|10 | El beso

1587 Palabras
“Y fue entonces cuando me di cuenta que estaba muerta en vida.” Se alejó y me dejó con Max. Comenzamos a caminar en silencio, sentí su mirada clavada sobre mí pero yo la tenía clavada en el suelo. Había un silencio incomodo y ninguno sabia como romperlo hasta que de la nada se detuvo, volteé a verlo y me di cuenta que vagaba con la mirada sobre el lugar, me acerque a él y lo tomé por el brazo girándolo hacía mí. — Max, ¿todo bien? — Sentí como si la voz se me acabará. — Sí, perdón me perdí en mis pensamientos. — Levantó su mirada clavando sus ojos en los míos. — ¿Seguro? — Mi voz regresó pero esa extraña sensación volvió a aparecer, parte de quería reprimir la sensación en mi cuerpo pero era imposible. — Sí. — Vago con los ojos, luego volvió a fijarse en los míos. Me acaricio la mejilla y yo recargue mi rostro en su mano. — Nunca había visto unos ojos tan hermosos como los tuyos o más bien nunca les había puesto demasiada atención. — Tú también tienes unos ojos muy hermosos. — Me sonroje y los nervios me asaltaron así que baje la mirada para que no se diera cuenta. Max se iba acercando poco a poco hasta que me tomo por la barbilla y levanto mi cara obligándome a verlo. Se inclinaba cada vez más, hasta que solo quedamos a unos milímetros de distancia. Maldijo en un susurro. — Eres realmente hermosa. — Recorrió mi rostro con su mirada — Tienes algo que... — Antes de que terminara de hablar, lo interrumpí. — Me voy a arrepentir de esto. — Susurre pero no pude evitar que me escuchara, clave mis ojos en sus labios y él solo me miro. — ¿De qué? — Se alejó un poco. — De esto. — Lo jalé de vuelta a mí y lo besé. Sentí como si mi alma abandonara mi cuerpo, no tenía control de lo que estaba pasando o de lo que estaba haciendo, pero algo en mi interior me obligaba. Sus labios sabían a cereza y eran muy suaves, mi mente viajo a un planeta donde solo existíamos él y yo, besarlo me hacía sentir cosas que no había experimentado antes y nuevamente la electricidad volvió a recorrer mi cuerpo. Max interrumpió nuestro momento y se alejo unos centímetros de mi, sentí como al separar su boca de la mía los labios empezaron a arderme y por dentro rogaba que volviera a poner sus labios sobre los míos. — Mierda. — Negó con la cabeza y me volvió a besar. Esta vez su beso se sintió intenso y desesperado, Max bajo sus manos hasta mi cintura y me jaló hacía él pegando aún más nuestros cuerpos, me levanto y yo enrolle mis piernas en su cintura. Sentí como su lengua trataba de abrirse paso entre mis labios, se sentía tan bien y en un segundo mi lengua jugaba con la suya, mi interior empezaba a arder, tenía ganas de más. Max me volvió a poner de pie y se aparto unos centímetros de mí, me miró y me dio un último beso pero esta vez uno suave. — Esto esta mal. — La razón regreso a mí y empujé a Max haciendo que diera un paso hacía atrás. — ¿Qué? — Mi comentario pareció molestarle o sorprenderlo, no lo sé. — Este beso no debió haber pasado. — Tenía emociones encontradas por un lado estaba arrepentida, pero quería seguir besándolo. — Bueno. — Dio un pasó hacía atrás, alejándose aún más. — Tengo que decir que tu me besaste. — Me señalo. — Sí, ya sé. — Baje la mirada al piso y le di la espalda. — Eso jamás debió pasar, fue un error. «No es cierto» — ¿Un error? — Se alejó más y me miro irritado. — Claro, un error. — Esta molesto. — ¿Porque tienes novio? ¿Porque soy mayor que tú? O ¿Porque realmente lo disfrutaste? — Me tomo del brazo y me giro hacía él. — Mierda, Blemir. — Quite su mano de mi brazo y salí corriendo, decidiendo ignorar la última pregunta. Por un largo instante me olvide de Blemir y de todos, regrese al interior de la casa un poco nerviosa pero tratando de ocultarlo. No podía dejar de pensar en lo que paso con Max, no estaba equivocado lo disfrute y mucho, la razón me decía que eso era un error pero mi corazón no pensaba lo mismo. Me encontré nuevamente con los chicos y al entrar choque sin querer con uno de ellos. — Quieta. Tranquila. — Munmbi me