| 9 | Sentimientos.

2029 Palabras
“El corazón es un caja de Pandora, que no entiende de razones.” Salimos de la casa rumbo a la mansión, nos fuimos en la misma camioneta yo era la única que conocía el camino. Tome mi teléfono y le mande mensaje a Max avisándole que estábamos por llegar, al cruzar el arco de entrada a la mansión vi a Max, nos estaba esperando en la puerta. Me estacione frente a la puerta y desperté a todos los chicos, bajamos de la camioneta y al acercarnos a la puerta mi tío nos recibió con mucho entusiasmo. Los siete chicos siguieron a mi tío rumbo a la sala de juntas donde estaba mi padre y yo fui con Max a la cocina, tomamos comida y caminamos al cuarto, durante el camino no podía dejar de mirar a Max y él no dejaba de hacer chistes. Al entrar a la sala de juntas inmediatamente todos giraron para vernos y pude sentir la mirada matadora de Blemir, dejamos la comida en la mesa de al fondo y enseguida me acerque a él y le di un beso suave en la mejilla. — Bueno chicos, les presento a mi papá. — Señale al hombre detrás del enorme escritorio. — Él es mi tío. — estaba sentado en el sillón de al fondo de la habitación. — Él es Max. — Lo señale mientras se acercaba. — Tu padre. — Arlo parecía emocionado, incluso más que yo. — Es tú fan numero uno. — Camine hasta mi padre y le di un beso en la mejilla. — Bueno. — Me dio un beso.— Uno de ellos debe ser el afortunado de soportar tu mal humor. — Los miro a todos con esa mirada que puede matar. — ¿Quién es? — Que gracioso. — Regrese al otro lado del escritorio. — Blemir. — Me puse detrás de su silla y miré a Max. — Bueno, bueno. Los famoso ocho. — Se levanto de su escondite y se acerco a nosotros. — Supongo que sí están aquí es porque Eris les contó de nuestra propuesta. — Se acomodo en su silla. — Sí. — Mun hizo lo mismo que mi padre. — Pero antes de tomar una decisión necesitamos más información sobre lo que haríamos. — Miró a mi tío. Mi padre sacó ocho sobres de un cajón del escritorio y nos repartió uno a cada uno. Cuando miramos los sobres cada uno tenia un nombre, nuestros nombres, los abrimos y había un contrato junto con otras cosas que no les puse mucha atención. — Papá ¿qué esto? — Jale una silla y me senté. — Va tranquilos, yo te explicó. — Max trato de acercarse pero Blemir se uso en modo protector y obstruyo su paso hacía mi. — Bueno, dale. — Aunque por dentro quería que se acercará no podía dejar que Blemir se enojara conmigo. — Hemos estado observándolos durante un buen tiempo. — dio un paso hacía atrás y camino hacía el fondo de la habitación. — Los ocho juntos son un gran equipo, cada uno tiene habilidades diferentes y nos pueden funcionar para diferentes cosas. — Espera ¿estas diciendo que nos van a separar? — Si ya estaba molesto, lo que dijo Max soltó más la molestia de Blem. — Si es así, no aceptamos. — Erián se levanto de golpe. — Nosotros somos uno solo, por algo nos llaman como nos llaman. — Miro a mi padre. — No, chicos. — Se acercó mi tío y miro a Max. — Lo que quería decir es que cada uno de ustedes se enfocara en una sola parte del plan, pero estarán juntos. — Dentro del sobre hay un contrato. — Se levanto del asiento. — En ese contrato se especifica que en pocas palabras — Resumió el contrato. — Ustedes no pueden dar ninguna información sobre lo que hagan para nosotros y de nuestros negocios, ustedes estarán disponibles a toda hora para nosotros y viajaran cada que los necesitemos. — Vaya. — Era bastante información para procesar. — Bueno todo eso suena espectacular, pero como empezaríamos. — María dejó el contrato en la mesa. — Bueno Carlos Quintana ¿les suena el nombre? — Saco una foto y la puso frente a nosotros. — Necesitamos información sobre sus contratos, empresas, plazas, negocios, todo lo que nos pueda servir para nuestro favor, robar sus negocios y apoderarnos de todo lo suyo. — Su mirada se convirtió en esa mirada ambiciosa que yo también tengo. — ¿Cómo pretendes que lo hagamos? — Seguía mirando el contrato pero tenia dudas. — Bueno, pudiera decirles pero primero necesito que firmen eso y qué lean todo lo que hicimos para ustedes. — No miramos entre todos. — Oigan. Reunión ahora. — Arlo convoco a una reunión como en los viejos tiempos, todos nos fuimos al fondo de la sala. Podía sentir la mira de los tres en nosotros pero sobre todo la de Max sobre mí. Tenía que admitir que Blemir tenía razón en algo, en el instante que vi a Max por primera vez algo paso dentro de mí, algo que nunca había sentido y que no podía explicar. Estar cerca de Max me hacía sentir diferente y de una manera que jamás había experimentado, no podía poner suficiente atención en lo que platicaban los chicos porque mi mente voló a otro planeta. Por instinto tome del brazo a Blemir para poder tranquilizar ese sentimiento en mi interior pero me resulto inútil, en cambio él lo tomó como algo de lo más normal. — Eris, ¿en qué piensas? — Arlo me devolvió a la realidad. — ¿Qué? — No había puesto nada de atención. — Nena ¿todo bien? — Blemir se giro para verme. — Solo pensaba en la propuesta de mi padre. — Mentí. — Bueno tú eres su hija, ¿qué opinas de la propuesta? — Parece que alguien se dio cuenta de mi distracción. — No les voy a mentir. — Intentaba pensar en una buena respuesta mientras los