Diciembre 2002

1841 Palabras
Capítulo 3.     Ese día,  después de aquella primera impresión, a Merlia le asaltaron los pensamientos, se despidió vagamente de Carlos, quien estaba un poco cansado de esa situación, no entendía por qué, tenía que ocultar sus sentimientos, él se sentía ser un hombre capaz de amar a una mujer, aunque para las apariencias ellos dos eran solo amigos.  A raíz de un episodio que Merlia desconocía, Carlos se vio obligado a contarle a su padre, la verdad de su relación con Merlía, y este, le extendió su apoyo   quien recibió.   Carlos y su padre eran muy unidos, vivían solos, él era hijo único, la madre de Carlos los abandono, cuando él tenía tan solo 5 años de edad, ella había decidido irse a vivir a la gran ciudad a perseguir sus sueños, amaba cantar, y entendía que en ese pueblucho, como ella le solía llamar, jamás iba a alcanzar lo que anhelaba, y así se fue, prometiendo que volvería por su hijo para darle una mejor vida y buen futuro, pero los recuerdos de esa mujer, se esfumaron en aquella casa, apenas quedaba su nombre escrito detrás de una foto antigua que Carlos guardaba debajo del colchón de su cama, “Margarita” así le pusieron sus padres, porque era blanca y bella como ese tipo de flor.   Su presencia nunca hizo falta, al menos eso parecía, porque Tomás, se hizo cargo el solo de sus asuntos de familia, y le dejo bien claro a sus amigos cercanos que lo animaban a conseguir otra pareja, que  no quería volverse a involucrar con ninguna otra mujer por miedo a otra decepción, además, de acuerdo a sus gustos, en la barriada, no había ninguna a su altura, aunque propuestas no le faltaban.  Más de una solterona,  cuarentonas y cincuentonas,  le seguían el paso. Tomas, era un casi cincuentón bien apuesto,   alto y robusto, tenía buenos músculos, el trabajo pesado le favorecía para ello.  Llevaba muy pocas canas para su edad, pero si se le visualizaba un gran mechón gris en la parte delantera de su cabeza, y una gran arruga bien marcada en el medio de sus cejas, que lo hacían ver con el ceño fruncido todo el tiempo. Eran muy buenos compañeros Tomás  y su hijo  Carlos, ambos se turnaban para cuidar el colmado, cuyo negocio lo formaron a puro trabajo, pero cuando ninguno de los dos  podían, tenían a un chico del barrio que les echaba una mano, pero siempre que él estaba, al hacer el cierre del día,  faltaba mercancía y decidieron despedirlo sin hacer escándalos.   Al despedirse de Carlos,  Merlia entro de inmediato a su casa,  y ya  su madre  la esperaba con la comida servida en la mesa.   –uy que rico olor, dijo ella al entrar, –vengo con hambre mamá, continuo mientras se tocaba la panza  –por fin, hoy fue mi  último día de clases.   –Que bueno mija, le respondió Josefina –porque necesito ayuda con este embrollo de la cena navideña que se va a hacer en el pueblo, ya sabes que tenemos que  organizarla  nosotros, como todos los años, y yo ni sé por donde empezar.   –tranquila mamá, le respondió Merlía apurada por sentarse a la mesa a comer, ya se había despojado de su uniforme escolar, se sentía fresca y con mucha hambre.  –ya le encontraremos la solución.   –¿todos aportaron la cuota para la cena? Inquirió, con una cuchara en manos llena de arroz. Ese cereal, formaba parte de la gastronomía típica del campo, y de todo el país, pero, se acompañaba con otros preparados, frijoles, verduras, carne, era el plato preferido de Merlia, y  para ella nadie cocinaba mejor que su madre.   –si, si, ya todos han colaborado, respondió la mamá,  sentándose junto con ella a la mesa –mira la lista aquí –pero no mami, ahora quiero terminar de comer, y después nos ponemos a trabajar  –ah, te quiero avisar que  este año, los Santana, nos  donaran un chanchito.   –¡Vaya, agrego sorprendida Merlia, como nos hemos superado!   –ay si, mija, afirmo Josefina  –me lo confirmo tu papá esta mañana temprano, cuando te fuiste a la escuela, don Tomás vino a charlar con tu pa y se lo comento, ya tú sabes que los Santana son muy allegados a Tomás, y al parecer le dieron la noticia anoche.   ¿–En serio, y de que más hablaron, papa y Tomás, no sabes?  Le pregunto Merlia mostrándose interesada. Ella quería tener la certeza de que aquella reunión haya sido estrictamente laboral.   –no se Merli, A su madre le encantaba llamarla por Merli de vez en cuando  para acortar su nombre  –ya tú sabes que cuando tu padre se encierra en ese taller,  nadie puede interrumpirlo, y más si está  reunido con alguien.   Aumentó el pánico en Merlía, en su rostro se podía notar la preocupación, era muy expresiva, eso no lo sabía disimular, se paralizó, y no pudo tragar el último bocado de comida.   –Que te pasa hija, estás pálida, te sientes bien, te hizo mal la comida, insistió su mamá, al ver su reacción.   –No nada ma, es solo que creo, que comí demasiado, ya sabes que mi estómago es chico, respondió para disimular y no seguir levantando sospechas. Pero, para su sorpresa en ese mismo instante, hizo entrada a la casa, su padre, ella lo miro fijamente en silencio por unos segundos, no podía salir de su asombro, su padre se adelantó a saludarla.   –Hola, hija, los vi llegar a ti y a Carlos, pero estaba distraído con la organización de la fiesta navideña   –Ella asomó una sonrisa a su rostro,  ah, eh, divago por unos segundos, si, también te vi, pero como tenía tanta hambre, vine directamente a casa.   –Ah, bueno, mija, avanzo en contestar Domingo, – y a usted como me le fue, dizque hoy fue el último día de clases. –Ay si pa  –Que buena noticia, para que me eches una ayudita en el taller, con  las cuentas,  que usted las maneja muy bien, y además, recuerda que ya hay que ir programando la reunión con el equipo que se va a encargar de la decoración del arbolito en la plaza, ya sabes que eso tiene que quedar listo unos días antes de la noche buena. –si papa, lo sé Domingo posó  una de  sus manos  en el hombro derecho de Merlia y le acaricio su cabellera como muestra de cariño y se fue   Merlia, era hija única de ese matrimonio entre Domingo y Josefina, pero Domingo, tenía dos hijos más, que había procreado con su antigua esposa, y que al separarse, ella se había mudado a la gran ciudad y se llevó a sus dos hijos, David, y Vanessa, los hermanos mayores de Merlia, Merli no se acordaba mucho de ellos, ya que solo en dos ocasiones, ella recordaba haberlos visto en persona, pero si por fotos, que permanecían guardadas, en un álbum grande, junto a otros recuerdos.  Hacía dos años atrás,  David el hermano mayor,  tuvo el gesto de enviarle un teléfono móvil a su padre  para su cumpleaños, con la finalidad de mantenerse más comunicado con él   y con Merlia.  El teléfono era usado solo  para emergencias, aunque a veces, se perdía la señal dentro de la casa y Domingo terminaba hablando a los gritos afuera.    Con Vanessa, muy pocas veces hablaba, porque ella permanecía enojada con él, pero además,  pasaba mucho tiempo fuera de casa, trabajando y estudiando, lo último que supo de ella fue, que se había mudado sola cerca de su trabajo y que se estaba por graduar de médica. Ella era 3 años mayor que David.   Puede que Domingo nunca lo decía, pero se sentía muy orgulloso de sus hijos a pesar de la lejanía de Vanesa, pero,  recibía de Merli, ese amor y acercamiento que no tenía con Vanessa y eso, la colocaba a ella en un lugar privilegiado.   –Hija, cuando termines de lo que estás haciendo, ven a mi taller que te quiero mostrar algo, se interesó su padre.   En ese momento, por la mente de Merlia se cruzaron muchos pensamientos, estaba asustada, pero serena,  para ella, ya no cabía ninguna duda, estaba más que segura que la reunión que su padre sostuvo con Tomás, no fue solo por trabajo. El miedo de Merlia se basaba más en la decepción que le podría causar a sus padres con esa relación, que para ella,  parecía fuera de tiempo, porque siempre se prometía, y le prometió  a su papá, que su primer novio,  lo tendría a partir de los 18 años, cuando hubiera avanzado en sus estudios, porque tener un amorío en ese momento, implicaba una inversión de tiempo, ese que ella tenía pensado ocuparlo solamente estudiando, pero el amor le llego en el momento menos pensado,  y de la mano de quien ella consideraba solo su amigo.   Merlia se sentía un poco temerosa, porque sus padres se jugaron mucho para que ella fuera más que una chica campesina estancada en un pueblo con muy pocas cosas que ofrecer, en eso, ellos estaban de acuerdo. Monte Verde, como toda ciudad pequeña escaseaba de muchas cosas, que aunque se estaban gestando, todavía no veían la luz; Hospitales, mejores oportunidades de trabajo, una universidad, porque allí, todos los que querían desarrollarse en alguna carrera universitaria, emigraban a las grandes ciudades en busca de ese sueño.   Domingo y Josefina,  habían discutido en más de una ocasión, la opción de mudarse a Santo Domingo la ciudad capital, con la finalidad de que su pequeña no se quedara atascada en ese lugar, en donde era muy frecuente ver a las jóvenes embarazarse a temprana edad, entre los 15 o 16 años, veían como perdían el rumbo, las ilusiones, de algo mejor, pero no porque el pueblo no tuviera potencial, sino, porque los gobiernos, que entraban y salían,  gobernaban solo para un pequeño grupo de la sociedad, los ricos y poderosos de las monumentales ciudades,  dejando postergados a la gran mayoría, la clase trabajadora, y sobre todo, a los pueblos agricultores, cuyo principal sustento económico, lo generaban de los frutos que ellos cultivaban, que luego, lo terminaban vendiendo a las grandes cadenas alimenticias, por un precio tan módico, que les representaba perdida total.   Pese a que Domingo estaba cansado de esperar por un avance en su ciudad, y por ello, pensaba cada tanto en largarse de allí junto a su familia, para que Merlia no terminara de la misma manera que algunas de sus vecinas, pero, Monte Verde era su hogar, allí tenían sus tierras, ahí habían echado raíces, pero querían que su pequeña pudiera expandirse, conocer el mundo,  alcanzar sus sueños, y sobre todo, lograr aquello que ellos no lograron, llegar a la universidad, ser quizás una gran Abogada, Doctora tal vez, o lo que ella quiera, pues entendían que estudiando, ella podría tener un mejor futuro, y por eso, ponían todo su empeño para darle lo mejor dentro de sus posibilidades.        
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