-¿Por qué te ríes? -preguntó Iris irritada, Lili lloraba en silencio con la cabeza agachada, Sam impotente tenía la mirada perdida en uno de los cuadros de los sabios- ¿Qué es tan gracioso? ¿Te complace vernos así?
-No, no, no -respondió Alcyon luego de reírse un rato- precisamente esperaba que estos dos hicieran lo que tú hiciste muchacha -Iris miraba aterrada al sabio- Se supone que él es el portador de la esperanza, pero ahora parece que ha perdido la esperanza en él mismo; ella es la hija de una de las divinidades más importantes para muchas comunidades y no le llega ni a los talones a lo que es su padre pero se las da de ser la hija favorita de su padre. Pero tú, una chica desconocedora de muchas cosas del mundo e incluso ignorada por casi toda la humanidad tienes el valor de defender a esas personas que te tratan como un objeto y eres capaz de ver en ellas un mundo mejor -el sabio tenía una expresión de satisfacción inmensa en su rostro lo cual desesperaba aún más a la chica- Disculpa mi actitud, espero que todos puedas perdonar mi proceder. Como ya deben saber, estoy completamente de acuerdo con la decisión destruir al mundo pero, al saber que ustedes vendrían esperaba tener la oportunidad de retractarme y efectivamente, a través de los labios de esa muchacha llegaron las verdades más puras que hasta el día de hoy un ser humano pudo producir -todos quedaron en blanco, ni Iris, ni Sam, ni Lili tenían algo para decir- Levántense -ordenó el sabio y los tres muchachos obedecieron sin rechistar, Sam había regresado su mirada al escenario que estaba viviendo, Lili seguía sin levantar cabeza, pero se secó las lagrimas y sus manos ya no amenazaban con puños- si quieren convencer a los demás, deben creerse ustedes mismo lo que están haciendo, deben ser capaces de salvarse a ustedes mismos y saber que dentro de ustedes está la certeza de que todo lo que hagan se llevará a cabo con éxito, nadie lo hará por ustedes, además, nadie más salvará al mundo, solo ustedes pueden hacerlo porque nadie se atreve a hacer lo que ustedes, son valientes y poderosos, pero deben creerlo. La verdad es lo que hará libre al hombre, la verdad es lo que salvará el mundo. ahora vayan, los gemelos los están esperando, si creen que yo he sido cruel no se alcanzan a imaginar lo que pueden hacer los guardianes de Géminis.
-¿Estás diciendo que nos vas a ayudar? -preguntó Iris aún perdida.
-Así es señorita -respondió él, dirigiéndose a la puerta haciendo que ellos fueran con él- como les dije, esperaba que hicieran algo y lo hicieron, quizá no completamente como lo esperaba, pero estoy satisfecho. Así que díganme ¿Cómo les puedo ayudar?
-Necesitamos un pequeño impulso energético -respondió Iris luego mirando a Lili y a Sam añadió- y qué me digas como regresarlo a la normalidad.
-Con lo primero te puedo ayudar fácilmente -declaró Alcyon con una sonrisa que desapareció fugazmente- pero con lo segundo no puedo hacer mucho, como le dije a Sam dentro, yo no hago nada, cada uno de ellos se hizo eso al no querer enfrentar la verdad, quizás en el camino puedas descubrir lo que le sirva a cada uno para que se puedan recuperar, lo único que tienen que hacer es desahogarse solo que cada uno lo hará a su manera así que prepárate para lo que puedan hacer.
el sabio tocó el barco en el cual se transportaban y le transfirió su energía, en ese momento el barco cambió su apariencia al menos en lo ornamental, tenía detalles en madera que adornaban las barandillas, las escalas, el mástil y el puesto de control. Luego de despedirse calurosamente Iris subió a los dos muchachos a bordo dejando a cada uno en la habitación que habían escogido como suyas durante el viaje, después de terminar los preparativos para zarpar se preparó para enfrentarse al desahogo de ambos.
