NO SOY UNA INTRUSA

2104 Palabras
El primer día de viaje fue extrañamente normal. Viajaron en forma humana, conservando energía, moviéndose a un ritmo constante que devoraba kilómetros sin agotarlos. El territorio de la Manada Lobo Salvaje era familiar, bosques que Artemis conocía como la palma de su mano, pero con cada paso hacia el norte, sentía que algo en el aire cambiaba. Se volvía más frío, más denso, como si la atmósfera misma se tensara ante la ansiedad que Artemis sentía en su corazón. Rifen hablaba poco, pero cuando lo hacía, compartía detalles sobre el Norte. Datos que a ambas mujeres les parecieron interesantes, la geografía, los peligros potenciales y el cómo sobrevivir en un clima que podía matar incluso a un lobo si no tenías cuidado. Lyra caminaba en silencio la mayor parte del tiempo, pero Artemis notaba cómo su mirada se desviaba constantemente hacia Rifen. Cómo estudiaba su perfil cuando pensaba que nadie la veía. Cómo su respiración cambiaba cuando él hablaba. Y Rifen, por otro lado, era más sutil, pero Artemis había vivido demasiado tiempo para no reconocer las señales. La forma en que se posicionaba siempre ligeramente más cerca de Lyra que de Artemis. Cómo sus ojos buscaban confirmar que ella estuviera bien después de cada terreno difícil. El modo en que su cuerpo se tensaba cuando Lyra tropezaba levemente. —Ellos son mates —le confirmó Scarlet a Artemis con una mezcla de felicidad por su amiga y envidia que odiaba admitir—. Definitivamente son mates. —Volvió a admitir la loba. Cuando el sol comenzó a descender, Rifen las guió hacia un pequeño claro protegido por árboles. Ambas mujeres fueron testigos de cómo Rifen se acercó a uno de los grandes árboles. Lo acaricio y susurro algo. De repente las ráfagas de viento fueron cesando y todo se tornó silencioso. —Acamparemos aquí esta noche. Hay un arroyo cerca para agua fresca y la cobertura de árboles nos ocultará de ojos no deseados. —¿Esperas problemas? —preguntó Artemis. —Siempre espero problemas. —Rifen comenzó a recoger leña—. Es por eso que sigo vivo. Lyra ayudó a establecer el campamento, extendiendo mantas, preparando el área para el fuego. Artemis notó cómo evitaba cuidadosamente cualquier contacto físico con Rifen, como si tuviera miedo de lo que podría pasar si se tocaban nuevamente. Cuando el fuego estuvo encendido y la oscuridad cayó completamente, los tres se sentaron alrededor de las llamas. Rifen sacó carne seca y pan de su bolsa, distribuyéndolo. —No es gran cosa, pero nos mantendrá hasta mañana. —Créeme cuando te digo que he comido peor. —Artemis mordió el pan, que estaba sorprendentemente fresco—. Mucho peor. Un silencio cayó sobre ellos. El sonido del crepitar del fuego era el único además del ocasional aullido distante de lobos salvajes. Finalmente, Lyra habló. —Rifen, ¿puedo preguntar algo? —Él levantó la vista, esos ojos azules reflejando las llamas. —Por supuesto. —Dijiste que serviste a Ragnar toda tu vida. —Lyra se inclinó hacia adelante—. ¿Cómo es? ¿O cómo era antes de la maldición? —Rifen consideró la pregunta por un largo momento. —Intenso. —Una pequeña sonrisa tocó sus labios—. Todo lo que hacía era con absoluta convicción. Cuando amaba algo, lo amaba ferozmente. Cuando odiaba, era implacable. No había medias tintas con Ragnar. —Suena agotador —comentó Artemis quitándose sus espadas de la espalda y dejándolas descansar muy cerca de su alcance. —Lo era. —Rifen se rió suavemente—. Pero también era inspirador. Te hacía querer ser mejor, más fuerte y mucho más valiente. Porque si él podía enfrentar cada desafío con esa intensidad, ¿cómo podías tú rendirte? —Miró a Artemis directamente. —Eres como él en eso, creo. Esa misma intensidad. Esa misma negativa a doblarte incluso cuando todo se pone en tu contra. —Artemis no sabía cómo responder a eso. —¿Tenía amigos? —preguntó Lyra—. ¿Familia? —Su familia murió en la Guerra de las