Capitulo 23

2103 Palabras
Capítulo 23 Al acechoDecido conducir hasta mi cabaña que está escondida entre varios árboles, es la estrategia para pasar desapercibido. Apenas y se alcanza a ver la he pintado de verde oscuro y café haciendo que el camuflaje perfecto, mi auto entra por una vereda hasta dejarlo estacionado entre la maleza, saco la foto y la sudadera para camino hasta entrar. Me dejó caer en la cama y me repito lo imbécil que soy, debí meterla al auto y traerla a mi casa, eso sería lo más conveniente, parezco un acosador dando sus primeros pasos olfateando su chamarra. Estoy tan desesperado que estoy dispuesto a mandarle un mensaje a Frey para exigirle la dirección y proseguir con mi acoso, debí seguir leyendo en lugar de quedar embobado con ella. Suelto un suspiro exasperado, tengo que aguantar para contemplarla despertar en mi cama, por qué lo hará. Si su esposo hace bien su trabajo es caso perdido. Que ese no es el caso, estaba llorando en un auto, no buscando su consuelo lo que te hace dar una idea de lo rota que esta esa relación. Estoy seguro de que sintió lo mismo que yo al saltar a mis brazos. Me quedo dormido bajo todas las ideas conspirativas que tengo, me despierta el toque de la puerta, me levanto, me quito mi playera y abro la puerta. Fray está aquí mirándome de forma amenazante, parece que el asunto no lo dejó dormir, de todos nosotros parece ser el único que piensa cada paso que dará, al menos si se trata de Laura sé que la cabeza que piensa no está sobre su cabeza. Ahora viene su discurso de moral aunque no lo llevo a cabo, no soy quien para reprocharlo permitiré que su mente lo torture. Entra a mi cabaña y deja dos cafés sobre la mesa de la cocina y se da vuelta para hablar. Sé que no se irá por las ramas, a comparación de nuestro padre que primero habla de lo que está mal cuando metía a cuanta mujer en nuestra casa para después recalcar lo que hemos hecho o en mi caso hasta que lo sacaba de quicio interrumpiendo su monólogo. —Quiero que me prometas que no destruirás un matrimonio —dice, elevó la ceja y lo observó  —De eso debería preocuparse el marido —bromeo, pero no parece relajarlo, al parecer vio más de lo que debe preocuparse su detector no falla, sin embargo, como hermano confiara en mi   —Me duele que me compares con Cameron —susurro, eso parece relajarlo estas en mi poder   —No te comparo, sin embargo, reconozco esa mirada —declara dándome una pequeña sonrisa, odio que nos conozca bien  —Me mantendré a raya, solo quiero su amistad —miento o quizá sea lo que necesito para meterme entre sus piernas, obteniendo su confianza podre encadenarla a la cama, no necesito a mi hermano sobre mí  Parece no convencer mi respuesta, termina dejando caer sus hombros queriendo confiar en mí, en cuanto lo tenga sobre mí sé que sospechara algo. Solamente un día llegaré y le diré, ¿Recuerdas que me dijiste que no me metiera?, Pues me metí y muy dentro o también podría quedar esta  pise el acelerador y choque de lleno contra ella, me trae loco, podría decirme que sea su amante y yo diría, ¿Cuándo nos vemos?. Eso me hace sentir patético ahora que lo analizo solamente con contemplarla ya me tienen a sus pies y no lo sabe. Asiente y sale, alguien llama mi atención, apenas y logro observarla pasar reconozco esa mata pelirroja, estoy seguro de que es ella. Observo a Fray irse si no antes de darme una sonrisa que probablemente me haga sentir mal. Sin embargo, no ahora así que entró corriendo y me coloco una playera y la sudadera de ayer que dejé tirada, guardo la foto y su sudadera y salgo, camino rogándole a todos los dioses. —Le rezaré al diablo todos los días si ella aparece —masculló por lo bajo cuando la contemplo, viene corriendo, esta vez aprecio sus curvas por completo Maldita sea mi imaginación no le hizo