“Te entrego este anillo como un símbolo de promesa.”
Nos miramos fijamente hasta que volví a reaccionar y luego grite, después de varias vueltas a la habitación, me levante de golpe y corriendo, no lo podía creer, los anillos. Esos anillos jamás nos los habíamos quitado, cuando cumplimos 6 meses y formamos el grupo, la amistad la sellamos con anillos iguales, nosotras usamos un anillo oro rosa, con forma de corona un poco curveada, con 6 diamantes aguamarina, los niños usan un anillo peculiar en forma de serpiente oro n***o y en el centro tienen un diamante verde tipo esmeralda, todos los anillos tienen dento nuestras iniciales y solo existen 8 anillos así y son nuestros, son exclusivos.
Salí corriendo de mi cuarto hacía el cuarto de Alexandra, era una tormenta de emociones y no sabia que hacer. Abrí la puerta con fuerza y sin quererel golpe fue fuerte y el eco duro por al menos 10 minutos despertando a todo el mundo, mierda, estaba muy preocupada más que enojada, por el ruido Alexandra despertó de golpe y me miro asustada.
— ¿Qué pasa? — Dijo mientras se tallaba los ojos. — Eris, ¿qué pasa?.
— Tú anillo. — Grite y mire hacia la puerta.
— Mi ¿qué? — Contestó confundida.
— Tu anillo, Alexandra, el maldito anillo — grite más fuerte haciendo que las puertas de los otros cuartos se abrieran.
— Tranquila, aquí esta. — Se incorporo y luego levantó su mano hasta su vista para mostrarme su anillo desaparecido. — Mierda mi anillo. — Gritó y eso hizo que despertara por completo, se quito las sabanas de encima y se sentó en el borde de la cama.
— ¿Qué pasa? — Entró Arlo en el cuarto, con los ojos hinchados. — ¿Qué es todo ese ruido?
— Ale. — Lo mire. — Se le cayó el anillo en la joyería y la policía lo encontró. — Estaba un poco más tranquila y encendí el televisor, para nuestra suerte justo estaban pasando la imagen del anillo.
— Mierda mi anillo. — Se paro.
— ¿Y ahora? ¿Qué hacemos? — Pregunto María igual de asustada que yo hace algunos momentos.
— Tranquilas todas se quitan el anillo, nadie lo vuelve a usar hasta que recuperemos el de Alexandra. — Kevin, más cuerdo que todos nosotros, enseguida todas nos quitamos los anillos y se los dimos. — Ahora los vamos a guardar.
Salimos de la habitación rumbo a la sala, en el piso de la sala hay una pequeña madera que se levanta, ahí guardamos cosas que no queremos perder o que nos sirven a todos, pusimos los 3 anillos dentro y nos sentamos nuevamente esperando que todo estuviera bien.
— No podemos volver a asaltar ninguna tienda por el momento, pero ahora necesitamos un plan para recuperar el anillo. — Erián se paro y se puso frente a todos nosotros.
Nos quedamos hasta noche viendo las noticias tratando de averiguar a donde llevarían el anillo, pero no hubo nada que nos pudiera ayudar, pasaron las horas y nos quedamos dormidos frente a la televisión. Fui la primera en despertar, los nervios no me dejaban dormir, fui a la cocina y de pronto escuche un teléfono sonando en la parte de arriba subí corriendo y era mi teléfono tenia diez llamadas perdidas y un mensaje de voz. Existen dos cosas que me aterra la primera es una llamada perdida, tome mi teléfono, puse la contraseña, la voz de mi padre sonó del otro lado del teléfono. Olvide por completo que ayer era día de hablar con papá y por supuesto debía estar enojado conmigo.
*Mensaje de Voz*
Crajo Eris, para que tienes un teléfono si no lo vas a atender. Tienes que dejar de hacer estupideces y concentrarte, en algún momento tienes que volver y recordar el porqué estás ahí, te mande a que te comportes y estudies no a destruir la ciudad, concéntrate, deja tus juegos y háblame cuando escuches esto.
Mi padre ahora estaba muy molesto y yo solo podía pensar en el anillo, no tenia tiempo para sus regaños así que decidí no llamarlo, sabía que eso estaría peor pero tenía que recuperar el anillo y dejar todo limpio, 3 años y medio haciendo esto, nunca nos había pasado algo así. Volví a la sala, tome el control para apagar la televisión y aparecieron las noticias, el anillo y su ubicación.
— Lo tengo.— Grite y puse mi mano en mi boca, mi pequeño grito despertó a todos.
— ¿Qué pasa?— Preguntó Elián medio dormido — ¿Porque gritas? ¿A caso no duermes? — Se levanto con dificultad de donde estaba durmiendo.
— Se dónde lo tienen. — Grite emocionada, despertando por completo al resto.
— Nena, ¿de qué hablas? — Apareció frente a mi Blemir un poco dormido.
— Despierten, hablo del anillo de Alexandra.
— A claro y luego ¿dónde esta? — Pregunto Alexandra.
— En las oficinas centrales. — Señale la televisión. — Ahora solo necesitamos conseguir mapas del lugar.
— Okey, basta de planes, primero a comer, vamos a la escuela y luego vemos qué hacemos. — Munmbi salió de la cocina, estabamos tan dormidos, que no nos dimos cuenta que faltaba Mun.
Desayunamos en la sala mientras mirábamos las noticias. Nos arreglamos y salimos rumbo a la escuela, todo parecía completamente normal y nada debía cambiar, entramos como de costumbre y justo a unos pasos de entrar me detuvo la directora, con una mirada que me hizo temblar un poco.
— Señorita. Tiene una visita en la oficina. — Puse cara de pánico, jamás recibía visitas. — ¿Vamos? — Señaló el camino completamente vacío.
