6:12 a.m. — Mónaco Monte Carlo despertaba entre bruma marina y motores afinados. Armin, sin embargo, ya llevaba horas despierto. Estaba en la ventana de su suite, con una taza de café en la mano y la mente muy lejos del circuito. La videollamada con Maroon la noche anterior le había dejado el corazón en carne viva. Su esposa, enferma, celosa, agotada. Sus hijos, con fiebre y ojeras. Él estaba por correr la carrera más lujosa del calendario… pero sentía que su verdadero podio estaba lejos. Tomó su celular y llamó a su asistente. —¿Tienes acceso al penthouse? —Claro, señor Stein. ¿Desea que lleve algo? —Sí. Escucha con atención. Quiero que le mandes a Maroon el ramo de rosas rojas más espectacular del mundo. Nada pequeño. Que llene la sala. Quiero que entre y huela a perdón y amor dese

