No tardamos en movernos, Danic tenía muy claro que yo no podría contra ellos, y él estaba herido, aunque parecía no molestarle. Le importaba más aquella botella de vino que cualquier cosa. —Lia, por aquí —señaló saliendo por otra puerta que había detrás de un armario. —Voy. Entramos en una especie de habitación sin salida. No encontraba el sentido de esta ya que no había nada dentro, no obstante, tampoco pude pensarlo mucho más ya que Danic se cayó al suelo y la botella rodó contra la pared, por suerte, sin romperse. —¡Danic! —bramé sin recordar que aquellos hombres estaban fuera. Mi compañero se había desmayado, pero no era de extrañar, la sangre emanaba sin cesar de su herida. Por ello, lo raro era que hubiera aguantado sin desmayarse antes. En el fondo no me preocupaba, era inmort

