El rugido del avión se fue apagando a lo lejos, dejando tras de sí una estela de silencio que pareció colarse por las ventanas del penthouse. Armin había partido esa mañana hacia Australia para una competencia crucial. Era una oportunidad que no podía dejar pasar, una de esas carreras que definían contratos, reputación... y orgullo personal. —Volveré antes de que puedas extrañarme —le había dicho con una sonrisa arrogante al despedirse, aunque sus ojos mostraban un dejo de tristeza. Los gemelos, Emile y Kai, no pudieron acompañarlo esta vez. La escuela era estricta con las ausencias, y estaban en plena preparación para un evento escolar importante. Maroon se había quedado a cargo de todo: la casa, las tareas, los entrenamientos de Kai, y los ensayos de danza de Emile. A pesar de todo, no

