CAPITULO 35

1062 Palabras

Los semáforos sobre la pista parpadearon en rojo. Maroon tenía los audífonos puestos, el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, como si estuviera a punto de correr ella misma. El sol alemán rebotaba sobre la carrocería del monoplaza. El rugido del motor llenó el paddock como un grito de guerra. Verde. Y Armin salió disparado como un misil. La velocidad fue inmediata. Ni una curva lo hizo flaquear. En cada giro, cada cambio de marcha, cada frenada milimétrica, había algo casi animal, instintivo. Maroon apenas respiraba. Desde el casco, Armin murmuraba órdenes al equipo, pero lo que se oía con claridad era la seguridad en su voz. Pasó por la recta principal como un relámpago, y en la curva más cerrada del trazado, la que incluso los ingenieros llaman “el infierno pequeño”, n

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