Salvador —Podríamos comprarle a la abuela otro juego de agujas de tejer. Eso le gusta —comenta Joshua. Le da una patada a un trozo de nieve suelto en la acera, uno de los últimos restos del temporal del pasado fin de semana. —No es mala idea —digo—. Quizás un libro de patrones. Hilo también, tal vez. ¿O se dice lana? —Solo estás inventando cosas, papá. No tienes ni idea de cómo tejer. Le agarro el hombro, dándole un sacudón juguetón. —¿Quién te hizo a ti el experto, eh? Él se ríe y se aparta de mí, sonriendo bajo su espesa cabellera de rizos. —Sé un montón de cosas. ¡Como que sé que recibiré otro suéter de ella! —Oh, seguro que sí. Además tiene sentido, ya que vamos a ir a un lugar frío para Navidad. Tarda un momento, pero luego su rostro se ilumina al captar la broma. Hemos estado

