CAPITULO 58

1230 Palabras

El sol apenas se filtraba por las cortinas del hospital cuando Armin abrió los ojos. Respiró hondo. Algo era diferente esa mañana… una punzada de claridad atravesó su mente. Por primera vez en semanas, no se sintió del todo perdido. Su madre, sentada junto a la cama con un libro en las manos, lo miró sorprendida al ver la expresión de su hijo. —¿Estás bien, Armin? —preguntó con ternura. Él tardó en responder. Su mirada se perdió en el techo por unos segundos. —Una pista... —murmuró. —¿Cómo dices? —La pista… había banderas… y un casco muy grande para mí —cerró los ojos con fuerza—. Yo… gané. Gané esa carrera, ¿no? En karts. Yo tenía... ¿cuántos años? ¿Nueve? Su madre soltó el libro, se inclinó hacia él con lágrimas contenidas. —¡Sí, cielo! ¡Tenías nueve años! Fue en Múnich. Llovía y

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