CAPITULO 105

1266 Palabras

Guadalajara no olía igual desde que la dejó. El aire era más seco. Más eléctrico. La ciudad tenía ese ruido constante de motores, vendedores ambulantes y murmullos que se arrastraban por las banquetas. Pero para Maroon, lo más pesado no eran los sonidos, sino los recuerdos atrapados en cada esquina. Bajó del auto con el estómago apretado. Armin cerró la puerta con suavidad y la miró. —¿Quieres que vayamos directo al hotel? Ella negó con la cabeza. —Quiero ver el barrio primero. Quiero saber si… aún duele. Recorrieron las avenidas como si fueran parte de un mapa dibujado por cicatrices. Pasaron por el parque donde ella dormía cuando escapó del reformatorio, por la tortillería vieja que ya no existía, por la esquina donde una vez fue detenida solo por correr demasiado rápido. Todo es

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