-Adiós Alcyon -se despidió ella- disculpa por las molestias ocasionadas, espero reencontrarnos al final de este camino.
-Así será Iris, así será -respondió él volviendo con sus animales.
El navío volvió a tomarse la ruta estelar en camino a la constelación de los gemelos, un reto que, según las palabras de Alcyon, sería mucho peor de lo que se podrían imaginar; sin embargo, el viaje sería un desafío mayor para Iris, debía hacer que Sam y Lili volvieran a la normalidad sin la menor idea de como hacer eso posible. Mientras tanto, en la constelación de Tauro hubo algo más que contar.
-Parece que no has perdido tu toque Alcyon -la voz de Hamal se escuchó en el recinto del Toro.
-Bueno ¿Qué puedo decir? -respondió él- Estos muchachos tampoco es que me la pusieran muy difícil, pero lo importante ahora es ¿Qué haces tú aquí? Creí que solo nos veríamos de nuevo cuando llegaran al final.
-Hubo un cambio de planes amigo -había algo en la voz de Hamal que no era normal en él, sonaba preocupado.
-¿Qué estás diciendo Hamal? -Alcyon frunció el ceño- ¿Ha ocurrido algo?
-Digamos que -respondió el otro con el rostro ensombrecido- ya viene en camino, su estrella apareció antes de tiempo.
-¿No me estás tomando del pelo verdad? -preguntó el de Tauro- No vayas a hacer un comentario graciosos en este momento -sabía del humor fuera de base de Hamal y por eso lo advirtió- debemos apresurarnos, hay que llegar a la corte de inmediato, pero no podemos avisarle a todo en este momento, esos muchachos aún tienen un gran camino que recorrer antes de llegar al juicio final ¿Cuánto tiempo tenemos antes de que aparezca toda su constelación?
-Menos de veinticuatro horas -respondió el de Aries- poco más de doce horas, sabes que los cálculos no siempre son exactos cuando se trata de las estrellas, eso sí, tenemos un buen margen de tiempo, solo nos queda esperar. Adelantémonos mientras tanto.
Sin decir más salieron disparados por el cielo cual estrellas fugaces. En el barco Iris seguía pensando cual sería la mejor manera de ayudar a sus nuevos amigos, miró al cielo y logró ver dos estrellas fugaces una azul grande y la otra púrpura un poco más pequeña.
-Por favor, concédanme un deseo estrellas -rogó Iris con los ojos un poco encharcados de tristeza, mirando con más detalle el rastro de las estrellas los reconoció- ¡Por todos los cielos! -exclamó asustada- Espero esto no sea una mala noticia, sea lo que sea debo actuar ahora, queda poco para llegar a Géminis.
Entró a la zona de las habitaciones, pensó en visitar primero a Lili, se asomó a su habitación y la encontró dándole golpes a una de las paredes de su habitación mientras derramaba lagrimas como cantaros de agua, alcanzó a verla por el rabillo del ojo dedicándole una mirada asesina, Iris retrocedió en su intención. Se encaminó a la habitación de Sam que estaba a dos habitaciones de la de Lili, cuando llegó lo encontró mirando por la ventana en dirección al espacio sideral, llevaba en sus manos su guitarra negra en la cual estaba interpretando una melodía melancólica que no había escuchado nunca. Sam la descubrió entrando en la habitación, no le dijo nada, solo la miró y regresó su vista a la ventana.
-Qué hermosa melodía -dijo la muchacha como introducción a su conversación- No la había escuchado antes ¿De quién es? -no recibió respuesta, la guitarra seguía sonando esta vez un poco más suave- Sé que no los conozco y que de seguro no confíes mucho en mí pero puedes contarme lo que sea, sé guardar secretos, para ser sincera olvido las cosas con mucha facilidad por lo que no corres el peligro de que algo de lo que me digas se sepa -Sam mostró una pequeña sonrisa e Iris pudo sentirse más cómoda después de eso- si no quieres hablar está bien, solo quiero que te puedas sentir mejor, además que Lili también necesita ayuda pero no me creo capaz de hacer algo por ella, de seguro me golpeará como lo está haciendo en este momento con esa pared.
