Al día siguiente mis sensaciones eran confusas. Estaba completamente enamorado de mi mujer, pero Alejandra me hacía perder la cabeza. Además ella estaba casada. ¿Hasta que punto merecía la pena? Me pasé todo el día reflexionando sobre ello. Mi mujer me escribía al móvil y se la notaba feliz, feliz y cachonda. “Esta noche mando yo perrito” ”te voy a atar y a hacer de todo” Parecía que nuestra pequeña crisis había llegado a su fin. Esa noche era viernes, salimos a cenar, a tomar una copa y a bailar un poco. No solíamos tener esas veladas. Era una reconciliación en toda regla. La noche fue larga, perdí la cuenta de los orgasmos, pero me preocupó que en algún momento, pensé en Alejandra. Los días sucesivos fueron buenos, amor y sexo. ¿Qué más se puede pedir?. No fui al gimnasio en toda la

