Capitulo 11*

1915 Palabras
Capítulo 11 ¿Trato? Mi instinto protector la ve como una amenaza de la que debo deshacerme y no es que no quiera seguir ese instinto, sería fascinante verla implorar por su patética vida, creo que he encontrado la manera en la que podría gustarme. —Nuestros padres decidieron que nos casáramos, no puedes hacerme esto —gritó buscando mi atención, ¿Esta mujer solo sabe gritar? Suelto un suspiro exasperado y paso mis manos por mi cara, siento la punta del cuchillo entre mis dedos. Logró ver una cabellera pelirroja de reojo esconderse, lo que me incita a deshacerme de Luisa rápido, e inevitablemente sonrió, recuperando la compostura. —¡Ponme atención! —vuelve a gritar, hago una mueca, eso fue muy agudo. —No voy a casarme —determino abriendo la puerta para que salga. Mi acción la enfurece aún más, por lo que zapatea contoneándose para salir, pero a última da vuelta para decir algo. —Ya tengo abogada —presumo antes de cerrar la puerta en su cara escuchando su grito frustrado. No me muevo hasta escuchar sus zapatos, alejarse para asegurarme que se va y así lo hace. Puedo apostar que su hermano está estacionado a unos metros, por lo que no me preocupo. Cierro con seguro y hago lo mismo con las cortinas atorando en un pequeño gancho que coloque, está loca y es capaz, ahora la puerta trasera por donde debió entrar, cierro y colocó seguro junto con la ventana de la cocina. Mi casa se ve oscura por lo que prendo solo la luz del pasillo que ilumina a la perfección donde quiero, creo que debo colocar más seguridad. La observó caminar a la sala para asomarse por la ventana, trae una gabardina negra cubriéndose hasta casi rozar el suelo, por lo que tengo curiosidad de lo que hay abajo. Sigue dándome la espalda cuando se la quitó dejándola caer al suelo tengo que contener la respiración por lo que veo, para ser sincero no esperaba esto. Se da la vuelta de manera lenta, tiene esa maldita mirada con una sonrisa juguetona, sabe que me tiene en su poder y viene a echármelo en cara, al parecer mi jugada de atraerla no fue como debía, algo pasó por su mente y ahora aquí está marcando su lugar. Me acercó mientras ella se mueve por mi sala contoneándose, el sonido de sus tacones no hace más que llenarme de expectativa. Trae un vestido que es de un color blanco casi transparente que llega hasta la mitad de sus piernas, si se agacha puedo ver lo que hay abajo, además de que me deja ver sus curvas de una forma candente, la abraza como si fuera su segunda piel. No deja nada a la imaginación, ropa interior color n***o de encaje alrededor, color rojo oscuro, hay unos listones que se marcan, su lado atrevido ha despertado y me alegra ser partícipe. Sus botas son rojas estilo hule con tacón. Se deja caer en la mesa del centro y me señala frente a ella para que me siente. Me muevo para hacer lo que me pidió y conforme lo hago me deshago de los cuchillos de manera discreta, todo bajo su atenta mirada, parece feliz con mi reacción, hasta que me siento donde me indico. Abre las piernas por lo que contengo la respiración para después inhalar con fuerza, está dejándome admirar su ropa interior, puedo darme cuenta de la humedad que comienza a aumentar en esa parte, mis pantalones comienzan a parecer ajustados, pero decido esperar a sus movimientos. Me gusta este lado juguetón. —Necesito que hablemos de tu caso —susurra con un tono seductor, toma mucho de mí, mantenerme quieto y no saltar sobre ella. —Claro, es buena hora —mi voz sale ronca, se nota lo afectado que estoy. La tensión va en aumento. —¿No crees en el matrimonio? —susurra, sé que una pregunta trampa, por lo que reflexiono de manera fría y apresurada. —No creo en el amor después del matrimonio —es simple y parece feliz con mi respuesta. No quito la mirada de los suyos que son de un gris claro aunque ahora parecen n***o, me levanto, esto tiene pinta de que tardaremos y necesito estar lo más cómodo posible, por lo que quito mi camisa de forma brusca para luego mi cinturón, desabotono y bajo la cremallera. Observo como pasa su lengua por el labio inferior deseando mi erección, un escalofrío me recorre. Jamás pensé sentirme de esta manera, por primera vez me siento fuera de lugar, mi cerebro está apagado y no hay más. Paso mi mano sobre mi erección para calmar un poco mis ansias, aunque debo quitar mi mano para evitar correrme de manera vergonzosa, luego enarca la ceja en mi dirección. —Me he puesto cómodo igual, puedes hacerlo, esto parece una charla larga —susurro dejándome caer de nuevo en el asiento de frente para observar lo que hay entre sus piernas. Alzo la vista para observarla, menea la cabeza de un lado al otro para asentir, se agacha dejándome ver sus pechos, el encaje parece abrazarlos de una manera que me gustaría apretarlos. Quita sus botas con lentitud, estoy tentado a tocarme solo observando sus movimientos junto con esa sonrisa que me mantiene al borde. Termina de quitar sus botas lanzándolas a algún lado. Se me dificulta respirar. —¿Estás seguro de no casarte?, ella parece un encanto —bromea, suelto una risa y le sonrió de manera perezosa. —Estoy muy seguro —afirmo dándole una mirada significativa. Vuelve a abrir las piernas y recarga los brazos en la mesa inclinando su cuerpo atrás. Coloco mis