Al día siguiente — Sala de prensa oficial, Mónaco. Armin llega con gafas oscuras, cabello revuelto y una actitud que dice “gané, y ustedes respiran gracias a mí”. Lleva una chaqueta negra con el logo de su escudería y el cierre abierto hasta el pecho. La sala está llena. Reporteros de todo el mundo. Los flashes revientan. Un periodista se atreve: —Armin, todos vieron tu gesto en el podio. La foto, la flor, el “Maroon + 2” en la palma… ¿es verdad lo que se dice? ¿Te tiene domado tu esposa? El público en la sala ríe. Armin se quita las gafas con calma. Mira al periodista. No sonríe. Solo lo observa como si acabara de preguntar si la tierra es plana. —¿Domado? —repite, con una ceja levantada—. No, hermano. Lo que tengo es que me enamoré como un maldito idiota y me cambió la vida. Risas

