente del país, y que le había ofrecido un buen trabajo, y yo le dije, y porque entonces se vinieron a vivir acá y no se fueron a Santo Domingo. ¿–y que te contesto? –se quedó callada, si es puro verso, a esa muchacha no le creo ni una sola palabra –bueno ya hija, usted no se enrede con esas cosas, cabeza firme, le dijo Domingo, tocándole la frente con su dedo indice. – Me anotaste todo –si papá –Bueno, ahora búscame la cuenta de Carlos Y como en automático, Merlia se paralizó, el lapicero se le había caído al piso, un poco temblorosa le preguntó a su papá –No sabía que Carlos tenía alguna deuda acá, y que fue lo que te dio para que le arreglaras que yo no me di cuenta. Domingo movió la cabeza como quien afirmara algo, y sonrió con tanta tranquilidad y le dijo –no, su deuda empieza conmigo desde hoy –y que te debe pa –me debe una hija Ella de inmediato lo miró como estupefacta, sus ojos se habían agrandado mucho más de la cuenta, no sabía en donde esconderse, ya todo se había descubierto, ese era su mayor temor, pero como, si lo tenían tan bien guardado, se preguntaba Merlia dentro de sí, en menos de un segundo, le cruzaron cientos de preguntas y cuestionamientos por su cabeza, y ahora que pasará, quien se lo habrá contado, yo sabía que algo iba a pasar se dijo en su mente, por algo tenía esa rara sensación, refiriéndose a la corazonada que había sentido toda la mañana de ese día. Y antes de que ella pudiera negarlo, o preguntarle quien le había ido con el chisme, su padre le aclaro, rápidamente. –Don Tomás me lo dijo, me lo contó todo Entonces, los labios de Merlia empezaron a temblar, su cabeza estaba cabizbaja, sentía vergüenza, frustración, enojo, consigo misma y con Carlos, porque con la noticia que su padre le acababa de dar, ella se dio cuenta de que Carlos había roto la promesa de no contarle nada a nadie, y eso, incluía a su papá. Al menos durante unos segundos no le salió ninguna palabra, y cuando intentó hablar, sus labios no paraban de temblar, pero Domingo, queriendo alivianar su vergüenza que se le podía ver en la cara, la que todavía mantenía agachada, y sin poder mirarle a él a los ojos. Le levanto el rostro con tanta ternura, que ella quedó más confundida aun, pensaba que él iba a actuar enojado porque ella había violentado la promesa de no tener novio hasta después de los 18, o hasta que sus estudios universitarios estuvieran encaminados, pero por el contrario, la abrazó, y le dijo, —está bien hija, Carlos es un buen muchacho, se enamoraron, nos pasa a todos los seres humanos. Con esas palabras, logró sacarle una sonrisa y le quito un gran peso de encima. –perdóname pa, —le respondió, –ya sé que te prometí no enoviarme con ningún chico hasta cumplir los 18 y hasta que haya llegado a la universidad, sé que me dijiste que tener un novio me haría perder el enfoque de mis metas, y sueños, pero te aseguro que Carlos no es así, —continuó hablando, mientras se notaba más calmada, y segura. –Carlos tiene las mismas aspiraciones que yo, eso lo sabes muy bien porque su padre te lo ha contado –si, eso ya lo sé, dijo él, –y no puedo negar que es un buen muchacho, continuó mientras encogía sus hombros –Solo te voy a pedir una cosa –si, lo que digas papá, —se apresuró en contestar –prométeme, que pase lo que pase, perseguirás tus sueños, —agregó, ahora puede ser que no entiendas muchas cosas, —continuo él con su discurso de padre a hija –y aunque sé que muy pronto cumplirás 18 años, seguirás siendo mi pequeña, quiero darte a ti, todo lo que no le pude dar a tu hermana Vanesa, no porque no quise, y eso lo sabes bien, para que entrar en aclaraciones si ya conoces cada detalle de esta historia. –así es, asintió ella con la cabeza, –y no necesito que me expliques nada, veo cada día el esfuerzo que haces por darnos todo, a mí, a mamá, yo soy la que te debo una explicación, –prosiguió ella sintiéndose más relajada, mientras abría su corazón a su padre. –sé que debí decírtelo, también a mami, pero pasó tan rápido, te lo juro, nunca imaginé que me enamoraría de Carlos, ¡si estamos juntos desde que éramos niños! Antes, nos veíamos como amigos, pero cambió todo de un momento a otro. –Prosiguió ella, intentando justificarse – te aseguro que te lo oculte, porque sé que con eso estaba rompiendo la promesa que te hice, y no sabía como ibas a reaccionar. –Está bien hija, contestó Domingo tratando de calmarla, –Tomás me dijo que Carlos no había venido hablar conmigo de ese asunto, porque tú le dijiste que no, pero que él está muy enamorado y que quiere hacer las cosas correctas, le avisé que después de tener una charla contigo, tendríamos una nosotros cuatro, pero, lo que todavía no entiendo es porque tú no te animaste a contarme –pero papá es que, y antes de que terminara la frase, la charla fue interrumpida por Josefina, quien entró al lugar apurada ,como quien tuviera algo importante que comunicar. –viejo, vanesa está en el teléfono, le dijo ella sorprendida, y se lo acercó con tanta rapidez que el no logró agarrarlo porque sus manos estaban grasientas de puro trabajo. El teléfono rodó al piso, y cayó debajo de un abanico viejo, y Merlia se apresuró en levantarlo asegurándose que su hermana todavía estuviera del otro lado, y rápidamente, le coloco el teléfono en el oído de su papá, mientras que este se limpiaba las manos con una toalla vieja a la que ya no le cabían más manchas, de inmediato se liberó de ella arrojándola al piso, y tomo su teléfono y continuo la charla, se retiró a un lugar más privado, y con mejor señal, no salía del asombro por la sorpresa de aquella llamada, y no se quería perder ningún detalle. Por el momento la conversación de Merlia y Domingo se había terminado, por lo que ella y su mamá aprovecharon el tiempo para avanzar con la organización de la fiesta navideña del pueblo.
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