Tres Manadas. —La voz de Rifen se oscureció—. Esa fue parte de la razón por la que luchó tan duro para detenerla. Había visto lo que la guerra le hacía a las familias. En cuanto a amigos... —sonrió—, me consideraba uno, creo. Aunque nunca lo dijo explícitamente. No era del tipo que expresaba sus sentimientos fácilmente. —Definitivamente suena como alguien que Artemis conocería —murmuró Lyra, ganándose una mirada de su Alfa. —¿Qué se supone que significa eso? —Significa que llevas dos siglos sin decirme que me quieres y yo soy tu mejor amiga. —Lyra sonrió dulcemente—. No puedo imaginar cómo sería estar románticamente involucrada contigo. —Artemis le lanzó un pedazo de pan, que Lyra atrapó riendo. Rifen las observaba entre sonrisas. Había algo en sus ojos, algo muy cercano a la melancolía, quizás. Como si estuviera recordando momentos similares con su Rey antes de que todo se desmoronara. Pues, aún había cosas que no podía decirles. Cosas que posiblemente pueden hacer que pierda muchas cosas, incluida su vida. —¿Qué más? —preguntó esta vez Artemis—. ¿Tenía hobbies? ¿Cosas que le gustaba hacer además de reinar? —Le encantaban los libros. —Rifen se recostó contra un árbol—. Tenía una biblioteca enorme en el castillo. Le encantaba todo lo relacionado a la historia, filosofía, poesía incluso. Solía leer hasta el amanecer cuando no podía dormir. —¿Poesía? —Artemis sintió todo su cuerpo estremecerse, levantó una ceja—. ¿Un rey guerrero que lee poesía? —Los mejores guerreros entienden tanto la belleza como la brutalidad. —Rifen se encogió de hombros—. Ragnar creía que para proteger algo, primero debías entender su valor. ¿Cómo proteges la belleza si nunca te has tomado el tiempo de apreciarla? Artemis sintió algo moverse en su pecho. Podría ser gracias a la enorme curiosidad que le estaba provocando conocer a este Rey maldito. Estaba volviéndose más real con cada detalle que Rifen compartía. —¿Y entrenamiento? —preguntó—. ¿Cómo luchaba? —Ahora Rifen realmente sonrió. —Como un demonio. Es muy rápido, brutal, sin desperdicio de movimiento. Me pateó el trasero al menos cien veces en sparring antes de que finalmente lograra un empate. —¿Solo un empate? —Lyra parecía impresionada. —Solo uno. —Rifen se rió—. Y estoy bastante seguro de que me dejó ganar porque quería demostrar que yo era digno de ser su general. —Después de ese intercambio, se quedaron en silencio por un momento. Entonces Artemis preguntó la cuestión que había estado rondando su mente. —Rifen. ¿Él cree que soy yo? ¿Qué soy su mate? —La expresión de Rifen se volvió seria y no pasó desapercibida para la alfa. —No estoy seguro. Como bestia, sus instintos son más fuertes que su mente racional. Es posible que su lobo lo sepa incluso si su conciencia humana no puede procesarlo completamente. —Por eso te ordenó que no me llevaras porque sabe que hay algún tipo de conexión entre nosotros y una parte de él sabe que si me veía, si nos encontrábamos. Podría terminar muy mal —Rifen asintió—. Es más fácil vivir sin esperanza cuando no sabes qué te estás perdiendo. —Artemis miró al fuego, viendo patrones en las llamas. Dando paso a la horrible sensación de soledad que ha sentido todos estos años. —¿Y tú? —preguntó suavemente—. ¿Tienes mate, Rifen? —Sintió a Lyra tensarse a su lado. La Beta no quería hablar de eso. Sabía que no le haría bien a su amiga. Por otro lado, Rifen se quedó muy quieto. Luego, lentamente, sus ojos se movieron hacia Lyra. —Creo... —Rifen buscó permiso en los ojos de Lyra—, pero es complicado. —¿Por qué es complicado? —Presionó Artemis, aunque ella ya sabía exactamente por qué. —Porque acabo de conocerla y hay cosas más importantes en juego ahora. Porque —miró de nuevo a Lyra—, no estoy seguro de ser digno de ella. —Lyra dejó escapar un gemido y tenía todas las intenciones de desvivir a su pareja destinada. Estaba molesta, pues le dijo que no lo hablaran