Capítulo II mayo 2010 La Carta, Segunda parte

1389 Palabras
–El que llueva por estos lados, es algo muy cotidiano. Se habló así misma Merlia, mientras afuera de la casa, se volvieron a escuchar fuertes truenos, y relampagueaba el cielo, anunciando que seguiría lloviendo.  Hoy que es mayo del 2010, escribió ella,  llueve, así como llovía ese día, cuando nos dimos nuestro primer beso, como pasa el tiempo, murmuro, ves, algunas cosas acá no cambian, hizo pausa, ya bostezando del sueño, pero intentando no cerrar los ojos, al parecer,  el té de manzanilla habíaa hecho su efecto.   Ya sé que esta es la primera carta que te escribo, enfatizó,  y lo hago, tratando de revivir nuestros recuerdos, todos los que construimos acá, en este nuestro pueblo.     Escribiste tantas cartas para mí, que no las pude guardar en esta caja en donde está nuestra foto, a esas, las tengo en otro lugar, y ahora que las recuerdo, me siento un poco triste por no haberte escrito tantas veces como tú a mí,  pero ya sabes que Dios no me dio el don para escribir de la manera en la que lo haces tu     Ahora vienen a mi memoria, aquellos años de la escuela cuando escribías mis ensayos en la clase de literatura. Yo sacaba siempre unas magníficas notas. ! Ja!, yo orgullosa, ah tonta, los presentaba como inéditos, pero nunca supe como, ni por donde, te fluían tantas palabras, las que plasmabas en papel con tal rapidez, que parecías tener temor de olvidarlas. Está bien, ya sé que nunca debí  esconderme  tras esa excusa, pero para mí, siempre ha sido más fácil decirlo que escribirlo, pero no te olvides que a veces, te dejaba una nota con un bocadillo, de esos que me gustaba preparar y que aún preparo.   Tú eras el primero en degustarlo, ah tú, mi más fiel comensal, y tus besos, al probar cada bocadillo de mi boca, me hacían fantasear contigo, como lo hago ahora.   La carta se ponía más interesante, y otra vez, Merlia se había despabilado, apretó con sus dientes el labio inferior de su boca, como quien deseaba algo,  suspiro, oh mis labios,  como se extrañan los tuyos.  Perdóname si antes no te escribí, es que a mí, ya sabes, no me salen las palabras como a ti, pero, al parecer, hoy estoy con el alma poeta, será porque te extraño como nunca lo había hecho, será porque hoy llueve como la noche en la que nos dimos nuestro primer beso, recuerdo muy bien aquella ocasión cuando me dejaste en casa, empapada, con frío, y con deseos de tus besos, ese día, cuando entré a casa, mamá y papá nada me dijeron, me sorprendió bastante, porque pensé que  ya algo sospechaban. Luego  de aquella noche, fueron imparables nuestros encuentros, muy pocos sospechaban de lo nuestro, nos veían siempre juntos como amigos, pero sentíamos el fuego que nos quemaba por dentro, digo, sentíamos, porque tú siempre me lo decías, o me lo escribías en cada carta, yo, a veces me hacía la desinteresada, porque no quería que se perdiera esa magia, esa atracción, y me gustaba escucharte decir, "siempre tuyo, siempre mía" además, sentía que íbamos muy rápido, tenía miedo de mis padres, quería cuidar mi reputación, que la gente nos siguiera viendo como buenos amigos, hasta que llegara el momento de destapar esa bomba de sentimientos que llevábamos dentro.  Perdóname, ahora sé que a esas cosas no debí darle tanta importancia, ahora me lo reprocho, te extraño, y lo siento hasta en el aire, aunque guardo un poco de tu perfume, que a veces lo rocío para sentir que te tengo cerca, pero no es lo mismo, si no está en tu piel.   Lo  nuestro, lo supimos contener muy bien, pero ese secreto nos duró por muy poco tiempo, ¿te acuerdas? Mi plan, era hablar con mis padres de lo nuestro al cumplir  18 y tu 19,  que obsesión la mía con eso de guardar lo nuestro, gracias porque hiciste el esfuerzo de entenderme y esperarme, fue muy difícil, nos sacudieron las circunstancias, y  casi siempre mis celos me delataban, sobre todo, cuando llegó al barrio la regalada de Zoraida,  eso sí, era muy linda, no lo puedo negar, pero desde que la vi por primera vez, no me dio buena espina.   