Me intenté levantar lo más rápido que me era posible, debía pensar alguna forma de librarme de ella.
—¿Estás dispuesta a decirme el nombre de la empleada?
Miré mi alrededor, buscando cualquier cosa que pudiera usar como arma.
—Si me lo dices, puede, y solo puede, que te deje vivir.
—Hoy no voy a morir, y cuando lo haga, desde luego que no seré asesinada por una niña como tú.
—No me juzgues por mi físico, Lia, mentalmente tengo muchos años más.
—No lo creo, lo que te pasa es que has tenido malas experiencias y que matas con el objetivo de sobrevivir.
—No me conoces, así que no me analices— Al acabar esta frase corrió hacia mí, apuntando con el cuchillo a mi estómago mientras imaginaba que este se clavaría en él.
—Mierda —fue lo único que pude pronunciar, ya que había sido demasiado rápida y no me daba tiempo a apartarme.
Me despedí en silencio de todos, sabía que aquello no me mataría, no era una daga, pero no pensaba matarme, solo torturarme hasta que dijera el nombre de esa chica, lo cual estaba seguro de que no iba a hacer. Por suerte, aquel objeto nunca llego a clavarse en mi tripa, aunque sí se clavó en la tripa de alguien, más bien en la de ella misma.
—Pero qué...— pronuncie confusa.
Pronto apareció el culpable, se trataba de aquel cazador que quería cazar a los cazadores de vampiros, un juego de palabras lioso y confuso, pero que revelaba a la perfección lo que era. La joven cayó al suelo malherida, dejando ver detrás de ella al cazador que me miraba como si estuviera pensando en matarme.
—¿Tu eres Lia? ¿La hija de Henry?
—¿Quién demonios eres?
—¡Contesta a mi pregunta, nada más!
No sabía qué hacer, no estaba segura si era amigo de mi padre o por el contrario, un enemigo.
—Sí, lo soy.
—Busco a tu... a tu... busco a Harry.
Me sorprendió que buscase a la misma persona que yo. Podía ser algo bueno, aunque conociendo la fama de Harry, también podía ser alguien que buscase su muerte. Tenía que tener cuidado.
—Pues mira, yo también —revelé sin rodeos, tratando de ponerle a prueba.
—No estoy para juegos, tengo que encontrarle.
Su seriedad no me daba muy buena espina.
—De nuevo, insisto: yo también. ¿Qué quieres de él?
El hombre comprendió al fin que no hablaba en bromas, que de verdad no sabía dónde estaba.
—Estoy seguro de que ya sabes que no es tu hermano, ni tu primo —dijo sonriendo maliciosamente.
—¿Qué quieres de él? —repetí, cansándome de su juego.
—Dime dónde está.
—Yo he contestado a tu pregunta, ahora es tu turno, contesta tú a la mía.
Se me estaba agotando la paciencia.
—Tienes valor, eso me gusta. Te prometo que no voy a hacerle daño. No le haré nada.
Me crucé de brazos, no lograba descifrar de qué iba.
—¿Y cómo sé que puedo confiar en tu palabra?
—¿Cómo sé que yo puedo confiar en que no sabes dónde está?
Me quedé pensativa, entendía que tenía razón, pero no pensaba darme por vencida.
—Está bien, te diré lo que sé, pero tienes que dejarme ir contigo.
Retrocedió horrorizado con la idea de que le acompañara.
—Ni en broma, de ninguna de las maneras. Me retrasarías, sin contar con que no sabes luchar.
—Pues enséñame.
—No estoy aquí para hacer de tu entrenador.
—Ni yo para ser tu guía.
Me di la vuelta, provocándole. Escuché como se reía.
—Me gustas— asumió agarrando a la niña que intentaba matarme y sacando una daga afilada de su cinturón.
Escuché el metal desenvainándose y me giré rápidamente, intuía cual iba a ser su intención.
—¡No, no! ¡Por favor, solo soy una niña! —pedía llorando.
—No me mientas, has matado a miles de vampiros y humanos, hace tiempo que dejaste de ser una niña.
—Yo no quería hacerlo, por favor —suplicaba la chica.
Al hombre le daba completamente igual que fuera un cría o que llorase, estaba dispuesto a matarla.
—¡Espera! —grité al ver que iba a hacerlo de verdad.
El hombre se detuvo, me miró y suspiró.
—No me digas que sientes lástima por alguien que ha intentado matarte.
Negué con la cabeza, sin apartarla la mirada.
—No lo hago, pero ella sabe dónde está Harry, puede mantenernos en contacto con los cazadores.
—Oh, no les llames así —reprochó molesto—. Yo soy un cazador, ellos son asesinos, no manches de esa forma mi nombre.
Ni siquiera gasté más saliva en hablar con él. Entonces, el cazador ató a la niña y la llevo al coche, pidiéndome, o, más bien, ordenándome, que en menos de tres minutos estuviera en el auto, o de lo contrario se iría sin mí.
Corrí de nuevo hacia donde se suponía que Harry debía estar, ya que en aquel lugar le había visto la última vez, antes de que esta estúpida chica me apartara. Por mala suerte, allí ya no había nadie, solo c*******s. Los cazadores, o asesinos según mi nuevo amigo, habían desaparecido.
Nuevamente corrí hacia la puerta por la que mi familia había huido, pero ya no estaban. Por el contrario, escuché unas voces unos metros más allá, me acerqué en silencio para observar como Nolan protegía a mi hermana de nada en concreto y el resto intentaban hacer que el coche funcionará, cuando al fin lo consiguieron.
Pensé en salir y explicarles que yo estaba bien y que todo iba bien, que encontraría a Harry y todo volvería a ser como antes. Sin embargo, yo era consciente de que no lo entenderían, ellos no le habían visto, estaban seguros de que estaba muerto y pensaban que yo era tonta por seguir a un fantasma. Me lo impedirían, por lo que regresé al restaurante y suspiré por los cuerpos, prometiendo que acabaría con todo eso. Cuando acabé, salí caminando rápido hacia el coche del cazador, y me monté en él.
—Has tardado doce segundos más, estaba a punto de largarme de aquí sin ti —destacó notablemente molesto, pero de nuevo opté por ignorar sus comentarios.
—Oye, sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo.
—Me llamo Danic —aquel nombre me hizo recordar a un personaje de los cuentos que mi madre me relataba de pequeña, iban sobre unos cazadores denominados Nobat que protegían a los humanos. Ella siempre llamaba al protagonista de estos cuentos Danic, y sentía como si aquel nombre tuviera un valor sentimental muy profundo para ella; claro que, solo eran relatos ficticios, simples cuentos. O quizá no—. Danic Nobat.
El corazón se me detuvo al escuchar su nombre completo.