CAPÍTULO 4: EL PRINCIPIO DEL FIN

2673 Palabras
MARGOT Entre besos y caricias Ryan abre la puerta de su apartamento. Deja las llaves en la encimera de la inmensa cocina ubicada al lado derecho de la casa. Mientras camina, agarra de los muslos a Margot la alza para subir con ella las escaleras. Ella lo rodea con las piernas y lo besa más intensamente; sus bocas se abren mucho más y les abren paso a sus lenguas, mientras él le desabrocha el vestido cuando llegan a la habitación principal. El beso se vuelve más profundo, mas urgente. Las lenguas se entrelazan en un baile apasionado, explorando con una intensidad que hace que el mundo exterior desaparezca. Él le quita el vestido completamente y ella queda en lencería. Ryan se aleja un poco para admirarla, la mira con ansia de dejarla sin nada. Margot se siente insegura, sabe que está muy delgada porque no ha comido bien todos esos meses. La mirada de él la pone muy nerviosa, entonces intenta taparse un poco con los brazos. Sabe que a los hombres no les gustan las mujeres inseguras de su cuerpo, pero no puede evitar esconderse. Él nota su incomodidad, se acerca y le aparta los brazos que la están cubriendo. No quiere que se sienta insegura. A él le parece extremadamente atractiva, tal como está, con y sin sus defectos, le encanta, desde la primera vez que la vio. —No tienes que cubrirte —habla mientras le muerde el labio inferior. Ella no sabe que responder. Lo ha notado, ha notado una de sus mas grandes inseguridades. Esa que jamás le ha dicho a nadie. —A mi me encantas tal y como estas. Déjame demostrártelo. —prosigue cuando no recibe respuesta. La mira con deseo y cuando ella observa el bulto que se marca en sus pantalones, sabe que quiere dejarlo hacer todo lo que quiera con ella. La habitación estaba iluminada tenuemente por la luz de la luna, a pesar de la oscuridad, podían verse perfectamente. Él la mira con anhelo, sus ojos reflejan la intensidad del momento mientras su mandíbula se tensa. Con fuerza la tumba boca arriba sobre la cama y se desliza hacia abajo, sus labios dejan un rastro de besos húmedos en su piel, iniciando en su cuello, bajando por sus pechos y su abdomen. Cuando llega a su punto sensible la mira directamente a los ojos, le sonríe divertido y pasa a besar sus muslos, dejándola a la espera y con ganas. Le abre las piernas para besar la parte interna de sus muslos y muerde un poco. Ese gesto hace que ella se estremezca y eche la cabeza hacia atrás con placer. Emite un pequeño quejido cuando él le aparta su ropa interior y comienza a besarla ahí. Ella cierra los ojos mientras él explora cada rincón. Sus labios y lengua se mueven con habilidad, encontrando el clítoris, lame y succiona subiendo un poco la velocidad. —Mírame, quiero verte excitada —le dice separándose un momento. Ella obedece, lo mira fijamente y le suplica que siga. Le sonríe y prosigue, esta vez con mayor deseo, saboreando cada punto sensible. Busca que ella emita sonidos y movimientos que le indiquen que esta en el camino correcto. Las manos se aferran a sus caderas mientras intensifica sus movimientos. Los suaves suspiros de ella se convierten en jadeos, su cuerpo respondiendo a cada caricia. Sus manos se aferran a las sábanas mientras sus caderas se elevan buscando mas del placer que él le está brindando. Él eleva las manos hacía su cintura y aprieta fuerte; haciendo que ella suelte un gemido desde el fondo de su garganta. Cada movimiento de su lengua hacía encender un fuego en su vientre. Siente como todo su cuerpo se tensa. Él no deja de observarla ni un segundo. Hasta que finalmente con un gemido profundo, ella se deja llevar, sus músculos