El cuarto del hotel estaba en silencio. Pero no era paz. Era ese silencio espeso que viene después de un rugido. Maroon dejó el sobre sobre la mesa. El papel aún olía a pintura fresca. Las palabras retumbaban en su mente como latidos sucios. “Nos vemos en La Ladrillera. Sola.” Armin cerró la puerta tras él con un golpe seco. —Dime que no estás pensando en ir. Ella no respondió. Se quitó la chamarra lentamente, con los músculos tensos. El cuello le palpitaba. La sangre le zumbaba. —¿Maroon? —No tengo opción, Armin —dijo al fin, sin mirarlo. —¡¿Cómo que no tienes opción?! —explotó él, dando un paso al frente—. ¡Te emboscaron! ¡Nos amenazaron! Esto no es un maldito juego de mensajes. Esto es una emboscada en progreso. —¡Y no la voy a arrastrar hasta Múnich! —respondió ella, girándo