justicia, ni lo que vi lo hace. Cintura de reloj con unas piernas tonificadas, maldición eso escondía bajo esa ropa deportiva, delgada y pequeña. Su cabello atado en una coleta baja aunque hay algunos mechones que se revelan, el sudor que escurre por su cuello pasa hasta perderse entre sus pechos que son un poco más grandes que mis manos, estoy dispuesto a lamerlo con la escusa de que quiero limpiar su perfecto cuerpo. Pasa por mi lado ignorándome por completo, creo que quede demasiado embobado viéndola. Corre unos metros más, la sigo hasta que hace calentamientos y admiro a ese culo que necesita unos buenos azotes se levanta  y da vuelta. Me repito un mantra para que mis cálculos sean correctos, solo tengo que meterla a mi cabaña lo demás será pan comido que la atracción haga su trabajo. —Te invito un café —es lo primero que se me ocurre, señaló mi cabaña, si pasas no la logras observar hasta que te acercas, me mira buscando descifrar el truco —Vamos, te debo una —argumento aunque parece detectar mis intenciones asiente Hago una señal para que ella pase primero, observo su culo mientras camina es redondo y apretujarle, me doy cuenta de que lo mueve de forma provocativa no sé si camina así o yo estoy muy caliente.  Llegamos subimos las escaleras, de este modo me adelantó para abrir la puerta y dejarla entrar. Mientras escanea el lugar decido ir a hacer el café, entró en la cocina y agradezco que Frey trajera café, ahora es cuando lo veo. Lo colocó en un pocillo y lo dejó calentar unos minutos, ella entra a la cocina y toma asiento en una de las sillas frente a la encimera. Estamos en un silencio cómodo. —¿A qué te dedicas? —suelta la primera pregunta, hago la cabeza a un lado —Soy fotógrafo —es lo que hago la mayoría del tiempo le doy una sonrisa Decido que ya es tiempo, colocar dos tazas y sirvo el café, me extiendo una y la otra me lo quedo. La escucho soltar un gemido degustando el café, mi pene duele ya quiere que se arme la fiesta. Pienso en mantener mi argumento solo amigo, esto será tortuoso. —¿A qué te dedicas tú? —ese es un buen tema para bajar la temperatura, alza la mirada no me pierdo el movimiento que hace con las piernas, no soy el único caliente   —Soy abogada —susurra, mi sonrisa se extiende, ya tengo una excusa para verla   —Es bueno saberlo, suelo necesitar uno —bromeo haciendo que ría, los abogados que podrían ayudarme son familiares de la que me demanda  —No ejerzo —susurra evitando mirarme, no quiere hablar de ello, no mido mis palabras hasta que me doy cuenta de lo que he soltado —Estás tensa, ¿Tu marido no cumple sus obligaciones? —advierto la molestia inundar sus facciones y se levanta para irse  —Eso a ti no te importa —me grita y eso en lugar de dejarme frío me calienta más.  —¿Eso es un no? —determinó con una sonrisa burlona A la mierda el autocontrol, follemos. Mis pensamientos están de acuerdo con mi cuerpo. Me mira indignada, comprendo que a mí como hombre me dolería el orgullo de saber que la respuesta a eso es un sí. Da la vuelta dispuesta a irse, mi cuerpo se mueve. La alcanzo a agarrar de las caderas para atraerla a mi cuerpo, mi piel se eriza y escucho a la perfección el suspiro que sale de sus labios, intenta quitar mis manos, pero parece rendirse. Le doy vuelta y hago que se recargue sobre la mesa dejando caer mi peso sobre ella, desde donde alcanza mis manos comienzo a subir acariciando su piel de la parte interna de sus piernas provocando, Llegó a unos centímetros de su centro, mueve la cadera encontrando mi erección, lista. Quito mi peso de encima y quito mi sudadera lanzándola en algún lado al igual que mi playera y volver a dejar caer mi peso, su piel se eriza. Aunque parece estar pensando en seguir o salir corriendo, le doy el tiempo para que decida, de cualquier forma sé la respuesta. —Pídelo —susurro en su oído, mi amigo necesita liberarse  —Fóllame —demandó, es como si de una orden se tratara Le doy vuelta y la cargó sobre mi hombro mientras suelta un grito de sorpresa, en otra ocasión la cocina será donde haremos la fiesta. La dejó caer en la cama y comienzo a quitar su ropa encontrando un conjunto rojo de encaje que con su piel canela la hace ver demasiado provocativa. —¿Te gusta? —susurra avergonzada, busca mi aprobación —Se te contempla hermoso, pero en estos momentos quiero sentirte desnuda bajo mi cuerpo —soy sincero, me acerco para besarla y comenzar a quitar su ropa interior  Con sus manos temblorosas me ayuda a quitar mi pantalón, hasta dejarlo caer, saco mis pies de este, puedo escuchar su respiración, se deja caer y abre las piernas, maldición, podría solo venirme con observarla, respiro debo controlarme si no a este paso parece un precoz. Me dejo caer entre sus piernas, me acerco a besarla, sus manos van a mi cuello para llegar a mi cabello donde jala, quiere más. Dejo caer mi cuerpo sintiendo sus pezones duros y mi pene logra sentir lo húmeda que está. Coloco mi rodilla sobre el colchón para obtener equilibrio, mis manos comienzan a recorrer su cuerpo con las manos, dejó sus labios y comienzo a hacer mi recorrido de besos húmedos por su cuello, me tomo mi tiempo. Llegó a sus pechos, pasó primero mi lengua alrededor haciendo que de un respingo, luego pasó sobre el pezón, succiono y para terminar dejo un mordisco, sus gemidos son fuertes, esto le gusto, hago lo mismo con su otro pecho, mientras una de mis manos juguetea con el pezón libre. Llega al orgasmo, no me detengo bajo mi otra mano por su abdomen hasta llegar a su centro, paso mis dedos permitiendo que la humedad los envuelva cuando comienzan a entrar, busco qué movimientos haces sus gemidos escandalosos. Presiono el clítoris con mi pulgar, mientras sigo con mi tarea, su v****a aprieta mis dedos cuando otro orgasmo llega, sus uñas rasguña mi espalda, en cuanto parece reaccionar las quita, le doy una sonrisa burlona, cariño solo déjate llevar te aseguro que puedes hacerme lo que quieras. Me levanto y me llevo mis dedos a mi boca bajo su atenta mirada, los meto a mi boca y ella jadea como si hubiese hecho algo malo. —Mi nombre es Silas, es el nombre que gritaras ahora —demando Me coloco de nuevo sobre ella colocando cada mano en cada lado de su cabeza y comienzo a entrar en ella de manera lenta, por sus fluidos lo hago con facilidad, sin embargo, me doy cuenta de su gesto de dolor así que intento hacerlo más lento, me detengo cuando ya estoy por completo dentro. Maldición esto es la maldita gloria, no la dejaré ir la ataré a mi cama, ¿Quién podría sospechar de mí?. Mueve la cadera quiere que me mueva, comienzo a hacerlo de manera lenta para no lastimarla, sus gemidos cada vez son más fuertes. Pasa sus manos desde mi pecho hasta mis hombros donde me jala acercándome, me dejo caer sobre ella sin dejar de moverme. Ella comienza a pasar sus uñas por mi espalda, mientras sus labios van a mi cuello, hago mi cabeza a un lado dándole mejor acceso, deja besos húmedos siento las succiones que hace, ha dejado una marca en mi cuello. —Silas —pronunció en mi oído susurra en una súplica Mis movimientos se hacen más rápidos  —Silas, más —me exige, hago mis movimientos bruscos y por los sonidos que salen de ella le encanta  Me elevó para poder llegar a sus pechos, sus uñas se entierran más en mi piel haciendo que suelte un gemido ronco, llegamos al orgasmo al mismo tiempo, este es el mejor sexo que he tenido en mi vida. Salgo de ella y me dejo caer a un lado tratando de recuperar la respiración, algo me alerta cuando me regresa a mirar su mirada parece asustada, caigo en cuenta de algo no he usado condón.
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