Era la dulce de voz de aquella persona que, por tantos días, estuve ansiosa por escuchar. Mi corazón se aceleraba y mi pulso aumentaba con tan solo segundos de haber escuchado su voz. Podía sentir como la sangre que recorría todo mi cuerpo me inundaba de una felicidad, que esperaba, no fuera para nada efímera. Cuando escuche el chirrido de la puerta abrirse lentamente, en ese preciso instante, todas mis emociones se detuvieron, expectantes de que fueran la persona que realmente esperaba ver detrás de la puerta. Los segundos se transformaron en milenios y la esperanza, en agonía de que fuera ella quien estuviese al otro lado. No deseaba llevarme ninguna otra mala noticia hoy, ni ninguna sorpresa más de las que ya he llegado a recibir. Han sido suficientes cosas las que he tenido que d