se relajan mientras se envuelve en una oleada de placer. Ryan la saborea por última vez y luego se levanta mientras la deja tomar un respiro, empieza a quitarse la camiseta blanca que lleva puesta y el pantalón sin dejarla de observarla, así como ella tampoco aparta su vista. Contempla los tatuajes que tiene en el pecho, sus grandes músculos, y el abdomen marcado. La habitación se siente cargada de expectativa. La tensión se puede cortar con un cuchillo. Él la mira profundamente, y sin decir una sola palabra, se inclina hacia ella, cortando la distancia la besa suavemente. Rápidamente ese beso se transforma en uno apasionado, sus lenguas se unen mientras sus manos recorren el cuerpo del otro con urgencia. Ella deja escapar un gemido cuando el desliza las manos por sus costados, quitándole el brasier. Él posa sus labios en su cuello, mientras baja una mano hacia sus senos, empieza a acariciar uno de ellos. Baja por su cuello hasta su pecho, dejando una serie de besos calientes. Toma uno de sus pezones entre los labios, succiona, lame y muerde levemente mientras su otra mano baja para desnudarse él mismo. Se inclina sobre ella, sus cuerpos presionándose mientras el calor de su piel enciende más su deseo. Él agarra las dos manos y las sube encima de la cabeza de ella, dominándola. —Quiero entrar en ti —dice él con voz gruesa encontrando la mirada de ella con deseo, una mirada que casi la deja sin aliento. Él se toma un momento para admirarla y luego procede a penetrarla lentamente, ella siente todo el placer inmediato. Ambos dejan escapar un gemido al unísono. —Eres todo lo que necesito en este momento —le dice ella entre jadeos. Se mueve dentro de ella acelerando la velocidad, entrando y saliendo. Cada embestida la llena de una sensación abrumadora de placer. Ella tiembla bajo su gran cuerpo mientras se aferra a sus hombros, enterrándole las uñas en ellos. Mueve sus caderas al compás de sus embestidas. Los suspiros y gemidos llenan la habitación llevándolos cada vez más cerca del éxtasis. Finalmente, la ola de placer la arrasa, su cuerpo se estremece alcanzando el clímax. —Ryan…— su nombre escapa de sus labios en un grito ahogado. —Oh, Dios…—jadeó el mientras se deja llevar dentro de ella, mientras sus respiraciones agitadas se mezclan. Se desploman juntos en la cama, mientras sus pechos suben y bajan. Con suavidad la atrae hacía sí, la rodea con los brazos y sus labios se unen en un inesperado tierno beso. —Fue increíble— le dice ella enterrando la cabeza en su pecho y abrazándolo más fuerte. —Siempre lo es con alguien que sabe lo que quiere— responde él sinceramente. Se quedan así, disfrutando de su cercanía hasta que ella se queda dormida. Sabiendo que, aunque solo fueran desconocidos, ese momento les pertenecía. Y aunque él tuviera una regla de oro: jamás dejar que se quede una mujer que es un lío de una noche; con ella hace una excepción. Hay en ella algo diferente, algo que hace que no le moleste dejarla dormir en su casa. Algo que hace que no pueda apartar los ojos de su cara. Algo que en este momento está haciendo que la observe dormir mientras le acaricia el cabello suavemente. Y tiene miedo, tiene miedo de que esto se convierta en algo más, nunca le abre su corazón a nadie y menos a una mujer. Y no tiene por qué suceder ahora. Aparta las manos de ella alterado y se levanta de la cama. Dormirá en el sofá. A la mañana siguiente Margot se despierta y no ve a Ryan a su lado. Parece que no durmió con ella. Confundida, se levanta y observa que hay una pequeña nota en la mesa de noche. Es de Ryan. Toma la nota ansiosa, espera que no sea nada malo, luego de la noche anterior sería