manos en sus piernas para colocarme de rodillas entre ellas, dejando un espacio, comienzo a bajar cada uno de los tirantes sin tocar su piel por completo. Mis manos las recargo a cada lado de su cintura y acerco mi cuerpo al suyo. Nuestras miradas no se pierden ningún momento. —Tardaste en venir —reclamo en un susurro. —No había niñera —contesta, los dos parecemos en alguna clase de trance esperando que alguno haga un movimiento. —Conozco una, pero dudo que tu marido la dejé intacta —susurro cerca de sus labios, espero algún comentario, sin embargo, no lo hay. Me alejo, por lo que ella se queja. Comienzo a pasar mis manos por sus piernas, llevándome el vestido, alza el culo para ayudarme. Subo por su cintura, en los pechos doy un apretó, que me trae un jadeo, alza los brazos para que termine quitándolo. Observo su cuerpo y dejo salir un gemido ronco, se ve preciosa. Intenta cerrar las piernas, pero muevo la cadera dándole lo que quiere puedo sentir su humedad contra mi bóxer, los gestos que hace son de puro placer. —¿Te has vestido para la ocasión? —susurro dando besos en su cuello, hace a un lado la cabeza dándome mejor acceso. Pasa sus manos por mi cuello intentando acercarme, doy una mordida leve en su cuello evitando dejar marca, sus uñas hacen que mi piel se erice cuando las deja pasar en una suave caricia y deja la palma tocando mi piel para luego cerrar haciendo que estas rocen mi piel. Suelto un gruñido, me gusta que lo haga. Vuelvo a dejar una mordida y ella hace la misma acción, le gusta que me guste, sus gemidos lo son todo. —Claro, debo estar presentable para mi cliente —contesta burlona, nuestras miradas vuelven a encontrarse. Me alejo para observarla, su cuerpo comienza a tener una ligera capa de sudor, ya estuvo bueno de juego, creo que ya estamos preparados para la acción. Este juego previo me ha fascinado, la Gales que tengo frente es una bomba. Me agacho para besarla, me responde con la misma intensidad jalando de mi cabello. Quito las últimas prendas que me estorban, se le ve fabulosa, pero ya la he admirado lo suficiente. Suelta un gemido cuando su piel hace contacto con la mía. Me vuelvo a alejar para quitar el reto de mi ropa, quedando desnudo. Me coloco sobre ella haciendo que se recueste sobre la superficie, que da la casualidad es casi su tamaño. Con una de mis manos me recargo colocando una mano a un lado de su cabeza, una rodilla en la mesa y la otra en el suelo. Estoy listo, pero es cuando recuerdo algo. —Espera, me falta el condón —estoy por levantarme cuando ella me agarra del brazo, jalándome de vuelta. —Quiero que lo hagas dentro —murmura avergonzada sin mirarme. Sonrió y vuelvo a mi lugar, quiero jugar a que lo diga fuerte y claro, pero no creo durar tanto, por lo que sin más entro en ella, observo como arquea la espalda como respuesta, su piel se eriza y suelta un gemido largo casi ha obtenido un orgasmo. Aprovechó para darle atención a sus pechos que ya están duros, paso mi lengua jugueteando con el pezón para terminar haciendo una succión. Gime de manera escandalosa, pasa sus manos por mi espalda y hace un movimiento para que me alce, besa mi cuello, parece indecisa entre hacerlo o no. Hago mi cabeza a un lado dándole mejor acceso, sonrió burlón cuando me mira con duda. Comienzo a hacer mis movimientos más duros y bruscos, lo que hace que sus uñas vuelvan a rosar mi piel, generando un pequeño ardor. El deseo gana en ella cuando siento que comienza a dejar marcas en diferentes puntos de mi cuerpo hasta que llega al orgasmo soltando un jadeo. Unos movimientos más y yo lo alcanzo con ella, gruño. La observo, tiene una sonrisa bobalicona y parece a punto de quedarse dormida. Salgo de ella y la cargo en brazos hasta mi cama donde levanto la sabana y la recuesto. Ella se acomoda, mientras voy a la sala a recoger la ropa y dejarla a un lado amontonado. Me recuesto a un lado y la atraigo a mí, es un placer dormir a su lado, es cuando de verdad puedo dormir. Olfateo su cuello llenándome de su olor. Siento pronto que el sueño está a casi nada de que me gane mientras ella me ve a través de sus pestañas con una sonrisa. Se acomoda sobre mi pecho esparciendo su cabello creando un cosquilleo y pasa su pierna sobre las mías y espera a que le diga algo cuando supone que no dire nada se deja caer acurrucándose más contra mí. —Me gusta estar aquí —susurra tan bajo que casi no la escucho. Decido hacer leves caricias a su pierna y espalda hasta que se queda dormida. La observo por unos minutos hasta que me gana a mí también. Estoy muy cómodo hasta que alguien se remueve intentando escapar, suelto un gruñido haciendo saber que me molesta, pero la suelto dejándola levantarse. Pasa por mi baño y luego sale del cuarto sin importarle que alguien pueda estar ahí, creo que no traje toda su ropa. Me visto rápido antes de que cualquier idea absurda me gane. Me coloco otras botas que tengo en el armario, camino por el pasillo y observo como se coloca las botas para caminar hasta agarrar la gabardina cubriendo su cuerpo y darse vuelta. Tiene una sonrisa divertida, el brillo en la mirada me hace sentir orgulloso, yo fui quien la colocó ahí mientras sus mejillas tienen un sonrojo que parece natural.
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