Capítulo 65

631 Palabras
Gabrielle Ashe habia echado a correr lo mas rápido que podía cuando entro en la sala de producción de la tercera planta del edificio de la ABC News. Aun así, se movía mas despacio que todo el personal de la sala. La intensidad que reinaba en el departamento de producción era febril las veinticuatro horas del día, pero en ese preciso instante en las cabinas que tenia delante se vivía una agitación parecida a una sesión de bolsa bajo los efectos del speed. Los enloquecidos directores de montaje se gritaban por encima de los tabiques de sus compartimientos, reporteros que no dejaban de agitar faxes iban de cabina en cabina comparando notas y los frenéticos subalternos engullían Snickers y Mountain Dew entre recado y recado. Gabrielle habia ido a la ABC a ver a Yolanda Cole. Normalmente podía encontrarse a Yolanda en las altas cumbres: los despachos privados con paredes de cristal reservados a los altos cargos que, de hecho, necesitaban un poco de tranquilidad para poder pensar. Esa noche, sin embargo, Yolanda estaba en la zona común, metida hasta las cejas en lo que allí se cocía. Cuando vio a Gabrielle, soltó un grito de alegría habitual. -¡Gabs! Llevaba puesto un vestido de una pieza de batik y gafas de concha. Como de costumbre, del cuello le colgaban unos cuantos kilos de llamativa bisutería como oropel. Se acerco hacia ella con paso torpe, saludándola con la mano. -¡Un abrazo! Yolanda Cole llevaba dieciséis años como editora de contenidos de la ABC en Washington. Era una polaca de rostro pecoso, fornida y un poco calva a la que todos llamaban cariñosamente >. Su aspecto de matrona y su buen humor ocultaban una implacabilidad innata a la hora de conseguir una historia. Gabrielle habia conocido a Yolanda en un  seminario de asesoramiento sobre mujeres en la política al que habia asistido poco después de su llegada a Washington.  Habia empezado a hablar sobre su currículo, los retos que representaba ser mujer en el D.C y terminado con Elvis Presley, una pasión que, sorprendemente, ambas compartían. Yolanda acogió a Gabrielle bajo el ala y la ayudo a hacer contactos. Ella todavia pasaba a saludarla todos los meses. Gabrielle le dio un gran abrazo,  un poco mas animada ante el entusiasmo que su amiga habia mostrado al verla. Yolanda dio un paso atrás y la miro detenidamente. -¡ Pareces haber envejecido cien años, niña! ¿Que te ha pasado?  Gabrielle bajo la voz. -Estoy metida en un lió, Yolanda. -Pues no se me ocurre por que. Por lo visto, a tu hombre le va muy bien. -¿Hay algún lugar donde podemos hablar en privado? -Que inoportuna, cariño. El Presidente va a dar una rueda de prensa dentro media hora y todavia no tenemos ni idea de lo que va a anunciar. Tengo que reunir a algunos comentaristas expertos en el tema y estoy dando palos de ciego. -Yo sé cual es el motivo de esta rueda de prensa. Yolanda se bajo las gafas, en un gesto escéptico. -Gabrielle, nuestro corresponsal en la Casa Blanca no tiene ni idea de que va esto. ¿Vas a decirme que Sexton  juega con informacion privilegiada?  -No. Lo que digo es que soy yo la que tiene informacion privilegiada. Dame cinco minutos. Te lo contare todo. Yolanda echo una mirada al sobre rojo de la Casa Blanca. ¿De donde lo has sacado? -De una reunión privada que he tenido esta tarde con Marjorie Tench. Yolanda la miro durante un largo instante. -Sígueme. En la privacidad de la cabina de paredes de cristal de Yolanda, Gabrielle se sincero con su amiga, confesandole el affair de una noche que habia tenido con Sexton y el hecho de que Tench disponía de fotografías. 
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