un desgraciado sí le dice algo malo, bien que lo hacía gemir. Despliega la carta. Las palabras escritas a mano en el papel dicen: “Lo siento, tuve que irme temprano, gracias por lo de anoche. Puedes bajar a desayunar, Marie te hará el desayuno. Te dejo mi número por si quieres repetir.” ¿Marie? ¿Tiene cocinera? Sonríe embobada volviendo a leer la carta. Lo que sucedió anoche fue increíble, se siente de maravilla. Nadie la había cogido de esa manera. —¡Dios! ¡Qué hombre! —habla en voz alta recordando la forma en que la follaba y lo grande que lo tenía. Ríe internamente. La habitación es grande, muy espaciosa e iluminada, con una gran ventana que da a la ciudad desde el piso 13. La cama es tamaño King y tiene un gran televisor al frente de ella. En la pared de la izquierda se encuentran unos estantes con decoraciones minimalistas, en sí toda la habitación tiene estilo minimalista, un estilo pulcro y con tonos fríos. Mientras busca su ropa interior debajo de la cama, encuentra un objeto pegado en la estructura de la cama, lo toma, parece ser… —Mierda… —se tapa la boca ahogando un grito. Es un arma. ¿Quién diablos es este tipo?, bueno, puede ser por seguridad, ¿no es así? Parece tener mucho dinero, puede ser por si ocurre un robo y tiene que defenderse. Estoy malinterpretando la situación. En su curiosidad, vuelve a revisar debajo de la cama, y además de encontrar sus interiores, encuentra un paquete de cocaína, pero no es solo uno, son varios, y rodean toda la estructura de la cama por debajo de ella. Abre los ojos asustada e impresionada por la cantidad de “ladrillos” que hay. ¿Con qué clase de tipo me metí? ¿Será que es peligroso? Alterada vuelve a dejar todo en su lugar y se viste rápido. Tiene que fingir que no vió nada, Ryan no puede darse cuenta de nada. Podría hacerle daño sí sabe que descubrió su secreto. Piensa bajar a la cocina, desayunar, y actuar normal. Le tiemblan las manos. Antes de salir de la habitación se queda observando un cuadro con marco dorado; es una pintura de una mujer desnuda que tiene en la mano una rosa que le tapa toda la cara. Le parece hermoso, pero desentona con la habitación, hay algo extraño. Se queda observándolo un rato más, rodea el marco con sus manos y se abre… Hay una caja fuerte detrás. Lo sabía. Da un salto de la emoción. Sabía que había algo extraño. Tampoco es una estúpida. La observa, se abre con una contraseña, con una combinación alfanumérica de tres letras y tres números con el siguiente orden: Dos letras-Un número del 0 a 9-Una letra-Dos números del 0 al 9. Sabe de esto porque su padre era un aficionado a las cajas fuertes, le interesaban mucho, incluso sabía cómo abrirlas. Ella siempre lo observaba a escondidas, hasta que una vez su padre la descubrió y desde ahí le enseñó. Si tan solo tuviera las herramientas para abrirla. Es una caja fuerte complicada, no solo tiene la contraseña, también necesita la huella dactilar del dueño. Se rinde, no tiene como abrirla. Cierra el cuadro y limpia con su camiseta el marco, no debe dejar ningún rastro de que la ha visto. Baja a desayunar, es un apartamento Dúplex, es muy bello, las escaleras son negras con estilo moderno. La sala de star es muy grande, tiene un sofá cama de 4 plazas y a su lado hay otro sofá con 3 plazas. En el medio se encuentra una mesa auxiliar color blanco, con un florero con margaritas. No tiene televisor, tiene un proyector. Las cortinas están abiertas dejando entrar el sol de la mañana, con una vista hermosa de la ciudad. Cuando entraron no pudo apreciar muy bien el apartamento, por obvias razones. Va directo a la cocina pasando por el comedor de 10 puestos. Allí encuentra