Capítulo 31

1782 Palabras

Pegué mi oreja a la puerta y les escuché hablando, cuando hubo un tiempo de silencio abrí la puerta y atisbé si había moros en la costa. Al fondo estaba Alejandra mirando en mi dirección, y charlando con la recepcionista en un tono no muy cordial. La tal Bea estaba de espaldas así que salí rápidamente, llegué a las escaleras, subí y me topé con la puerta cuya llave me había dejado Alejandra para abrir. Aquello parecía una película de suspense, ya que el gym tenía los espacios muy abiertos y había cristal por todas partes. Yo podía ver a Alejandra y Beatriz en todo momento, y un simple giro de cuello de esta, sería suficiente para delatarme. Conseguí abrir la puerta de acceso a las salas de máquinas, las crucé a toda prisa y bajé por la escalera que daba acceso a los vestuarios de cliente

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