enfrente de Artemis. Artemis miró entre los dos y decidió que ya era suficiente tortura por una noche. —Voy a dar un paseo. Revisar el perímetro. Ustedes dos... hablen. O no hablen. Lo que sea. —Se puso de pie, acomodando de nuevo sus espadas en su lugar—. Solo no hagan nada que yo haría. —Eso deja un montón de opciones abiertas —murmuró Lyra queriendo liberar la tensión que se formó. Artemis le lanzó una sonrisa antes de alejarse hacia la oscuridad del bosque. Caminó lo suficientemente lejos como para darles privacidad, pero lo suficientemente cerca como para intervenir si surgía algún peligro. Luego se recostó contra un árbol, mirando las estrellas a través de las ramas. Podía escuchar voces distantes. No palabras, solo el murmullo de conversación. Luego silencio. Luego, ¿risas? Sonrió con pesar para sí misma. Al menos alguien encontraría felicidad en este viaje. El viento cambió, trayendo un aroma que hizo que todos sus sentidos se pusieran alerta. Artemis se enderezó, sus ojos escaneando la oscuridad. No había nada visible, pero el olor estaba ahí. Débil, pero inconfundible. Olía a madera de caoba recién cortada y té de jamaica. —Algo nos está observando. —le susurró Scarlet Su mano fue a la daga en su cinturón. Esperó inmóvil, pero con todos sus instintos de cazadora activados. Pendientes de cada sonido. Minutos pasaron. El aroma se desvaneció. Cuando finalmente regresó al campamento, encontró a Rifen y Lyra sentados notablemente más cerca que antes. Sus manos no se tocaban, pero casi. Lyra la miró con ojos brillantes. —¿Todo bien? —preguntó sintiendo la tensión en su Alfa. —Sí. —Artemis se sentó—. Solo sintiendo el ambiente. —¿Problemas? —Rifen estaba instantáneamente alerta. —No sé. Tal vez. —Artemis frunció el ceño—. Olí algo y pude sentir que algo nos miraba desde el norte. Rifen y Lyra intercambiaron una mirada. —A partir de mañana —dijo Rifen lentamente—, cruzamos la frontera hacia territorio del Norte. Las cosas serán diferentes allí. —¿Diferentes cómo? —preguntaron ambas mujeres al mismo tiempo. —Más frías. Más oscuras. Y... —dudó en si decirlo sería lo correcto—, más vigiladas. El Norte protege sus secretos ferozmente. —Suena a un lugar encantador —dijo Artemis secamente. Dejando caer su cuerpo sobre la manta. Viendo hacia las ramas sobre ellos que cubrían casi en su totalidad la visibilidad al cielo. —No te prometí encantador, Alfa. —Rifen sonrió—. Te prometí la verdad y la verdad es que una vez que crucemos esa frontera, estarás en el dominio de la bestia y esta no perdona intrusos. —Excepto que yo no soy una intrusa. Fui invitada por ti, ¿no? —Lo cual podría salvarte o podría hacer que todo sea peor. —Rifen se puso de pie—. Sugiero que durmamos. Mañana será un día largo. —Establecieron guardias. Rifen primero, luego Lyra, luego Artemis. Cuando le tocó el turno a Artemis cerca del amanecer, se sentó junto al fuego moribundo y miró hacia el norte. En algún lugar más allá de las montañas que apenas podía distinguir en la distancia, había un castillo de obsidiana y en ese castillo, una bestia que tal vez, estaba esperándola. «¿Me reconocerás?» pensó. «¿Sabrás quién soy cuando me veas? ¿O solo verás a otra amenaza que debe ser destruida?» Un aullido se escuchó y el viento sopló fuerte de nuevo desde el norte, y esta vez Artemis podría jurar que llevaba algo más que frío. Llevaba un llamado. Uno que su corazón reconocía incluso si su mente aún no lo entendía completamente. Cuando el sol finalmente tocó el horizonte, Artemis despertó a los otros. —Es hora. Vamos a conocer al Norte Oscuro. —Y con esas palabras, su destino dio otro paso inevitable hacia adelante. --- Bienvenidas, hermosuras. Mil gracias por darle la oportunidad a una nueva aventura, un nuevo género literario. Espero que la disfruten tanto como yo. ¡¡¡COMENZAMOS ACTUALIZACIÓN DIARIA!!! ¡¡¡WUHU!!!
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