MARGOT
—Señorita Smith, ¿me escucha? —dice un hombre con voz gruesa que se escucha demasiado cansado.
La mujer intenta abrir los ojos que le pesan demasiado, escucha al hombre demasiado lejos, como si estuviera soñando y él le hablara en su sueño.
Al despertar, Margot percibe el penetrante olor a desinfectante que impregna toda la habitación. Huele levemente a medicamento.
Siente el ambiente demasiado frío a pesar de las sábanas que la cubren, que por cierto, huelen a suavizante y no están para nada calientes.
—¿Qué ha pasado? —habla reflejando su dolor intenso de cabeza en su expresión de la cara.
—Señorita Smith ha tenido una intoxicación por consumo excesivo de alcohol, esta en el hospital North Florida Regional Medical Center. Se le ha administrado medicamentos de hidratación por intravenosa. —dice el que aparentemente es su doctor. Ella hasta ahora se percata de que tiene en su mano izquierda la cánula que lleva directamente al suero que se le ha dado, le duele un poco, pero lo pasa por alto— Además se le ha dado tiamina ya que necesita muchas vitaminas.
—¿Cuándo me dan de alta?
—En unas horas podrá irse, fue algo grave pero afortunadamente su cuerpo ha respondido bastante bien a los tratamientos que le hemos suministrado todos estos días. Deberá mantener reposo y…
—Espere, ¿qué dijo? —lo interrumpe—, ¿días? ¿Cuánto llevo acá? —dice algo alterada.
—Lleva dos días, señorita. Pero no se preocupe, como ya le dije, podrá irse hoy en la tarde —dice el hombre que luce viejo y agotado, intentando calmarla.
Mierda, esta vez sí me he pasado.
Margot se queda inmóvil, esta consternada. Lleva dos días en el hospital y aun así ha sobrevivido; ese es su único pensamiento.
Claro que nunca fue su intención que le pasara esto, pero parece que el destino está en su contra. Se ha bebido todo el alcohol posible del bar, se ha desmayado, ha terminado inconsciente en el hospital por dos días, DOS DIAS, y aun así, aquí sigue.
—Bueno… —se levanta el doctor con algo de dificultad, que estaba sentado a su lado —la dejo para que descanse —se dirige hasta la puerta.
—Espere —lo detiene—, ¿no hay nadie esperándome allí afuera?
—No señorita Smith, sus amigos la han traído de urgencias y no han vuelto —le responde el anciano con algo de pesar en su expresión facial.
En ese momento le llega un flash back a la mente: alguien la ha cargado cuando se desmayó y no fue ninguno de sus amigos.
Confusa le pregunta a su doctor:
—Disculpe, ¿recuerda cómo eran las personas que estaban aquí cuando me trajeron?
—Si claro, una mujer con cabello rubio, unos gemelos y un hombre alto con tatuajes.
¿Hombre alto y con tatuajes? No lo conoce.
—Con su permiso, voy a retirarme —habla el hombre cruzando la puerta de la habitación.
Cuando queda sola en es habitación tan grande y vacía como ella, se siente verdaderamente mal, siente que se le viene todo el peso de sus actos y sus sentimientos encima, todo lo que es noche y las anteriores ha tratado de olvidar. Odia estar sola con sus pensamientos, por eso siempre trata de estar ocupada en todo momento.
No hay nadie esperando a que se mejore.
No hay un ramo de flores, una tarjeta, un menaje, una llamada perdida, algo, lo que sea para darle ánimos.
No le importa a nadie.
Como desearía que su familia estuviera aquí. Se los imagina parados al frente de ella. Su madre estaría demasiado preocupada, estaría llorando tanto de felicidad como de tristeza. Su padre estaría intentando ocultar su preocupación con una bella sonrisa. Y su hermanita estaría sonriéndole con un hermoso peluche gigante de un elefante y muy suavecito en sus manos, porque sabría que a ella le alegraría tenerlo, ya que es su animal favorito.
Pero no están, y no lo estarán, al fin y al cabo, son solo imaginaciones de ella. Algo que usa a diario desde el día de su muerte.
Porque a veces se le hace demasiado difícil ignorar su ausencia.
Al llegar a casa, lanza las llaves a la encimera de la cocina mientras traga una pastilla que le recetaron.