— Sí, claro la sigo. — Mire a Blemir con esa mirada de "sálvame" y él solo me sonrió.
Mientras caminábamos sentía como si mi cuerpo se desarmara lentamente y se quedara en el camino, sentí como mi corazón se aceleraba. Cada paso que daba me llenaba mas de pánico, no tenia ni idea de quién me esperaba del otro lado de la puerta así que decidí esperar lo peor. Al llegar, mis pies no se movían, la directora literalmente me empujo al interior de la oficina, me quede unos segundos parada antes de voltearme y descubrir quien estaba ahí.
— Me vas a saludar o te vas a quedar viendo a la nada. — esa voz me sonó familiar.
— ¿Quién eres? — Pregunte con inseguridad pero sin voltearme.
— Si volteas, lo averiguaras. — Aunque estaba dandole la espalda supe que estaba de pie detrás de mi. Me gire lentamente. — Tío ¿qué haces aquí? — Estaba confundida.
— Parece que alguien a creado problemas. — Se referia a mi. — Tu padre no quiere limpiar tus desastres. — Volvió a sentarse y señalo la silla frente a él.
— Genial, ahora debe estar furioso. — Me deje caer en la silla.
— Tienes que tener más cuidado. — Se inclino hacia el frente. — No hagas las cosas solo por hacer. — Me miro como cuando no está de acuerdo.
— Necesito recuperar ese anillo, si consiguen las huellas y saben quién es el dueño. — Antes de que pudiera terminar de decir algo me interrumpió.
— Ya entendí, el teatro se te cae. — Me tomo de las manos. — Eris enfócate en los estudios y yo te ayudo.
— Necesito conseguir la estructura de las oficinas. — Aproveche y solo lo pedí.
— Me encargo de conseguírtelas y tu te enfocas en la escuela ¿trato? — Volvió a recargarse en las silla.
— Trato, pero ni una palabra a papá.
—Promesa. — Sonrió. — Ahora sal de aquí y compórtate. — Señalo la puerta y me levante.
Salí de la oficina más tranquila. Camino al salón Trevor me intercepto destruyendo toda la tranquilidad que había logrado tener. Me tomo del brazo, jalándome hacía los baños y acortando el espacio entre nosotros.
— No te vuelvas a meter conmigo. La próxima vez no tendrás suerte. — Se acercó demasiado a mí.
— ¿Me estas amenazando? — Le mostré indiferencia.
— Yo no amenazo. — Se acercaba más a mí. — Yo advierto y esta es la última advertencia.
— Bueno mensaje recibido pero ignorado, suéltame. — Esto comenzaba a estresarme.
— Estas jugando con fuego y te vas a quemar. — Advirtió presionándome más a la pared.
— Ja. —Lo mire. — No te has dado cuenta que el fuego y yo somos amigos, nos llevamos de poca madre. — Sonreí. No le gusto.
Se quedo callado y me miro, sus ojos se penetraron en los míos y sin pensarlo lo empuje y le pegué, él dio un paso hacía atrás y me miro confundido, sujentando sus partes bajas, me acerqué a él con el mismo coraje que tenía anoche.
— Escucha muy bien. No me interesa si eso fue una amenaza o no pero lo que tenga que ver contigo definitivamente no me interesa.
— Bueno. — Dijo enderezándose aun con una mano en sus partes bajas. — ¿Qué pasaría si le digo a la policía que tú y tus amiguitos son los culpables del robo? — Me miro desafiante.
— Jajajaja. ¿Mis amigos y yo? — Pregunte tratando de ocultar mis nervios.
— Sí, ese anillo que apareció en la tele. — Dio un paso atrás. — Tenía mis dudas de que lo conocía. — Se recargo en el lavabo y me miro por el espejo. — Resulta que es igual al de ustedes. — Se acerco y tomo mi mano.
— Curioso. Yo no había visto ese tipo de anillos antes. — «Gracias que nos los quitamos» Subí mi mano hasta nuestra mirada.
— Imposible. — «Sorprendido?». — Lo vi en tu mano ayer. — Estaba enojado, yo estaría igual.
— Bueno, viste mal. — Me reí y él se quedo parado.
Di la vuelta y salí del baño, a los pocos segundos salió detrás de mi, me aleje mientras él se quedaba en la puerta mirándome, comencé a caminar un poco rápido y Kevin me vio y se acerco.
— Sigue caminando y no mires atrás. — Lo tomé del brazo y lo lleve al final del pasillo.
— ¿Qué pasa? — Pregunto sorprendido.
— El imbécil de Trevor. — Solté un suspiro. — Vio el anillo en la televisión e inmediatamente lo relaciono con el nuestro. — Lo mire. — Como no lo traía no pudo comprobarlo.
— Es bueno saber que la suerte esta de nuestro lado.
Sonó la campana y todo el mundo salió de los salones.
— Hey chicos. — Ambos giramos y vimos a los demás acercarse.
— ¿qué pasa? Estás pálida. — Se acercó Blemir a mi y me tomo de la mano, me miro con una cara de asustado y luego miro a Kev.
— El imbécil de Trevor. — Volvió su mirada a mi y me abrazo.
— Que te hizo ese idiota. — La cara de Erián comenzó a ponerse roja de enojo.
— Nada. Es solo que vio el anillo en la televisión y lo relacionó con nosotras.
— ¿Qué? ¿Qué le dijiste? — Los nervios atacaron a Maria.
— No hizo falta. — Los mire. — Tomo mi mano para ver el anillo pero no lo encontró, por ahora estamos bien.
— Bueno tenemos planes que seguir y tenemos que portarnos lo más naturales posibles. — Cambio de tema Alexandra y todos asentimos.