“La vida es un segundo y tenemos que disfrutarla.”
Volví a despertar pero esta vez más cuerda que antes pero me dolía todo el cuerpo y sentía que la cabeza me iba a explotar. Por la poca iluminación que había en la habitación puedo decir que era de noche, apenas abrí los ojos mire hacia la puerta y luego a la ventana tratando de acostumbrarme, había un sillón en la habitación y sobre el estaba alguien, mi vista estaba algo borrosa así que no podía ver muy bien.
— Hola. — Pude pronunciar casi en susurro. — ¿Hola? — Esta vez mi voz recupero su fuerza.
— Eris. — Se levanto del sillón. — Me asustaste mucho. — La imagen se fue haciendo más clara a medida que se acercaba.
— Blemir. — Ciertamente no era él a quien esperaba, trate de levantarme pero fue inútil. — ¿Qué pasó? — Comencé a asustarme.
— Tranquila. — Tomo mi mano. — Tuvimos un accidente pero está todo bien. — Sonrió.
— UN ACCIDENTE. — Sonó como un grito ahogado. — ¿Y los demás?
— En casa. — Se sentó al borde de la cama. — No dejaban que todos estuviéramos aquí así que se fueron a casa.
Solté un suspiro y me acomodé, le pedí que se acostara conmigo y así lo hizo, me recosté sobre su pecho y podía escuchar latido de su corazón que cada vez más se intensificaba, levanto mi cara haciendo que lo mirara, note en sus ojos que había llorado los tenía un poco rojos, luego me beso de esa manera sutil y suave, me abrazo y pronunció unas palabras que no alcancé a entender y se acomodo. Pasaron las horas y Blemir dormía profundamente pero yo no podía, mi cabeza no dejaba de pensar aquella persona que había visto, necesitaba saber si fue Max o solo mi imaginación.
Quería estar segura pero había algo que me pesaba más, me sentía mal y culpable por besar a Max y olvidarme de Blemir. Tengo que admitir que ese beso había revolucionado algo en mi interior que no logro explicar, mire a Blemir mientras dormía con cara de culpa, acaricié su mejilla, él se veía tan pacifico, me acomode nuevamente escuchando sus latidos hasta que pude quedarme dormida.
§
— Buenos días. — Una voz diferente irrumpió en mi tranquilidad. — Vengó a revisarla y traigo el desayuno. — Abrí los ojos y vi a una enfermera.
— ¿Blemir? — Ignore el hecho de que la enfermera había entrado. — ¿Dónde esta? — Me asuste un poco de que fuera un sueño.
— ¿La persona que estaba aquí? Acaba de salir. — La noticia me tomo de sorpresa y desperté por completo — Tranquila, dejó esta nota para usted y una flor. — Tome la nota y la leí.
*La nota*
Buenos días nena, fui a casa a traer ropa y a bañarme no me tardo, regreso en un rato, tú padre dijo que iría con tu tío, te amo. Blemir.
La enfermera se me quedo viendo y solo le sonreí, estaba confundida con el hecho de que estaba en el hospital, no tenía idea de lo que me había pasado y porque estaba aquí.
— Disculpa. — Le hablé a la enfermera mientras se acercaba. — ¿Qué me pasó?
— Tuvo un accidente y tiene lesiones algo graves. — Tomo la sábana que cubría el resto de mi cuerpo. — ¿Lista para ver?
— ¿Tan graves son? — Me puse algo nerviosa.
— No tanto, pero me gusta que se asusten. — Nos reímos y me tranquilice un poco.
Quito la sabana dejando al descubierto mi pierna derecha, estaba vendada y cuando intenté mover el brazo derecho me di cuenta que lo tenía en un cabestrillo y enyesado. Me asusté de pronto comencé a sentir dolor y mire mi pie izquierdo tenía yeso, ella había dicho que no era nada grave.
— Enseguida viene el doctor. — Tomo las cosas y salió de la habitación.
Me quede admirando mi cuerpo en vendas y con yeso, a los pocos segundos entro mi padre con su séquito.
— Tesoro. — Entro acercándose hasta la cama. — ¿Porque lloras? — «¿Qué acaso no ve cómo estoy?»
— ¿Qué me pasó? — Traté de no gritar.
— Tuviste un... — Lo interrumpí.
— ¡ACCIDENTE! — Estaba enojada y lo único que me salió fue un grito. — Ya lo se. — Levante la mirada a él. — Pero ¿porque tengo vendas y un yeso? — Recuperé mi voz y limpie las lágrimas que resbalaban de mi rostro.
— Te dislocaste el codo y el hombro. La rodilla se te zafo y tuve que ponerla otra vez en su lugar. El pie se fracturó así que tuvimos que poner yeso hasta que vuelva a acomodarse y tienes 4 costillas rotas. – Pude inferir que la persona al borde de la puerta era el doctor. — Mucho gusto Doctor Vasiliev. — Sonrío y se acerco hasta donde estaba.
— ¿Todo eso por un accidente? — «Vaya debió ser bastante impactante.»
— Fue más que un accidente. — Apareció mi tío detrás de mi padre. Había olvidado por completo su existencia.
— ¿Como qué más que un accidente? — Los mire confundida.
— Tesoro. — Clavo la mirada en el piso. — El auto impacto fuertemente y quedó destrozado. Tu quedaste afuera del parabrisas. — Antes de que pudiera decir algo el doctor interrumpió.
— Vamos a ver como sigues. — Se acercó y me empezó a revisar pero solo movía la cabeza como diciendo sí y no. — Tuviste suerte de que solo fueran algunas heridas. — Sus palabras no me hicieron sentir mejor y mucho menos me tranquilizaron.
— ¿Y? — Necesitaba algo más que suerte.
— Parece que todo esta bien. — «Acaso dijo... parece. » — Se va a tener que quedar hasta mañana solo por lo de la hemorragia. — Miro a mi padre, mientras yo me moría por dentro. «¿Hemorragia?» Quería gritar. — ¿Te duele la cabeza? ¿Vista borrosa o con dificultad para enfocar? — Me miro.
— No nada. — Negué con la cabeza y el doc asintió.
— Entonces solo será eso. — Se dirigió a mi padre.
— Bueno, tendrás que quedarte.
— Señorita, ahora sí puede desayunar. — Sonrío y salió de mi cuarto, junto con mi padre.
— Adiós pequeña sobrina cuídate. — Me dio un beso en la frente y me dejo sola.
«Por unos golpes y hemorragia tengo que quedarme aquí». Estaba enojada y frustrada, quería regresar a mi casa, a mi cama, el hospital es muy incómodo.
— Bueno, pero ¿Porqué esta cara?
— Mierda. Max. — Ni siquiera me di cuenta de su presencia.
— Uy perdón. — Se sentó en el pequeño sillón al otro lado de la habitación. — De saber que no te iba a agradar mi presencia, ni me aparezco.
— No es eso, es solo que...
— No te agrada la idea de quedarte aquí. — Interrumpió.
— Pues claro que no. — Lo mire, tenía una sonrisa que hacía que se viera más hermoso de lo que ya es.
— No tienes opción. — Se levanto y camino hasta mi cama. — Pero ahora tienes que comer. — Acercó la mesita con la comida y me le quede viendo. — Upss mi error. — Soltó una risita y se sentó frente a mi. — Parece que voy a tener que ayudarte a comer.
— Si tuviera otra alternativa no te lo pediría. — Mi brazo derecho está inmóvil y mi lado izquierdo no es mi fuerte por lo tanto no es fácil comer con el otro brazo.
— No hace falta que me lo pidas. — Sonrió y se sentó en el borde de la cama. — Aún en bata de hospital te ves hermosa. — Hizo un intento de susurro pero su comentario hizo que me sonrojara.
Mi padre y mi tío hicieron que Max y yo nos quedáramos solos un buen tiempo, pero no lo suficiente como a mí me hubiera gustado.
— ¿Cómo... se enteraron del accidente? — Estaba más tranquila, la presencia de Max era pura paz, además me agradaba su compañía.
— Tú... novio llamó. — Me miro pero esta vez de manera diferente. — Cuando llegamos al lugar del accidente tú ya estabas en la ambulancia. — Miro el plato y luego a mi. — Abre la boca tienes que comer. — Nunca me ha gustado que me den ordenes pero con él todo es diferente. — Abre. — Acerco la cuchara con comida a mi boca, para ser sincera no me gusta la comida del hospital sabe a enfermos.
— Ajá y luego. — Probé bocado.
— Alguien tenía que ir en la ambulancia contigo. — Clavé la mirada en el plato de comida. — Tu papá tenía que quedarse para ver lo del auto, pero tú no podías ir sola así que fui contigo. — Levantó la mirada y desesperado busco la mía.
— Y mi ¿tío? — Soné un poco ruda pero no quiera que se sintiera especial, creo que fue un error.
— Bueno. — Bajo la mirada un poco ofendido. — Él... estaba atendiendo unos asuntos en la mansión y se tuvo que quedar. — Desvíe la mirada a la puerta y él se alejo un poco de mí. — No te preocupes a la próxima me quedo yo. — «A genial, no quería decir eso.»
— Así que no fue mi imaginación. — Trate de ignorar lo último que dijo y cambiar de conversación rápidamente.
— ¿Qué? — Su tono cambio a curiosidad.
— No es nada. — Roce su mano y me miro.
— Ajá. No puedes dejarme con la intriga. — Me obligo a mirarlo y tomo mi mano. — Ahora dime ¿de qué hablas? — Su sonrisa me obligo a decirle.
— Es solo que... — Suspire. — Tengo un vago recuerdo de la primera vez que desperté y me volví a quedar dormida. — Me acomode en la cama y tosí.
— ¿De verdad? ¿Cual? — Se acercó más a mí y su voz tenía un tono de curiosidad, lo miré y le sonreí.
— Antes de desmayarme recuerdo haber visto tu cara. — Dije lo más rápido que pude para que no entendiera.
— ¿Mi cara? — Tiene una sonrisa seductora que me vuelve loca.
— Sí, tu cara. — Lo mire como queriendo seducirlo tratando de no verme tan obvia (fallé).
— No estás tan equivocada — Sonrió de la misma manera que yo. — Despertaste y comenzaste a jalar los cables y luego volviste a quedarte dormida.
— ¿Te quedaste conmigo? — Trate de ocultar mi emoción y extrañeza.
— ¿Y porque no lo haría? — Se acercó un poco más a mí, alejando la mesita con comida y dejando un mínimo espacio entre nosotros.
— Yo pensé que tenías cosas que hacer... Cosas más importantes. — Intente agachar la cabeza pero él me tomo de la barbilla impidiéndomelo.
— Últimamente nada me parece más importante que estar contigo.