Los días pasaron. Lentos. Vacíos. Armin volvió a entrenar. Se metió al simulador. Corrió. Gritó. Maldijo. Pero nada se sentía igual. La curva perfecta ya no lo emocionaba. El rugido del motor ya no lo calmaba. La victoria ya no sabía a nada. Maroon seguía ahí, en su cabeza, como una maldita sombra brillante. Su risa. Su descaro. La forma en que no se disculpaba por ser como era. Cada vez que se servía una copa de vino, recordaba la azotea. Cada vez que Maxi maullaba exigiendo comida, recordaba esa mañana extraña. Y cada vez que miraba su celular… se sorprendía de no tener su número. Y entonces, como si el universo quisiera recordarle que nada era tan simple… Ella volvió a aparecer. Un mensaje. Una llamada perdida. Flores enviadas a su departamento. Un ramo costoso, con u

