Un paisaje de nieve y rocas que se confundía con una espesa capa de nubes, que nos había acompañado casi desde el principio del nuestro despegue. Nuestro anterior guía en Katmandú, nos había dicho que algunos turistas, pagan simplemente por hacer el vuelo que nosotros haríamos dirección al Tíbet, sólo por ver aquellas montañas, y pasar por encima de ellas; era como estar sobre de la cima del mundo. Una maravillosa visión con la que terminamos de comentar y nos dormimos. Al día siguiente nos despertamos con bastante pereza, yo fui la última en hacerlo, a pesar de que para mi trabajo lo hacía muy temprano, este día no hubo forma de levantarme a la primera, lo intenté en un par de ocasiones antes de conseguir deshacerme de aquellas sabanas que parecía se me habían pegado al cuerpo. Fuimos

