La sala estaba repleta de un silencio expectante, miradas desconcertadas y suspiros con miedo a su alrededor. Lo único que se podía sentir eran sus respiraciones, como se agitaban al enfrentarse a algo que nunca esperaban. Pero que yo, ya iba preparada para afrontarlo. Veía su cara de inocencia, de desconocimiento, pero al mismo tiempo, sabía que ella lo conocía todo y tan solo estaría fingiendo. Deja de actuar de una buena vez. Al verla tan desconcertada, solo provocaba en mí una ira que sería capaz de arrebatar cualquier vida. No me quería controlar, sin embargo, por eso mismo tampoco me movía del lugar. Un movimiento con las emociones que tengo encima y sería capaz de acabar con ella. - Saray… -Quien hablo fue Dalia, se hallaba desconcertada igualmente-. ¿Qué vamos hac

