Casa Stein – Garage privado – 11:23 a.m. Armin estaba tirado bajo su carro favorito, con una lámpara portátil colgando del capó, una llave inglesa en una mano y la frente manchada de aceite. —¿Por qué haces esto tú mismo si puedes pagarle a un equipo entero? —le había preguntado Maroon esa mañana. —Porque nadie toca a mis máquinas como yo —respondió él, orgulloso. El silencio del garage se llenaba con el golpeteo de las herramientas, el zumbido lejano de la música clásica que escuchaba cuando trabajaba… y de pronto… un sonido distinto. TAC… TAC… TAC… No eran pasos. Eran manitas. Y rodillas. Y una determinación inquebrantable. Emilie. Vestida con un overall azul con dibujos de estrellas, el cabello alborotado, los cachetes sonrosados, apareció en la entrada del garage. Arrastraba

