El cuerpo de Jane fue envuelto con una manta térmica, demasiado tarde para que el calor tuviera sentido. Beltrán fue quien se agachó y cerró sus ojos con dos dedos. No dijo nada. No hubo despedida. Solo esa sombra permanente en la mirada de Mila, que no parpadeaba desde hacía minutos. La sangre aún manchaba su ropa. Julia estaba recostada contra la pared, respirando entrecortadamente. Beltrán le había colocado un torniquete improvisado en la pierna. —El protocolo… fue activado por Simón —murmuró Julia—. No fue un ataque cualquiera. Él sabía. Sabía que Jane se quebraría tarde o temprano… y lo usó. La selló con una orden envenenada. —¿Desde cuándo lo sabías? —preguntó Beltrán sin levantar la voz. —Desde que empezaron a desaparecer los registros de memoria de los Sujetos C. Cuando lo

