El hospital dio de alta a Maroon al mediodía. La contusión no fue grave, los raspones ya comenzaban a sanar… pero el orgullo aún dolía. Su entrenador la esperaba en la salida con los brazos cruzados y el ceño fruncido. —¿Sabes lo que hiciste? —dijo en cuanto la vio—. ¿Tienes idea del riesgo? ¿Del ejemplo que das a las más jóvenes? Maroon bajó la cabeza, sin discutir. Por una vez… sabía que había cruzado una línea. —No volverá a pasar —dijo, sincera. —No. No volverá —respondió él, tajante—. Estás suspendida de toda práctica por una semana. Y ni se te ocurra pisar la pista sin mi permiso. Ella asintió. No pidió excepciones. Porque en realidad… su mente estaba en otro lado. Giró la cabeza y sonrió al ver a Armin apoyado contra su auto, gafas oscuras, brazos cruzados… esperándo

