CAPITULO 6

1324 Palabras
—¡Ok, chicos! —gritó el director desde la zona de monitores—. Armin, Maroon, esta toma es importante. Ustedes dos, lado a lado, en cámara lenta. Actitud intensa. Red Bull quiere energía, dinamismo... ¡miren como si estuvieran a punto de volar! Armin mascó aire por la nariz. —Genial. Actuar. Lo que más amo después de entrevistas —murmuró con desdén. —Vamos, gruñón —dijo Maroon, subiendo de un salto a su bici—. Solo tienes que mirar sexy al frente, ¿no es eso lo tuyo? —Mi "mirada sexy" no se ensaya. Nace del fastidio existencial. —Pues estás brillando, entonces —respondió ella, guiñándole un ojo mientras giraba su bici en círculo frente a él. Armin subió al auto decorado con vinilos brillantes de Red Bull. Se acomodó en el asiento con cara de "dispárenme ya". La toma comenzó. Maroon pedaleó al ritmo de la cámara lenta, haciendo un salto corto, cruzando cerca del auto. Armin giró el rostro justo a tiempo para ver cómo ella aterrizaba con una rueda a cada lado de la línea blanca, milimétrico, perfecto. —¿Eso fue planeado? —preguntó sin moverse. —No, improvisé. ¿Te asustaste? —respondió ella sin voltear, con una sonrisa ladina. —Lo único que me asusta es perder tiempo —contestó él. —Entonces... ¿por qué estás aquí? Esa pregunta lo tomó desprevenido. Armin apretó el volante y no respondió. La escena se repitió tres veces. Cada vez, Maroon más creativa, más libre, más... ella. Y cada vez, Armin la miraba más de reojo, fingiendo desinterés, pero atento a cada movimiento. Cuando el director gritó “¡Corte!”, ella se detuvo junto al auto. —Oye, piloto existencial, ¿tienes algo contra sonreír? Porque el cámara de la izquierda está empezando a llorar. Armin soltó una risa nasal. —Sonreír es para los que no ganan. —Y tú ganas mucho, ¿no? —Siempre. —¿Incluso cuando pierdes el humor? Eso lo hizo girar la cabeza hacia ella. Y por primera vez... no tenía una respuesta sarcástica lista. Maroon sonrió con calma y pedaleó hacia otra toma sin esperarlo. Y Armin se quedó mirando, por unos segundos de más. El sol comenzaba a bajar, pintando el cielo de un naranja suave. El equipo del comercial seguía trabajando en tomas de cámara lenta y cortes para r************* . Armin se había quitado la chaqueta del traje y se apoyaba contra el auto, observando cómo Maroon practicaba otra pirueta con la bici. La vio girar en el aire, con una pierna extendida y una mano suelta como si desafiar la gravedad fuera parte de su rutina diaria. Cuando aterrizó con precisión, lo miró y sonrió. —¿Vas a seguir mirándome así o quieres intentarlo tú también? —preguntó ella, divertida, tomando una lata de Red Bull. Armin solo bebió de su botella de agua sin contestar, pero había una sombra leve de sonrisa en sus labios. Muy leve. Casi imperceptible. —¡ARMIN, AMOR! —gritó una voz aguda desde la entrada del set. Armin parpadeó. Giró el rostro, y su mandíbula se tensó. Ahí estaba. Su novia. Tacones altísimos, gafas oscuras, vestido corto, y el celular levantado como si todo el lugar fuera un fondo para su i********: Live. —¡Oh por Dios! ¡Esto está increíble! ¡Cariñooo! —dijo caminando directo hacia él. Maroon se detuvo a pocos metros, con la bici en una mano y la lata en la otra, mirando con curiosidad. —¿Es fan tuya o realmente está saliendo contigo? —murmuró en tono de broma. —Desearía no tener que responder —dijo Armin entre dientes, enderezándose justo cuando la chica lo abrazaba por el cuello. —¡Mi amor, no me dijiste que era tan grande esta producción! —dijo ella, posando como si ya estuvieran sacándose una