Apresuraron el viaje para llegar a la constelación de los gemelos; gastaron toda la energía divina que los anteriores sabios les habían dado quedándose sin energía para lograr encallar, Iris tomó el timón del barco y maniobró como pudo hasta llegar a su destino; por su parte Sam tenía a Lili entre sus manos intentando mantenerla despierta; Lili estaba blanca como la nieve, sus nudillos destilaban sangre sin parar, los huesos de sus dedos estaban rotos y sus brazos desgarrados con múltiples heridas, respiraba lentamente y su cuerpo estaba helado.
-¡Iris, Ten cuidado! -le gritó Sam al ver que casi chocaron con unos meteoroides los cuales pasaron rozando los costados del barco.
-¡Hago lo que puedo Sam!- respondió la chica intentando mantener la calma- Recuerda que nunca había conducido ningún vehículo.
El aterrizaje fue estruendoso, la punta del barco se enterró en la luna donde encallaron, estaban orbitando en la estrella más brillante de la constelación de los gemelos, Pólux. Desembarcaron a prisa, Sam cargaba a Lili mientras que Iris iba delante descubriendo el camino, llegaron a las afueras de lo que parecía una catedral a la cual entraron sin cuidado; en efecto, el interior concordaba con la idea que tenían en mente, estaba todo lleno de bancas y al fondo se encontraba el altar con una cruz inmensa detrás, todo iluminado con velas, cirios y luces tenues, por el frente del altar vieron pasar la silueta de un hombre con una capa color carbón. Los muchachos corrieron llamando la atención de aquel hombre, cuando lo tuvieron de frente se dieron cuenta que se trataba de un clérigo.
-Por favor señor -suplicó Sam- necesitamos ayuda, está muy débil y sabemos que aquí se encuentra alguien que la puede curar.
-Déjamela a mí -habló el hombre, su voz era tranquila, amigable, y con un fuerte toque de autoridad- Yo me encargaré de ella.
Sam obedeció sin rechistar, la voz del hombre le transmitía tanta confianza que no podía dudar, dejó a Lili en las manos de aquel hombre que al tenerla en sus manos subió al presbiterio y deposito el cuerpo de la muchacha en el altar. Iris y Sam veían todo detenidamente pero son interactuar de ninguna manera. Iris detalló mejor al hombre en ese momento, era rubio, de piel clara, sus ojos eran de un amarillo solar, reconoció su rostro de los cuadros de los anteriores sabios, era uno de los gemelos, pero no sabía cual. El hombre desplegó unas gigantescas alas emplumadas de color blanco a la par que una tenue luz blanca salía de él, puso una de sus manos sobre el cuerpo de Lili comenzando a curar sus heridas, las marcas en sus brazos fueron desapareciendo poco a poco sin dejar cicatriz, sus nudillos dejaron de derramar sangre, los huesos de sus dedos se restauraron, su piel recuperaba el tono aceitunado que siempre había tenido, parecía que estaba bien, aún así seguía dormida, el hombre bajó del altar encontrándose nuevamente con Iris y Sam.
-Ella estará bien -declaró el hombre al ver el rostro preocupado de ambos muchachos- solo necesita descansar un poco, perdió mucha energía y desgastó su ser, dormir un poco le sentará bien.
-Le agradezco mucho lo que ha hecho por ella -dijo Sam con una sonrisa y una lagrima asomando en su mirada.
-¿Vienen de Tauro? -preguntó él, ambos chicos respondieron afirmativamente- Era de esperar, Alcyon tan drástico como siempre, vengan, tomen asiento -los condujo hasta la primera línea de bancas allí se sentaron- Permitan que me presente, yo soy Fobo, sabio de Géminis, ustedes deben ser los jóvenes que intentan salvar a la humanidad en su juicio; bueno, digamos, que ya pasaron la parte fácil -ambos chicos abrieron los ojos como platos- Hamal y Alcyon eran los más fáciles de convencer, empezando por el hecho de que Hamal los apoyaba desde un inicio, sin embargo, deben saber que de aquí en adelante todo será más complicado, empezando con nosotros, es especial por mi hermano Deimo, de los dos fue él quien estuvo de acuerdo con destruir a la humanidad, yo me opuse, pero como nuestro voto solo cuenta como uno tomaron en cuenta la decisión de mi hermano.
-¿Cómo decidieron que sería la palabra de él la que tuviera prioridad? -preguntó Sam curioso.
-Es algo complicado de comprender -dijo Fobo- tenemos una mala fama entre todos los sabios por ser dos sabios representando la misma constelación, además, cuando nos dejan algo a cargo normalmente no podemos ponernos de acuerdo y todo termina siendo un desastre, por lo cual somos los últimos en votar y se toma como valido el voto que apoye a la mayoría, en este caso fue el suyo, en caso tal de que hubiera sido al revés, mi voto sería el que tomaría valor.
-Realmente es algo complejo -confesó Iris- hablando de eso ¿Dónde está tu hermano?
-No debe tardar en llegar -respondió Fobo- hicieron un gran estruendo cuando llegaron, debe estar molesto por haberlo despertado de su sueño, es un poco dormilón.
Tal como lo advirtió el hombre, una figura entró en la catedral; Sam se dio la vuelta para ver quien había entrado, esta figura llevaba un traje blanco como las nubes y físicamente tenía la misma apariencia de aquel que estaba sentado con ellos.
-Me lleva el... -soltó el sujeto que entraba pisando fuerte; a diferencia de su hermano la voz de este era irritable, prepotente en su expresión e imponía autoridad por su tono amenazante- ¿No podían estacionar sin tanto alboroto? Carajo, no tienen idea de lo complicado que es conciliar el sueño en con este ambiente.
-Deimo, por favor, un poco de control con tu vocabulario -le soltó su hermano- recuerda quien eres.
-Me vale una mierda -contestó Deimo- estos mocosos interrumpieron mi sueño, no tienen el más mínimo respeto por quien soy y tendrán que pagar por eso -desplegó sus alas, eran igual de grandes que las de su hermano, pero a diferencia de esas las suyas eran de un tono carmesí y con un aspecto demoniaco.
-¡Hermano! -Fobo se levantó poniéndose entre su hermano y los muchachos- no dejaré que ensucies con tus actos este recinto, ten un poco de respeto por Él.
-No entiendo como un ser así puede ser uno de los guardianes de las constelaciones -susurró Iris a Sam- No parece tener nada de bondad en su interior.
-Créeme, tampoco yo entiendo como es posible -susurró Sam como respuesta.
-Ustedes dos -Deimo los escuchó susurrar- ¿Sobre qué están murmurando? Hablen.
-De nada -respondió la muchacha temerosa.
La irritación del hombre incrementó y no le importó que su hermano estuviera delante suyo, se lanzó en una embestida contra la chica, de repente una figura salió disparada a frenar la embestida de ese sujeto.
Era Lili, había despertado con un arrebato de poder descomunal capaz de hacerle frente a ese sujeto, ambos hicieron riña en el aire sin ceder ni un poco.
-No dejaré que les pongas un dedo encima -dijo la chica con una autoridad que ni siquiera Sam había escuchado antes- ¿Me oíste bien?
-¿Estás segura de eso? -la reto el otro.