a la que debe ser Marie, una mujer de unos 50 años, preparando algo en un bowl gigante. —Buenos días, usted debe ser Marie, mucho gusto soy Ma- —Margot, buenos días, el amo ya me habló de usted. ¿Qué desea desayunar? —la interrumpe. ¿Le dijo amo? —No se preocupe, lo que tenga está bien —disimula. Marie asiente con la cabeza y se pone a preparar unos waffles con jugo de naranja. Luego de un rato de silencio Marie le habla: —Y cuéntame querida, ¿Dónde conociste al amo? —En un bar, evitó que hiciera un escándalo porque el barman no me quería servir un trago —se ríe mientras lo dice. —Que interesante, el amo me dijo que fue por… —se frena. —¿Por qué? —Margot la incita a seguir mientras hace un gesto con la mano para que prosiga. —Nada, me he confundido. Está listo su desayuno. Luego de comer puede retirarse. —sonríe falsamente y sale apresurada de la cocina. Margot frunce el ceño, confundida. ¿Y eso qué fue? Se come sus waffles con mucho gusto, tenía bastante hambre. Toma de un solo trago el jugo de naranja y se levanta para irse. —Hasta luego Marie, gracias por el desayuno. No recibe respuesta. Parece que es mejor que se vaya. Salir y no volver. O de pronto si, tal vez solo por curiosidad. No, mejor no, no sé con quién estoy tratando. Antes de salir recibe una llamada de Zack, responde. —Hey tigresa —es un apodo que le tiene de cariño por su cabello rojo— ¿Cómo seguiste? Sé que saliste del hospital. Margot no tiene humor para discutir con él. No le importó ir a verla cuando casi muere, pero no tiene por qué tratarlo mal ni pedirle explicaciones. —Bien —responde fríamente. —Wow, que seca. En fin, voy a pasar por tu casa a llevarte unas cosas. Nos vemos ahí. —No estoy en casa Zack, y no voy a volver pronto, mejor nos vemos mañana en la universidad. —¿Dónde estás? —No importa, luego hablamos, ¿sí? —se está empezando exaltar. No me va a visitar en el hospital y, tras de ello, me pide explicaciones de dónde estoy. —Ey, tranquila, solo era una pregunta. Calmada tigresa —se ríe—. Bueno nos vemos mañana, tómate algo para que se te bajen los humos —cuelga el teléfono. —Idiota —dice enojada metiendo el celular al bolsillo. Cruza la puerta del apartamento y encuentra dos hombres custodiando la entrada, están vestidos con trajes y gafas negros, cada uno lleva un audífono en una oreja. Margot observa a sus dos lados y frunce el ceño confundida. —Eh… Buenos días. ¿Y ustedes quiénes son? —dice pasando su mirada de un hombre al otro. Ellos no responden, no hacen ni un solo gesto, se quedan inmóviles, ni siquiera la miran. —Bien, como parece que no van a responder me largo de aquí —camina hacia el ascensor. Sabe que seguramente están custodiando el apartamento. ¿Serán sus guardaespaldas? Parecen tener ordenes de no hablar con nadie. ¿Qué clase de hombre es Ryan? ¿En qué está metido? Sale del edificio hacia la parada del bus, y cuando camina tres cuadras se detiene en la vitrina de un local para ver su reflejo y arreglar su cabello. Hasta que enfoca bien y ve hacia adentro. No puede ser… ¿Ese es? Sí, si es Ryan, está sentado en un café con un hombre alto de traje n***o. Margot ve como el hombre le pasa una bolsa pequeña de pastillas de colores. Seguramente drogas. Ella observa cuidadosamente y de repente Ryan voltea la cabeza hacia ella. Margot se sobresalta y gira rápidamente la cabeza disimulando, y continúa caminando a un paso mas acelerado lejos del café. Mierda, ¿se habrá dado cuenta? Cierra los ojos y se pega un pequeño golpe en la frente con la mano. Qué estúpida, seguro sí me vió.  Corre hacia la parada del bus; que está a punto de irse.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR