La puerta de la suite apenas se cerró cuando Armin la empujó contra la pared, con una urgencia que llevaba días ardiendo bajo la piel. Maroon rió entre jadeos, aferrándose a su chaqueta mientras él la besaba como si fuera oxígeno. —¿Eso era un "te extrañé" o un "me vas a romper las costillas"? —susurró ella entre carcajadas. —Ambos —respondió él, deslizando las manos por su cintura con una necesidad brutal. La ropa voló en todas direcciones. Copas de vino se sirvieron y se derramaron. Las risas se mezclaron con gemidos. La cama crujió. El suelo sintió su peso. Y las paredes conocieron su historia. Se amaron con torpeza y fuego, como si quisieran tatuarse el uno en el cuerpo del otro. Brindaron desnudos en la terraza, el viento acariciando sus pieles sudadas. Bailaron sin música

