Ojos de Sol
Cementerio de San Fernando, Costa Rica.
18 de enero
-¡¿Por qué diablos no voy a tener derecho a reclamar lo que me pertenece?! La cosa que tengo dentro de mí vientre era de él- dijo con desprecio señalando el ataúd donde se encontraba el fallecido.
-No tienes ningún derecho a reclamar nada, no eras más que una mujer oportunista que busca el beneficio de todo esto-exclamo la madre del fallecido.
Todos los presentes en el lugar presenciaban la escena con gran interés.
-Claro que tengo derecho, si no me dan lo que pido, me encargare de sacar esta cosa de mi cuerpo- dijo con desprecio e indiferencia.
Sol presenciaba la escena sin decir ni una palabra, todavía le parecía mentira que su difunto esposo la hubiera engañado con una mujer tan despreciable. Tenía ganas de golpearla, gritarle que se largara y los dejara solos pero en vez de eso dijo:
-Samantha- hablo secamente y para asombro de todos continuo- llegaremos aún acuerdo en otro lugar, hay muchos presentes que no les interesa nuestra vida privaba- dijo con calculada frialdad, Samantha sonrió triunfante, había logrado lo que quería.
-Claro, me parece muy bien ya nos estamos entendiendo mi bella solecito, los veré en la hacienda cuando haya terminado todo esto- dijo con desdén mientras se marchaba con sus zapatos de aguja y una sonrisa en su cara.
-¡Sol! Pero te has vuelto loca- dijo con indignación su ahora ex cuñado-esa mujer está mintiendo ¿no me digas que le has creído a esa víbora?
Sol medito su respuesta.
-Sea su hijo o no, no dejare que una criatura inocente sufra innecesariamente.
-Es hora de irnos, ya no tenemos nada que hacer aquí- intervino el padre del fallecido, mientras abrazaba a su esposa.
Tres horas después, haciendo el Jazmín.
Sol observaba las flores del jardín desde la ventana de su habitación con una mirada perdida, llena de dolor y odio, sentimientos que la consumían y destruían por dentro. La madre de su difunto esposo la observaba desde el marco de la puerta de la habitación, sentía tanto dolor por haber perdido a su hijo pero también lo sentía por esa muchacha, con solo 21 años ella había recibido un duro golpe que no merecía.
-Sol ¿podemos hablar un momento?- dijo tocando la puerta.
-Entenderé si no quieren que vuelva a la hacienda, les daré mi parte de la empresa y todas las pertenencias que recibí estando casada con su hijo- dijo sin una pizca de emoción.
-No Sol, lo que menos queremos es que te vayas, te queremos como si fueras nuestra hija. Si te vas terminarías de romperme el corazón- dijo rompiendo a llorar desconsoladamente. Cuando Sol la vio llorar, fue corriendo abrazarla tratando con ese abrazo consolarla por el dolor de su perdida.
Cuando se calmó un poco siguió diciendo:
-Sol, hija por favor no te vayas te necesitamos aquí en la hacienda, en la empresa, pero principalmente aquí en nuestra familia, por favor no te vayas- dijo volviendo a llorar desconsoladamente en los brazos de su ahora ex nuera.
-Está bien, no me iré- dijo cuándo doña Lorena dejo de llorar- pero no podemos dejar el bebé que espera esa mujer abandonado, sería muy cruel.
-Estoy de acuerdo en eso contigo mi pequeña- la sorprendió el padre de su difunto esposo entrando en la habitación.
-Le daremos lo que ella pida y una propiedad muy lejos de aquí, también tendrá que firmar un documento que garanticé que no la volveremos a ver en los que nos queda de vida- dijo Sol.
Sus ex suegros la miraban con asombro por la forma tan calculada y carente de emoción con la que hablaba muy parecida a la de su fallecido hijo, en ese instante se dieron cuenta que la mujer que habían conocido llena de vida y alegría que había iluminado su familia, se había convertido en el cascaron vacío que tenían frente a sus ojos, ese descubrimiento rompió aún más sus corazones. No podía creer que su hijo el hombre más serio y reservado haya engañado a una de las mujeres más valientes y valiosas que hayan conocido.
-Comuníquenle todo lo que hemos hablado a esa mujer, dejo en sus manos el funcionamiento de la empresa y la hacienda a Matías, necesito irme por un tiempo después de todo lo ocurrido ya no me siento yo misma -dijo carente de sentimientos- pero debo irme sola.