Sam volvió a sonreír, un poco más esta vez; dejó de tocar la guitarra, la puso de pie a su lado, se sentó en su cama y le hizo señas a Iris para que se sentara a su lado, ella se acercó y tomó asiento. Sam la abrazó con fuerza, Iris se puso roja cual tomate y lo abrazó de regreso, no hubo palabras por un par de segundos, solo se escuchaba el retumbar de los golpes de Lili sobre el muro.
-¿Estás segura que quieres ayudarme? -la voz de Sam sonaba quebrada, como si tuviera un buque atorado en la garganta que le evitara respirar con tranquilidad.
-Claro que sí -respondió la chica un poco temerosa pero dispuesta a hacerlo.
-Bien -dijo el chico levantándose junto a Iris sin soltar el abrazo.
La diferencia de estatura era notable, ella era mucho más baja que él, le llegaba a la altura del corazón y estando así abrazados podía escuchar como latía; parecía estar corriendo una maratón, estaba latiendo a gran velocidad lo cual la preocupó.
-¿Sam...? -antes de decir una palabra más el chico desplegó sus alas, estaban descoloridas, débiles y se arrastraban por el suelo, acto seguido una gran aura celeste llenó toda la habitación acompañada de un frío polar que calaba hasta los huesos- ¿Sam...?
todo ese clima se intensificó y se fue concentrando cada vez más en el muchacho, el frío era tal que había comenzado a congelar el cuerpo de Sam, Iris no sabía que hacer, él se iba a morir congelado, Sam sonreía como si todo estuviera bien, ella no entendía nada, lo único que hacía era observarlo y abrazarlo cada vez más fuerte pero cada vez el frío era más intenso haciendo que fuera más difícil seguir abrazándolo. Una delgada capa de escarcha cubría por completo el cuerpo del muchacho, ella lo miraba como buscando una indicación de como continuar, él simplemente sonreía, después de un instante lo comprendió, ese frío era todo aquello que Sam quería soltar y la única manera de ayudarle era derritiendo todo eso. No sabía si ella tenía esa capacidad, pero él confiaba en ella para hacerlo, así que se concentró lo más que pudo en esa energía que llenaba de calor al mundo y que sabía que ardía dentro de ella, de pronto comenzó a sentir que una llama se extendía por todo su cuerpo comenzando a crear un aura igual de grande que la surgida de él, pero en esta ocasión de un color lila, igual que había sucedido con el muchacho ella reunió todo esa energía en sí misma y comenzó a derretir poco a poco el cuerpo de Sam. Poco a poco el frío se reducía y el ambiente se sentía más templado, un par de minutos después el muchacho se dejó caer, el peso era tal que Iris tuvo que sostenerse con fuerza para no ceder por el peso de él; las alas de Sam se irguieron restauradas de color y vida.
-¿Sam? -volvió a preguntar ella.
-Vas a gastar mi nombre de tanto usarlo -bromeó él y ambos soltaron una carcajada- ahora debo ir a ayudar a Lili.
-No será necesario -Lili apareció en el umbral de la puerta destilando sangre por sus manos, los nudillos destrozados y la cara oscurecida por el dolor- ya estoy aquí...-se desmayó delante de ellos cayendo estruendosamente contra el suelo.
-¡Lili! -gritó Sam y se lanzó hacia ella- Maldición -soltó tomándola en sus brazos- esta peor de lo que me imaginaba, tenemos que llegar rápido a Géminis, quizá los sabios puedan ayudarnos. Ninguno de nosotros tiene poder de curación del que ella necesita, debemos darnos prisa no hay tiempo.