Cocina — madrugada. La casa dormía. La cocina estaba apenas iluminada por una luz cálida bajo los gabinetes. Gael, descalzo, con pantalón de pijama bajo y el torso descubierto, bebía agua directamente del vaso. Tranquilo. En silencio. Valentina entró desde el otro lado. Se detuvo en seco. Él levantó la vista al mismo tiempo. Silencio. No fue un silencio incómodo. Fue uno de reconocimiento. Ella bajó la mirada un segundo… y entonces lo vio. La marca. El moretón oscuro en su hombro. Su mandíbula se tensó. — Así que sí. — Dijo, entrando del todo a la cocina. — Te revolcaste con otra. — Gael no se movió. Solo apoyó el vaso sobre la encimera. — Buenas noches para ti también. — Respondió, con calma divertida. Valentina avanzó hasta quedar frente a él. No gritó. No tembló. Capricorni

