Tarea realmente difícil ante las acometidas de Alejandra. Acometidas que se hicieron prácticamente irresistibles cuando ordenó a Susana unirse a la fiesta. Ambas mujeres se postraron arrodilladas ante mi, y mientras Susana lamía el tronco de mi durísima polla, Alejandra se encargaba de mis testículos, proporcionándome un placer hasta ahora inusitado. –Joe, nene. Estás borracho. Y yo aquí solita. –Pues te has ido porque has querido, porque nadie te dijo que te fueras–finalicé esa frase con un, no muy convicente, "hip". Sonido que fue provocado porque Susana se tragó mi polla hasta el fondo –Pues estoy solita en la cama, si estuviera allí contigo ahora mismo, seguramente estaría entre tus piernas comiéndote eso que me gusta tanto–al parecer mi mujer estaba cachonda y por eso me llamaba.