Cuando fue a firmar la orden de salida y a pagar los medicamentos que debía tomar, le dijeron que alguien ya había pagado los medicamentos en su lugar.
Hombre alto y con tatuajes, el mismo que me cargó en sus brazos en el bar, que extraño, ¿quién podría ser y por qué me pagaría esto?
¿Habré bailado con él en el bar y no me acuerdo?
¿Y por qué él? ¿Dónde carajos estaban Zack y Jack?
Malditos cócteles, no recuerdo nada sobre eso.
Sube las escaleras que se encuentran al lado derecho de la casa, al llegar al pasillo del segundo piso, camina derecho hasta la tercera puerta a la derecha, ignorando a propósito las dos habitaciones cerradas con llave; en las que no ha podido entrar desde hace tres meses.
Se tumba en la cama y sus ojos se cierran inconscientemente.
Al despertar se da cuenta que ya es de noche, parece que ha dormido alrededor de 4 horas. No se ha movido ni un centímetro, despertó en la misma posición en la que se acostó. Ha caído rendida.
Al revisar su celular ve que tiene 2 llamadas perdidas de Zack y… ¿ninguna de Emily? ¿Es en serio? De verdad no le importa un carajo, puede estar muerta y ella ni enterada.
Los pensamientos intrusivos llegan de golpe:
¿Y si vuelvo al bar?, solo para probar si recuerdo algo.
Oh, vamos, eso ni yo me lo creo, yo quiero saber es quién era el hombre que me ayudó. Tal vez esté allá.
Bueno y tal vez también quiero bailar. Hay que distraerse un poco, ¿no?
Dicen por ahí: lo que no te mata, te hace más fuerte.
Sonríe y comienza a buscar que ponerse. No le dirá a nadie que la acompañe, nadie se interesó en ella cuando estaba mal, ¿por qué tendría que avisarles?
Lleva un vestido color vino muy corto con tacones negros que se amarran alrededor de los tobillos. Se ha recogido el cabello en una coleta alta para resaltar su profundo escote en la espalda, además de los hermosos pendientes dorados que cuelgan de sus orejas.
Percibe las miradas de varios chicos que la miran fascinados, no les presta atención y camina con la cabeza en alto hacia la barra.
Exactamente, esta era la distracción que necesitaba.
—Hola, por favor quie-
—Disculpe señorita, ¿es usted la que se desmayó la otra noche? —la interrumpe el chico de la barra que la ha reconocido— no puedo servirle más nada, me lo han prohibido mis jefes, se ha hecho un escándalo cuando se desmayó. Casi tuvimos que cerrar el bar. Lo siento mucho, pero no puedo prestarle el servicio.
—¿Qué? —dice exaltada— ¿Cómo que no? Eso solo fue un incidente, no fue para tanto. Quiero que me sirva un trago ahora mismo —prosigue elevando el tono de voz y moviendo las manos en un gesto de molestia.
—Sírvale un trago a la bella dama, José, y cárguelo a mi cuenta —habla un hombre indicándole al barman, mientras toma asiento al lado de Margot.
Es un hombre alto, con cabello n***o perfectamente peinado hacia atrás, es de tez blanca, está perfectamente afeitado lo que resalta su mandíbula marcada.
Está vestido con un abrigo de cuero entallado al cuerpo, lo que evidencia que los músculos de su espalda y sus brazos están bien trabajados. Lleva unas gafas oscuras, por lo que ella no puede verlo muy bien.
—Señor, pero no pue-
—José, ¿es que no me ha escuchado?, le dije, sírvale un trago a la señorita— enfadado interrumpe al barman cuando se atreve a refutar su orden. Lo mira con aires de superioridad y José obedece su orden inmediatamente asintiendo una sola vez con la cabeza.
—Disculpe, ¿nos conocemos caballero? —le dice Margot con una sonrisa seductora al hombre con aires de misterio que no puede ver muy bien por la oscuridad del lugar.
El caballero se quita las gafas y mira fijamente con una sonrisa a la mujer que tiene a su lado. Deja en evidencia sus ojos azul celeste que utiliza como arma de seducción a cualquier mujer que se le acerque y dice:
—Parece que no. Un gusto, Ryan Foster —extiende su mano. Ella le devuelve el gesto y el procede a besarle el dorso de la mano en un gesto cautivador.
—Margot Smith, un gusto. Gracias por el trago, por cierto.