selfie. Armin puso una mano en su cintura, solo por protocolo, sin ganas. —Porque no pensé que vinieras —respondió con una sonrisa falsa. —¡Qué grosero! Tu publicista me dio la dirección. ¿Cómo iba a perderme la oportunidad de verte en cámara con ropa de marca? Maroon observaba la escena desde el costado. No dijo nada, pero sus ojos verdes brillaban con algo entre risa contenida y segunda mano de vergüenza ajena. La novia de Armin se giró al notar su presencia. —¿Y tú eres...? —Maroon —respondió ella con su clásica sonrisa despreocupada—. Bicicleta, acrobacias, huesos rotos... y publicidad. —Oh —dijo la chica, mirándola de arriba abajo con una ceja alzada—. ¡Qué intenso! Suena… extremo. Se giró a Armin, acariciándole el pecho—. ¿Y tú ya hiciste tu parte, amor? Quiero un video para subir. Armin se apartó suavemente, fingiendo estar ocupado. —Luego. Estoy en medio de algo. Trabajo, ¿recuerdas? —Mmm… —ella frunció los labios, notando el tono. Maroon se subió a su bici de nuevo. —Bueno, chicos, me llaman para otra toma. Que se diviertan. O finjan bien. Y con un giro elegante, se alejó sin darle más importancia. Armin la siguió con la mirada, sin poder evitarlo. Mientras tanto, su novia revisaba su cámara frontal. —Cariño, ¿puedes sonreír? Estoy en vivo. Di algo lindo. Armin la miró. Y lo único que dijo fue: —Corten. La transmisión en vivo terminó porque Armin, simplemente, no siguió el juego. Su novia bajó el celular con fastidio, cruzándose de brazos frente a él como una niña berrinchuda. —¿Qué demonios te pasa, Armin? —reclamó, en voz alta, atrayendo algunas miradas del equipo—. ¿Desde cuándo eres tan... grosero conmigo? Armin se quitó los lentes de sol, dejándolos colgar de la camiseta. —¿Grosero? —repitió, entornando los ojos—. ¿Te parece grosero no querer sonreír para tu maldito i********: en medio de mi trabajo? Ella soltó una risa aguda, cargada de incredulidad. —¡¿Trabajo?! ¡Por favor! ¡Estás aquí jugando con bicicletas y latitas de bebida energética! ¿O acaso esa "Maroon" es más interesante que yo? El nombre quedó suspendido en el aire como un disparo mal contenido. Armin cerró los puños a los costados, luchando por mantener la calma. —No tienes ni puta idea de lo que estás diciendo —dijo en voz baja, su mirada afilada como un cuchillo. Ella avanzó un paso, intentando acariciarle el brazo. Armin se apartó. —¡Vamos, amor! ¡Solo quiero ser parte de tu mundo! —dijo ella, en tono meloso, claramente buscando llamar la atención de los que los rodeaban. —¿Mi mundo? —Armin rió, sin humor—. Mi mundo empieza en la pista y termina cuando cruzo la línea de meta. Todo lo demás es ruido. Ella abrió la boca para contestar, pero él alzó una mano, deteniéndola. —¿Sabes qué? Mejor vete. —¿Qué? ¡No puedes estar hablándome así! —Puedo y lo estoy haciendo —dijo Armin, su voz grave y fría como el acero—. Vete a hacer tu trend de t****k, o tu story, o lo que sea que te mantenga ocupada fingiendo que todo gira alrededor tuyo. Los ojos de ella se agrandaron, brillando de rabia. —¡Eres un imbécil arrogante! —escupió. —Y tú eres una molestia envuelta en perfume caro —respondió él sin inmutarse. Ella soltó un bufido, se dio la vuelta en sus altísimos tacones, y salió del set hecha una furia, con las cámaras grabándola de reojo. Armin soltó un largo suspiro, llevándose una mano a la nuca. Miró de reojo y vio a Maroon a lo lejos, subiendo a su bici, muy en su mundo, lejos de todo drama innecesario. Por primera vez en mucho tiempo, Armin sintió que respiraba de verdad.
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