Adrián Cuando la vi cubrirse, sentí que no quería estar conmigo, en ese segundo decidí mandar todo al diablo y solo irla a dejar en su casa. Sin embargo, cuando le mencioné que le explicaría a Carlo, que ya no estaría con nosotros, su repuesta me dejó más que en claro, que ella pertenece a nosotros. Estábamos tan bien, la sentí receptiva a mis caricias, pero de un momento a otro empezó a llorar. Al sentir sus lágrimas en mi camisa, la alejo para revisarla, tal vez la lastime con la bragueta del pantalón o algo. Le cuestiono sobre ello, pero niega y su llanto se hace más fuerte, mi preocupación se eleva y solo puedo abrazarla hasta que se calma. Levanto el vestido del piso de la camioneta y le ayudo a colocarlo, subo el cierre y le paso por los hombros una chaqueta que siempre hay aqu