miraba lo más seria posible. — Es mi padre, lo conozco, si aceptamos nos metemos en terreno peligroso y nos pueden pasar cosas qué jamás imaginamos. También sé que es muy buena propuesta además nos pagarían por casi no hacer nada. — Quise mantener una sonrisa discreta pero segura, mientras que Mun me miraba con ojos de pistola. — Pero yo voy con ustedes, si no quieren ninguno de nosotros acepta. Ya esta. — Era buena idea. Solo rogaba en silencio para que aceptaran, una parte de mi quería aceptar y creo saber por que. — Somos un equipo. ¿Qué dicen? — Bueno votemos. — Sugirió Erían. — ¿Quién acepta? — Nos miramos entre todos y asentimos. — Bien entonces, esta decidido. Volvimos a nuestros lugares para reunirnos con mi padre y el resto. Volví a sentir la mirada de Max sobre mí, esta vez levante la mirada haciendo que se encontrara con la de él, de nuevo volví a sentir esa corriente recorriendo mi cuerpo, a la que no podía ponerle un alto. — ¿Tomaron su decisión? — Mi tío nos miró desesperado por una respuesta — Mmmm. — Espere a que todos estuviéramos listos. — Sí. — Volteé a ver a los chicos y ellos asintieron dándome el permiso de decirles. — Solo quiero que nos prometas que pase lo que pase, no seremos como Hope. — Por su cara de incomodidad sé que le molesto. Mi tío me miro como si me quisiera matar. — Quédate tranquila de eso. — Trato de esconder su enojo, pero estaba rojo. — Jamás dejaría que volviera a pasar eso. — Me miro como si me fuera a matar. — Bien, entonces aceptamos. — Los chicos parecían confundidos. — ¿Qué sigue? — Trate de evitar que hicieran preguntas. — Tienen que firmar el contrato. — Señalo los sobres. — Listo. — Firmamos los contratos y los dejamos en el escritorio. — Ahora sí ¿qué tenemos que hacer? — Nos miramos con curiosidad. — Aquí. — Extendió Max un sobre rojo y Blemir lo tomo. — Hay varios mapas cada uno diferente pero del mismo lugar. — Abrimos el sobre y cada mapa tenía nuestro nombre. — Es ahí donde sus diferentes habilidades entran en juego. — Nos miro muy fijamente. — Analicen los mapas y en unos días tendrán información sobre el siguiente paso. — Se acerco a mi. — Si unen cada una de las piezas de los mapas conseguirían el lugar, por ahora solo descifren cuál es ese lugar. — Esto es como un rompecabezas. ¿Porque tanto misterio? — Erián nos leyó la mente y hablo por todos. — Nuestros planes son un poco misteriosos. — Me miro mi padre. — Tenemos que ser muy cuidadosos. — Camino al final de la sala. — Son negocios. — Arlo, en tu mapa viene una pista más que podrán abrir cuando encuentren el lugar. — Más que negocios parecía un juego. Examinamos más a fondo el mapa de Arlo pero mi tío nos interrumpió. Nos siguieron hablando durante un tiempo sobre sus planes y estrategias, hasta que mi padre nos corrió a todos para solo poder quedarse con María y Kevin.Conociendo a mi padre, iba a preguntarles sobre su padre solo para poder asociarse con él y hacer las cosas que mi padre suele hacer. Me aleje junto con el resto de los chicos y mientras caminábamos por el pasillo, me aleje sin que ninguno se diera cuenta para poder pensar un poco más y aclarar mis ideas o sentimientos. Salí al jardín para tomar aire fresco, estaba en mi momento de reflexión cuando mi tío como de costumbre me interrumpió. — Querida. — Grito a lo lejos. — Baja de las nubes y regresa a la tierra. — Esta vez estaba más cerca e interrumpió mis ideas. — Perdón, en este momento soy un tornado de confusiones. — Solté un suspiro. — Uyyy, eso me suena a que tienes un problemas tiene que ver con ¿chicos?. — ¿Qué? Claro que no. — Suspire y desvíe la mirada (error mío). — Quizá si, pero es más problema el pensar en la idea de hacerme cargo de la mitad de la empresa de mis padres. — Al fin te contó tu padre. — Se sentó en una banqueta del jardín y luego me invito a sentarme al lado suyo. — Querida, esos eran los sueños de tu mamá es lo que ella quería para ti. — Me obligo a mirarlo a los ojos. — Solo tú eres dueña de tu vida, lo sé y tu padre piensa lo mismo. — Si pensará lo mismo no me habría dicho que me tengo que regresar a New York. — Me deje caer al lado suyo. — Mira, inténtalo una semana y luego si no te gusta hablas con tu padre, le puedes encontrar una solución. — Me tomo de la mano. — No sé, tengo mucho que pensar. Además me da un poco miedo. — Era la primera vez que admitía que algo me daba miedo. — ¿Miedo? — Me giro para que nuestras miradas se encontrarán. — Soy muy joven, además siento mucha presión y tengo otras cosas en que concentrarme. — Quise desviar el tema (fallé). — Aja, ahora le llamamos cosas a las personas. — Me miro con esa cara de intriga que solo él tiene. — Tal vez. — Reí. — Aún tengo que aclarar mis sentimientos, y mis ideas. — Lo tomé de la mano. — Te prometo que cuando tenga claro todo, te contaré. — Me levante. Mi tío se levanto junto conmigo y me llevó a pasear por el resto del jardín, platicamos un rato de mil cosas hasta que Max nos interrumpió. — Chris. — Se acerco hasta donde estábamos. (Por cierto, mi tío se llama Christopher). — ¿Puedo hablar con tu sobrina? — Miro a mi tío y luego a mí. — Claro, solo unos minutos. — Volteó hacía mí y me susurro. — Aprovecha para aclarar las ideas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR