La fiesta de celebración estaba en su punto más alto. Música electrónica, luces bajas, tragos caros y todo el equipo en modo descontrol. Estaban en un bar privado dentro del circuito, solo para patrocinadores, corredores y VIP. Maroon llevaba un vestido corto n***o, botas hasta la rodilla y una sonrisa peligrosa. Armin, con camisa blanca arremangada y el trofeo en una mano, era el epicentro de todas las miradas. —¿Te estás divirtiendo, campeón? —preguntó ella, acercándose entre la gente. —Hasta que alguien me dé otro trofeo por aguantarte —dijo, dándole un trago al whisky—. Aunque este es mi favorito. —Armin… —¿Sí? —¿Tú sabes que la gente normal hace propuestas con flores, rodillas dobladas y discursos ridículos? Él se giró hacia ella, la miró como si el mundo se detuviera un segundo

