CAPITULO 113

1392 Palabras

El sol entraba como un láser maldito por las ventanas del salón. El lugar olía a alcohol seco, sudor caro y decisiones cuestionables. Maroon abrió un ojo. Luego el otro. Parpadeó. Estaba tirada en un puff gigante, encima de Armin, con una pierna suya colgando, el sombrero de vaquero en la cabeza, y su collar improvisado de tuerca aún en el cuello. —¿Estoy muerta o esto es la cruda? —murmuró con voz de ultratumba. Armin, debajo de ella, gruñó. —Si esto es el infierno, no está tan mal. Pero por favor, dime que no besé a Petrov. —No. Pero le ofreciste un abrazo grupal con lágrimas. Dijo que te odia más ahora. —Uf, perfecto. Misión cumplida. Se incorporaron con dificultad. Alrededor, el panorama era glorioso. Greta dormía boca abajo sobre una mesa, abrazando una botella de champaña

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