Hace mucho no se nada de ella,  ya no vive más acá en el barrio, lo sé porque Teresa me lo contó, pero, no sé si seguirá en Monte Verde, tampoco sé por qué te estoy  contando todo esto,  pero es imposible no mencionarla, al recordar nuestra historia, ella siempre saldrá a relucir.   Casi todos los chicos del barrio daban la vida por ella, llegó al barrio, y arraso con todos, digo, con casi todos, uy, así como era de linda, era de rápida, mira que si me costó vivirlo en carne propia, porque cuando te vio, enseguida te echó el ojo, y me enoje tanto aquella vez  cuando fue a casa, recuerdas esa noche, ah yo si, me acuerdo y me da risa, que insegura que me sentía yo.     No me podía concentrar aquella noche mientras estudiábamos, no tengo presente que era lo que más me distraía, si el ruido de la máquina de mamá, o el alto volumen de la tele, mientras reproducía sin parar, uno de los últimos episodios de la novela  Xica da Silva, que desde que se estrenó en la televisión local, era la 4.ª vez que la repetían.  Me regañaste,  pidiéndome que prestara atención, pero varias veces se me hizo imposible. Te hubiera pedido que nos fuéramos a mi habitación a estudiar, pero, mami y papi, no lo iban a ver con buenos ojos.   Pero recuerdo bien, que también me dispersaba por la coquetería que tenía Zoraida contigo, “uy”  como me enojaba esa muchacha tan lanzada.     Cuando se trataba de algún chico, no perdía tiempo para seducirlo, aunque supiese que estuviera comprometido, si bien, lo nuestro para ese entonces no era público, pero estoy segura,  que  eso ella lo dedujo,  sin embargo,  a ella no la detuvo en lo absoluto.     Mientras mami le media el vestido esa noche, ella se acercó hasta la mesa, y galanteado como siempre, nos preguntó con esa voz tan chillona que espantaba al hablar, –chicos que tal, como me veo, como me queda, y movía sus caderas de un costado para el otro, mientras  disimuladamente, tiro al piso tu lapicero, sé que lo hizo a propósito, para que te agacharas y le miraras sus piernas, mi rostro enseguida cambio, pero mami estaba atenta, así que disimule bastante rápido.   Me enojé  contigo y te dejé de hablar por una semana, ahora recuerdo que fui muy tonta, no fue tu culpa, además,  no hiciste nada, pero sufrí, créeme que si, por eso, todos mis intentos por ocultar lo nuestro, solo sirvieron para delatarme más, tuvimos casi dos años en ese vaivén, no sé cómo lo soportaste.     Yo poco a poco fui descubriendo que era mejor quedarnos como amigos, aunque nunca te lo manifesté por miedo a tu reacción, pero amar, duele, y aunque sentía que esos sentimientos que teníamos el uno por el otro,  no debieron haber  despertado nunca,  porque fue muy difícil luchar contra lo que sentía y lo que debía de ser. Aunque se sentía bien amarte, como lo sigo haciendo ahora.   Recuerdo puntualmente como fue que lo nuestro se supo, como no recordarlo, si a partir de ese momento, mi mundo se puso de cabeza. Era diciembre, la Escuela primara  había cerrado, pero  la nuestra aún no, y ese día,  regresábamos de tomar nuestra última clase de ese año, y como siempre, llegábamos a casa pasado las 12, por el largo recorrido que hacíamos diariamente de la Pablo Neruda, a la casa. No sé por qué ese día, sentía que algo iba a pasar, tenía un sobresalto en mi pecho, que  se agrandó, cuando al bajar del autobús,  vi a nuestros padres juntos, te apreté tan fuerte la mano, que después me enteré,  que te había dejado marcado mis dedos en tu muñeca derecha, pero mis nervios bajaron un poco, cuando vi llegar a todo el comité de la junta vecinal, me di cuenta de que estaban reunidos por el festejo de la fiesta navideña, tenían mucho para coordinar, me alivie al saber que la reunión de nuestros padres, no había sido nada personal.      
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR