A oscuras somos verdad

1928 Palabras

Salvador Los dedos de Maye acariciándome me hacen notar que me quedé en silencio. Cubro su mano sobre mi pecho con la mía, entrelazando los dedos. —En fin. Las mujeres que conozco en el Salón Dorado no saben quién soy, al menos la mayoría. Cuando alguna me habla, sé que no me quiere por mi dinero. Maye se mueve en mi abrazo, como si buscara mi rostro. Quizá lo esté haciendo, pero está demasiado oscuro para vernos. —Pero solo te quieren por tu cuerpo —susurra—. ¿Eso es mejor? Subo la mano por su brazo hasta tomarle la mejilla. Está húmeda, y con el pulgar aparto las lágrimas de pánico que cayeron en la oscuridad. —Lo es —digo—. Tal vez solo un poco, pero es mejor. ¿Cómo estás, cariño? —Resistiéndolo. —¿Quieres que respiremos otra vez un poco? Asiente, y hacemos otra ronda de diez r

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