—Es un placer, Margot. ¿Me permite invitarla a bailar? —dice con una sonrisa pícara, mientras le tiende la mano insinuando ir a la pista de baile.
Ella le recibe el gesto mientras él le posa su mano izquierda en su espalda baja desnuda para dirigirse al centro del lugar. La mujer se estremece bajo el contacto y siente como un electrificante calor le enciende todo el cuerpo.
Al llegar el hombre le hace un gesto con la mano al DJ que parece que lo ha entendido perfectamente bien. Empieza a sonar por todo el lugar Can´t Help Falling In Love de Elvis Presley y las luces de colores se atenúan para ambientar el lugar en un escenario más romántico.
Margot se ha dado cuenta de todo. Ha quedado maravillada con el poder que tiene este hombre aquí, esos aires de superioridad la atraen muchísimo. Y el gesto le ha parecido de lo más romántico.
—Es de mis canciones favoritas —habla muy emocionada y con una sonrisa de oreja a oreja.
—Me intriga saber que otras cosas te gustan —le susurra cuando se acerca a su oído—Imagina lo que podríamos lograr si nos dejamos llevar —le dice cuando se aleja de su oreja y le sonríe insinuante.
Ella contempla esos hermosos ojos vibrantes, y comienzan a bailar.
Parece tallado por los mismísimos dioses.
Mientras la música envuelve la pista de baile en una atmosfera de complicidad, Margot y Ryan se mueven al ritmo de la música romántica, sus cuerpos tan cerca que casi se fusionan en un baile cautivador. Con cada movimiento coordinado, la tensión entre ellos aumenta, sus ojos se encuentran en miradas cómplices y sugerentes.
Ninguno de los dos ha sentido algo parecido a lo que sucede en este instante, un romanticismo y una atracción inesperados que hace que no puedan apartar sus ojos el uno del otro.
La química entre ellos se hace cada vez más evidente, creando un ambiente cargado de emoción y atracción mutua. Tanto así que se han olvidado del resto de las personas a su alrededor, solo son ellos dos, dos desconocidos que para el resto de las personas parecen no serlo; porque han despejado toda la pista de baile para admirar la conexión que ellos dos emiten.
Todo el mundo los está mirando, mientras giran y bailan por todo el lugar.
La música los guía en una danza íntima, donde cada paso parece ser una declaración silenciosa de sus aún no claros sentimientos.
De repente, en un giro audaz, Ryan atrae a la hermosa mujer hacia sí con firmeza, sus rostros están a centímetros de distancia, pueden sentir sus respiraciones agitadas. El silencio habla por sí mismo, el deseo palpable en el aire. Sin pensarlo dos veces el hombre la acerca hasta su boca y se funden en un beso apasionado y ardiente.
En ese instante, para ella, el tiempo se detuvo y todo lo demás desapareció, dejando solo espacio a la intensidad del momento compartido entre ambos.
Un total desconocido que la ha hecho sentir mas viva en una sola noche, de lo que ha podido sentir en toda su vida.
Se separan al terminar la canción y salen de su hechizo. Observan a todas las personas que están aplaudiéndoles. Margot se sonroja de la vergüenza, todos están mirándolos, mientras que Ryan parece encantado por haber llamado la atención de todas las personas del lugar.
—Parece que hemos dado todo un espectáculo— habla la mujer, que su cara se ha puesto del color de su cabello.
—Por supuesto que dimos un espectáculo, linda. Cuando dos personas como nosotros se juntan, es inevitable no encender la chispa y no llamar la atención. Entonces, ¿estás lista para descubrir hasta donde podemos llegar esta noche? — se expresa con aires de suficiencia mientras le guiña un ojo.
—Según tú, ¿a dónde podríamos llegar? — le responde siguiéndole el juego.
—Por el momento, a mi apartamento. — se lo dice con humor y sin su sensualidad característica. Se ríe.
A ella le hace gracia su comentario, sabiendo que es una propuesta indecente, pero la manera en que lo dijo causa que se rían.
Bien, ¿por qué no? Igual no pierdo nada con ir, nada que no haya perdido antes. Se ríe internamente.
—¿Tienes carro?
—Esperando afuera, ¿vamos? —le ofrece su brazo y salen juntos del bar.
La noche se puso interesante.
Se regodea internamente por su acierto, que hombre más guapo, no pudo elegir mejor.