detuvo antes de que me estrellará. — Te estábamos esperando. — Estábamos solas, hasta que el resto de ellos apareció. — Perdón, estaba paseando. — Estaba un poco agitada, no lo había notado hasta ese momento. — Estas muy agitada ¿estas bien? — Blem se acercó y me tomo de la mano. — Sí sí, corrí y por eso vengo así. — Max entró y me miro, esta vez de una manera que no puedo explicar pero mi interior termino por explotar. — Bueno ¿nos vamos? — Arlo se acerco a Blemir y a mí mientras el resto de los chicos se despidieron. — ¿Eris? — Sí, vayan saliendo, ahora los alcanzo. — Blemir me besó y salió con el resto de los chicos, pero Arlo se quedó cerca. — Adiós tesoro. — Mi padre se acerco y me abrazo. — Te pido un favor. — Susurro. — No te enamores de Max. — ¿Qué? — Lo tomé por los hombros, alejándolo. - ¿De que habla papá? — Su comentario me tomó por sorpresa, aunque debo de admitir que tenía razón. — Te vi besarlo. — Hizo una pequeña seña con su cabeza hacia él, quise interrumpirlo pero no me dejó, noto mi nerviosismo y solo me acomodó el pelo y me miro. — Eres joven, pero no te enamores de mi socio. — Casi me suplica. — Claro. — Sentí como si las piernas me temblaran. — Igual no tenia intención de enamorarme de él. — Sonreí y solo me miro. — Si claro, te conozco y se como eres, no intentes engañarme. — Me aventó hacía mi tío. — Adiós niña, cuídate y no te enamores de él. — Miro a Max. — Ay no!, tu también. — Sonreí. — No lo haré, adiós tío. Para terminar me acerque a Max tomo mi mano y la besó, nos miramos fijamente durante unos segundos y luego se acercó un poco más a mí. Me dio un beso en la mejilla que fue realmente demasiado demasiado cerca de los labios, se quedo a unos centímetros de mi y me miro con una profundidad que me hizo temblar. — Lo que paso no fue un error. — Volvió a mirarme. — Al menos no para mí. — Acaricio mi cabello y me soltó. — Adiós Max. — Quite mi mano de la suya. — Adiós Eris. — Me aleje, sentí como me seguía con la mirada y como un hueco en el pecho se iba creando. Arlo estaba afuera esperándome, cuando salí caminamos hasta el auto donde el resto nos esperaba. Los chicos pusieron música a todo volumen, pero en el camino yo no podía dejar de pensar en el beso con Max, lo que dijo mi padre y la cara de Blemir y sus ojos azul ensangrentados, mire por el espejo retrovisor y todos iban muy felices menos yo, estaba muy confundida. Volteé a ver a Arlo que venia en el asiento del copiloto y le sonreí pero el noto algo extraño en mí. — ¿Estás bien? — Tomó mi mano que estaba en la palanca. — Te ves un poco preocupada. — Los chicos escucharon y bajaron el volumen de la música. — Eris, estas pensando en que no hicimos buena elección con lo de la propuesta ¿cierto?. — Pregunto uno de ellos. — No, no, — Repetí. — No es nada de eso, les aseguro que hicimos buena elección. — Desvíe mi mirada a Arlo, quien aparentemente entendió mi referencia. — Es solo algo que me dijo mi padre sobre mí madre. — Volvieron a subir el volumen pero Blemir no se convenció. — Estas segura de que todo esta bien. — Volvió a preguntar. — Sí, si. — Sonreí y de pronto en mi descuido un auto apareció de la nada. — ¡ERIS CUIDADO! — El grito de Erián hizo que regresara la mirada al frente pero fue demasiado tarde. — Mierda. Gire bruscamente y frene haciendo que nos estrelláramos con una pared, en mi confusión toque mi cabeza y vi un poco de sangre para la suerte de los chicos llevaban cinturón pero a mí nunca me han gustado. A lo lejos escuche a Blemir pero no podía moverme o reaccionar, lo último que recuerdo fue ver la cara de Arlo borrosa y me desmaye. Después de eso, abrí los ojos y recuerdo haber despertado en la habitación de un hospital un poco agitada pero muy confundida, comencé a jalar los cables que tenia puestos y trate de gritar pero no salía palabra de mi boca. Una mano me detuvo pude ver su rostro pero muy borroso parecía ser Max el que estaba conmigo pero antes de que la imagen se aclarara me volví a desmayar.
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